El sur de Líbano, donde, entre ambigüedades y mentiras, sigue muriendo gente
En un ataque con drones israelíes murió ayer la directora de una escuela pública en Nabatiye Fawqa. La población local vive una situación precaria, atrapada entre Netanyahu y Hezbolá. Las aldeas cristianas responden al primer ministro israelí: "Decir que queremos la anexión tergiversa nuestra postura". UNICEF: desde el 2 de marzo cada día mueren o quedan mutilados al menos 12 niños.
Beirut (AsiaNews) - A pesar de la reducción de los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá, cuya intensidad parece haber disminuido después del acuerdo que se firmó en Washington el pasado 26 de junio, persiste entre las partes un clima de tensión que muchos observadores califican de “insalubre”. A la espera de que la tregua se concrete y de que la diplomacia tome las riendas, y mientras el ejército libanés se prepara para asumir el control de las “zonas piloto” bajo la supervisión estadounidense, sobre el terreno se siguen viviendo dramas atroces y la gente continúa muriendo. Prueba de ello es lo que sucedió ayer, cuando un ataque con drones lanzado por Israel alcanzó un automóvil procedente de la localidad de Nabatiye Fawqa y mató a cuatro personas, entre ellas la directora de una escuela pública.
Con el argumento de la amenaza a la “seguridad de Israel”, el ataque provocó la muerte de Esperanza Ghandour, musulmana sunita y directora de la escuela pública Youssef Chamoun, en Nabatiye Fawqa, que tiene 222 alumnos. Junto con ella murieron su madre, una empleada extranjera de la escuela y un trabajador sirio. El grupo había viajado a la región para inspeccionar la vivienda familiar, que se encuentra en un área afectada por los combates entre el movimiento chiita libanés proiraní y el ejército israelí.
La muerte de la directora de una institución educativa resulta aún más impactante en esta fase, tras la denuncia que hizo Unicef hace pocos días, según la cual cerca de 100 mil niños podrían quedar sin escuela el próximo año en el Líbano debido a los daños que han sufrido los edificios escolares. Fuentes locales informaron que la directora había escrito en su teléfono móvil: “No hay que apegarse a nada en esta vida, a nada más que a Dios”. Palabras que quedaron grabadas en la pantalla después de haber constatado que la casa familiar había quedado completamente destruida. Los habitantes de la zona explican que la víctima había “asumido riesgos” al cruzar una barrera colocada por el ejército y “aventurarse” en una “zona gris” con la esperanza de “salir bien librada”. Mientras tanto, el ejército israelí anunció que ha abierto una investigación para “examinar el incidente”.
Una población cansada
Lo cierto es que la población del sur del Líbano está cansada de esta situación ambigua en la que la ha sumido la guerra. Ayer algunas aldeas cristianas rechazaron con indignación las declaraciones —sin duda de naturaleza electoral— que había hecho el día anterior el primer ministro Benjamin Netanyahu. Según el líder israelí, algunas aldeas cristianas en el sur del país habrían “pedido ser anexionadas a Israel”, por temor a Hezbolá. “Algunas aldeas cristianas del Líbano incluso pidieron ser anexionadas a Israel, porque nosotros las protegemos de los fanáticos de Hezbolá que quieren matarlos. Y hacemos lo mismo con los cristianos en todas partes”, declaró Netanyahu en el programa "The Sunday Briefing". Estas declaraciones llegan mientras Israel sigue ocupando cerca de 620 km² en el sur del país, a lo largo de la frontera. Sin embargo, el primer ministro israelí no mencionó a qué aldeas se refería.
Las afirmaciones del primer ministro agravan aún más el clima político en el que viven actualmente los libaneses. “Ninguna aldea del sur ha formulado un pedido de ese tipo”, aseguró ayer a la Agencia Nacional de Información (ANI) Hanna el-Amil, presidente del municipio de Rmeich, la mayor de las aldeas cristianas de la frontera. Los rumores y proclamas israelíes fueron desmentidos en bloque en un comunicado conjunto firmado por 15 aldeas del sur del Líbano (entre ellas la propia Rmeich), que calificaron las declaraciones del primer ministro israelí como “totalmente inventadas, carentes de cualquier fundamento en la realidad”.
“Nos mantenemos fieles al Estado libanés y a su legitimidad, posición de la que jamás nos hemos desviado a pesar de las condiciones extremadamente difíciles impuestas por la guerra”, dice el texto difundido en estas horas. “Rechazamos —prosigue— todo intento de tergiversar nuestras posiciones o de instrumentalizar nuestros sufrimientos al servicio de intereses que nos son ajenos”. En muchas de estas aldeas viven no solo cristianos sino también minorías drusas y sunitas.
Ghenwa Farah, residente de Aïn Ebel, consultada telefónicamente por Suzanne Baaqlini, enviada especial de L’Orient-Le Jour (LOJ), afirmó que las aldeas cristianas fueron “tomadas por sorpresa” por esta declaración. “¿Pedir ayuda y protección a un Estado enemigo? ¡De ninguna manera! Sobre todo cuando en Aïn Ebel tres de nuestros compatriotas murieron mártires en esta guerra”, comentó la mujer. Se refería a los tres hombres que murieron el pasado 12 de marzo en un ataque israelí con drones, mientras instalaban una antena de internet en el tejado de una casa.
