El patriarca Hoayek, padre del «Mensaje del Líbano» sobre el pluralismo, será beatificado
En declaraciones a AsiaNews, la hermana Marie-Antoinette Saadé, superiora de la congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia, lo define como artífice «de la vocación histórica del Gran Líbano». La beatificación será «una señal providencial y profética» de un país «plural y libre». El obispo de Batroun: «Una gracia de Dios en un momento en que el Líbano ve amenazadas su identidad y su integridad».
Beirut (AsiaNews) - La Iglesia maronita y el País de los Cedros viven estos días de celebración. El patriarca Elias Hoayek (1843-1931), a quien muchos libaneses consideran «el padre del Gran Líbano» (1920), podría ser beatificado próximamente: el pasado 22 de mayo, de hecho, el papa León XIV autorizó la promulgación de un decreto que reconoce un milagro atribuido a su intercesión. Este milagro se remonta a 1965 y se refiere a la curación de Nayef Abou Assi, oficial del ejército y miembro de la comunidad drusa, que padecía una enfermedad crónica de la columna vertebral (espondilolisis bilateral crónica). El oficial se despertó un día en perfecto estado de salud tras haber visto al patriarca en un sueño.
Nacido en Helta, un pueblo de la diócesis de Batroun (al norte de Beirut), el patriarca Hoayek era hijo de un sacerdote. Desde pequeño se distinguió por el equilibrio de su carácter y su vivaz inteligencia. Tras sus estudios en el «pequeño seminario» de San Juan Maronita, en Kfarhay, ingresó en el seminario de Ghazir, dirigido por los padres jesuitas. En 1866 fue enviado a Roma para estudiar teología en el Pontificio Colegio Urbano de Propaganda Fide, siendo ordenado sacerdote el 5 de junio de 1870, con motivo de la apertura del Concilio Vaticano I.
De regreso al Líbano, fue nombrado profesor de teología en el «pequeño seminario» de Kfarhay y secretario del patriarca Paul Massaad. En 1889 fue ordenado obispo vicario patriarcal y encargado de misiones delicadas e importantes ante la Santa Sede y Francia, entre ellas la de la reapertura del Colegio maronita de Roma. Entre las etapas fundamentales de su carrera eclesiástica figuran la fundación, el 15 de agosto de 1895, de la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia y su elección, el 6 de enero de 1899, como patriarca. Como jefe de la Iglesia maronita, puso el acento en la formación del clero y en la acogida de los pobres, y se esforzó por mejorar la formación de los sacerdotes para que se convirtieran en formadores y catequistas de su pueblo.
Durante la Primera Guerra Mundial, el primado se hizo extremadamente popular al abrir las puertas de los conventos y monasterios e hipotecar las tierras del patriarcado para alimentar a quienes estaban agotados por el conflicto y amenazados por el hambre, independientemente de su confesión religiosa. En 1919, tras el desmantelamiento del Imperio Otomano por parte de los Aliados, logró obtener en el Congreso de Versalles de 1919 la «declaración del Estado del Gran Líbano». Se trata de un Estado plural, multiconfesional y democrático que privilegia la pertenencia al Líbano, respetando la diversidad de sus componentes confesionales, lo que le valió finalmente el apelativo de «Padre del Gran Líbano». Su cuerpo descansa en Ibrine (Batroun), en el cementerio de la casa madre de la congregación que él mismo fundó. Por último, la ceremonia de beatificación se celebrará en la sede patriarcal de Bkerké, o en Ibrine, en una fecha que se anunciará más adelante.
Él es «el Líbano-mensaje»
En respuesta a AsiaNews ante la noticia de la autorización para la beatificación, en un momento en el que, debido a desacuerdos, surgen dudas en la opinión pública sobre la viabilidad de la creación de un Estado pluralista, la hermana Marie-Antoinette Saadé, superiora de la congregación de las hermanas maronitas de la Sagrada Familia —orden religiosa fundada por él— ha visto en ello «una señal providencial, profética».
«Es una alegría inmensa para nosotros», declaró la religiosa, «ante todo porque el nuevo beato es el fundador de nuestra congregación, pero también porque él es el Líbano-mensaje. Es el padre de la vocación histórica del Gran Líbano, que el papa Juan Pablo II presentó como “modelo de pluralismo y libertad para Oriente y Occidente”. Su beatificación —añade— es un signo providencial y profético que nos llama a creer de nuevo en un Líbano plural y libre, en una nación hoy fragmentada y cuya integridad territorial se ve amenazada».
«¡Consideramos este anuncio como una gracia de Dios y un signo de los tiempos, en un momento en que el Líbano ve amenazadas su identidad y su integridad!», afirmó a AsiaNews monseñor Mounir Khairallah, obispo de la diócesis de Batroun, al comentar la noticia. «Es un mensaje —prosiguió el prelado— de esperanza para el Líbano, ¡un país-mensaje!». «Independientemente del papel nacional que haya desempeñado, el patriarca Hoayeck ha sido un gran reformador», añadió una personalidad eclesiástica maronita, que pidió permanecer en el anonimato. «Restableció el orden tanto en las diócesis como, gracias a la comprensión del abad Ignace Tannouri, en los conventos. Quienes hoy cuestionan la creación del Gran Líbano —concluye la fuente— no pueden juzgar un período pasado con los criterios de hoy. Con el Gran Líbano, los maronitas recibieron una promesa que no supieron y que, por desgracia, aún no saben gestionar».
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