Netanyahu y las negociaciones
“No hay duda de que ninguna persona de nuestras aldeas ha pedido protección a los israelíes”, asegura un habitante de la vecina aldea de Debel, que prefiere permanecer en el anonimato. “Estamos aislados del resto del país y sin trabajo desde hace meses. Podemos resistir un año más, después de lo cual —añade el hombre— habrá que encontrar una solución”. “Este es precisamente nuestro drama”, explica a AsiaNews un hombre originario del sur, pero que vive en Beirut: “Como establece el acuerdo firmado en Washington, queremos dos cosas: nuestra tierra y el desarme de Hezbolá. Por desgracia, nuestro único aliado —advierte— para alcanzar este segundo objetivo es al mismo tiempo nuestro enemigo”.
Para Verena el-Amil, abogada del consejo municipal de Rmeich, el primer ministro israelí “intenta mejorar su posición en las negociaciones con el Líbano, mediante una amenaza apenas velada de anexión de territorios”. Y añade: “Probablemente también intentaba convencer a la opinión pública israelí, en período electoral, de que su guerra es ‘justa’ y que está dando resultados”.
El politólogo Sami Nader, por su parte, considera que Netanyahu está enviando mensajes en distintas direcciones, pero principalmente dirigidos a la administración del presidente estadounidense Donald Trump. “El primer ministro israelí —afirma— sabe bien lo sensibles que son la base electoral de Trump y los miembros de su administración —como el vicepresidente JD Vance, procedentes de un entorno de sionistas cristianos— a la cuestión de los cristianos, y en particular de los cristianos de Oriente”. En su opinión, el primer ministro israelí intenta demostrar a la Casa Blanca que “defiende los intereses de este sector de la población libanesa”. Por otra parte, se espera que el primer ministro israelí, cuya relación con Donald Trump se ha deteriorado desde la guerra contra Irán, sea recibido por el presidente de los Estados Unidos esta semana.
Prohibición de acoger a desplazados
Ayer también se supo que algunas aldeas cristianas de la caza [subdivisión administrativa de segundo nivel] de Marjeyoun habían recibido advertencias de los israelíes que les prohíben acoger en sus localidades a los residentes desplazados que regresan. La presidenta del consejo municipal de Qleyaa, Hanna Daher, declaró a los corresponsales de la prensa local que este mensaje podría estar relacionado con el regreso de algunos desplazados a la aldea de Jdeidet Marjeyoun, presuntamente procedentes de las localidades cercanas de Debbine y Blat. Por lo que respecta a Qleyaa, actualmente no hay desplazados en la localidad. “Este tipo de mensajes —añadió Daher— mantiene a los habitantes en un estado permanente de ansiedad y tensión”.
Por su parte, el presidente del consejo municipal de Bourj el-Moulouk, Elie Sleiman, declaró a los periodistas que recibió el mismo mensaje en su propio teléfono móvil, y él mismo también confirmó que no había desplazados en la aldea. El dirigente cristiano precisó luego que el municipio había pedido a Israel, a través de la UNIFIL, la autorización para el regreso de dieciséis familias cristianas a la localidad, pero que la solicitud había sido rechazada.
Entrevistada por AsiaNews, Katia Kahil, corresponsal de Ici-Beyrouth en la región, afirmó que “la población está cansada de la guerra y de las prohibiciones impuestas a los libaneses para reunirse”. “Siempre hemos vivido juntos y nos necesitamos mutuamente —prosigue la cronista— para vivir e intercambiar nuestros bienes. Que esta guerra nos deje por fin en paz y nos permita volver a vivir como siempre lo hemos hecho”, es el sentimiento generalizado que la gente expresa ya públicamente, asegura la periodista, quien añade que, aparentemente, en esta parte del país empieza a recuperarse la vida pública.
Niños muertos o mutilados
Estas muertes inútiles de adultos y niños, que no tienen ningún vínculo con la guerra, quedan reflejadas en un informe de UNICEF según el cual, desde el inicio del conflicto entre Israel y Hezbolá el pasado 2 marzo, han muerto 247 niños y otros 992 resultaron heridos. Son datos terribles que muestran que, en promedio, cada día mueren o quedan mutilados cerca de 12 niños. Según Marcoluigi Corsi, representante de UNICEF en el Líbano, “más de 770 mil niños padecen una profunda angustia debido a la reiterada exposición a la violencia, la pérdida de seres queridos y los desplazamientos”. “Desde hace más de tres meses, —añadió— los niños de Líbano están afrontando pruebas que ningún niño debería tener que soportar jamás”. “Muchos debieron huir de sus hogares varias veces, fueron testigos directos de hechos violentos, perdieron a sus seres queridos y han visto cómo se derrumbaban sus escuelas, sus comunidades y su sensación de seguridad", concluye el experto.
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15/04/2026 16:16

