17/04/2026, 15.37
PAKISTÁN
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Islamabad entre Teherán y Washington: 'Mediación ambiciosa, pero frágil en su interior'

de Alessandra De Poli

Con el primer ministro Shehbaz Sharif en el Golfo y el mariscal de campo Asim Munir moviéndose entre Estados Unidos e Irán, Pakistán intenta ocupar un lugar en el diálogo regional. La analista india Namita Barthwal explica a AsiaNews: "El activismo de Islamabad también refleja debilidades económicas y un peso creciente de los militares en la política exterior del país. Mientras tanto, la India observa los acontecimientos con cautela".

 

Milán (AsiaNews) - Desde hace semanas, Pakistán intenta afirmarse en su rol de mediador en el conflicto entre Irán y Estados Unidos. Esta función, más que reflejar una nueva centralidad estructural de Islamabad, parece más bien el resultado de una combinación de oportunidad y necesidad, según Namita Barthwal, investigadora del Manohar Parrikar Institute for Defence Studies and Analyses (MP-IDSA), uno de los principales centros de análisis estratégico de la India.

En los últimos días, marcados por señales de una posible desescalada, el liderazgo pakistaní se ha movido en varios frentes. El primer ministro, Shehbaz Sharif, se encuentra en una gira de cuatro días por Arabia Saudita, Qatar y Turquía, con el objetivo de consolidar relaciones económicas y apoyo financiero. Paralelamente, el jefe de las fuerzas armadas, el mariscal de campo Asim Munir, viajó a Irán, actuando como canal informal entre Teherán y Washington.

Este activismo diplomático también refleja la necesidad de contener las repercusiones regionales de un conflicto que Pakistán no puede permitirse, ni económica ni políticamente, explicó Barthwal a AsiaNews.

Respecto a la actual labor diplomática de Pakistán entre Irán y Estados Unidos, algunos observadores consideran esta “diplomacia de lanzadera” como una forma de oportunismo estratégico. ¿Cómo evalúa la sostenibilidad de este equilibrio? ¿Islamabad es realmente un mediador creíble?

El esfuerzo de mediación de Pakistán parece más táctico que sostenible a nivel estructural. Ha ganado visibilidad porque ha alojado conversaciones directas entre Estados Unidos e Irán en Islamabad -aunque estas no tuvieron como resultado cambios significativos- y porque el jefe supremo de las fuerzas armadas, Asim Munir, viajó a Teherán con un mensaje estadounidense. Pakistán puede mantener abiertos los canales, pero no puede desempeñar un papel decisivo para zanjar las diferencias sobre el programa nuclear, el levantamiento de las sanciones o la soberanía sobre el Estrecho de Ormuz.

Este equilibrio también está limitado por las debilidades internas de Pakistán. El país todavía se encuentra bajo un programa de 7.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI), contaba con unos 16.400 millones de dólares en reservas de divisas a finales de marzo, debe reembolsar 3.500 millones a los Emiratos Árabes Unidos este mes, y necesita un depósito adicional de 3.000 millones de dólares de Arabia Saudita, así como una renovación de 5.000 millones para proteger las reservas y cumplir los objetivos del FMI. A esto se suma el aumento de precio del combustible, que ha provocado el cierre de escuelas, medidas de austeridad y tensiones en los mercados relacionadas con el conflicto regional. En este sentido, la diplomacia se convierte también en una herramienta de estabilización interna, para reducir el riesgo de que el conflicto se extienda, preservar la confianza de los inversores y mantener buenas relaciones con los socios del Golfo y occidentales.

Pakistán actúa como facilitador. Tiene acceso a Washington, Riad, Teherán e incluso al Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, Islamabad corre el riesgo de perjudicarse si enfatiza demasiado su papel de mediador, especialmente porque debe mantener el equilibrio entre Irán, Arabia Saudita y Estados Unidos al mismo tiempo que gestiona la inestabilidad en el frente afgano y las tensiones sectarias internas. El liderazgo civil-militar pakistaní está utilizando la visibilidad internacional para proyectar solvencia y autoridad central en un momento en que la política interna se encuentra fuertemente controlada. Eso no significa que la diplomacia sea “falsa”, pero sí fuertemente orientada hacia el interés nacional.

Desde el punto de vista de la India, ¿cómo se percibe esta nueva visibilidad de Pakistán? ¿Y qué implicaciones tiene para los intereses estratégicos de la India, especialmente en Irán?

Desde Delhi, la creciente visibilidad diplomática de Pakistán se observa con cierta inquietud, pero sin alarmismo. La postura oficial de la India parece más prudente que reactiva: preservar la autonomía estratégica, proteger los intereses marítimos y energéticos y evitar entrar en el teatro de la mediación solo por cuestiones de imagen.

La principal preocupación india no es el papel de Pakistán en sí, sino el riesgo de que la crisis amenace los intereses estratégicos de la India en Irán y el Golfo. Delhi no tiene la intención de renunciar a Irán, al que considera fundamental para el acceso a Asia Central y para la ruta del puerto de Chabahar. La India ha intentado tranquilizar a Teherán sobre el hecho de que sus relaciones con Estados Unidos e Israel son esenciales para su propia seguridad nacional, manteniendo al mismo tiempo estables sus relaciones con Irán.

El puerto de Chabahar sigue siendo central para esta estrategia. En mayo de 2024 la India firmó un contrato de diez años para desarrollar y operar el puerto, precisamente para conectarse con Afganistán y Asia Central evitando Pakistán, y Washington concedió una exención de las sanciones de seis meses en octubre de 2025 para permitir su operatividad. Por lo tanto, la inestabilidad actual afecta a Chabahar, sobre todo al aumentar los riesgos relacionados con las sanciones y el transporte, pero eso no elimina su valor estratégico.

La India parece estar reajustando su política “Link West”, de conexión estratégica con Asia Occidental (es decir, Oriente Medio y el Golfo), en una versión más prudente y orientada a la gestión de riesgos, centrándose en lo que es concretamente posible, como la asistencia humanitaria a Irán. Por eso Delhi está preservando Chabahar, manteniendo abiertos los canales con Teherán, dialogando con Washington sobre las exenciones, priorizando la seguridad marítima y diversificando las fuentes de energía en vez de aumentar la dependencia de Irán. Ha reanudado compras limitadas de petróleo y gas iraníes gracias a una exención temporal, pero es improbable que cruce la línea roja estadounidense cuando expiren las exenciones, y se orientará más bien hacia Rusia, Estados Unidos, Australia y otros proveedores. No abandona la política “Link West”, sino que reduce su exposición al riesgo.

¿El fortalecimiento del poder del mariscal de campo Asim Munir está cambiando la política exterior pakistaní?

La consolidación del poder de Munir ha hecho que la política exterior pakistaní sea más centralizada y controlada por los militares. La enmienda constitucional de noviembre de 2025 creó el cargo de Jefe de las Fuerzas Armadas, que ocupa Munir, poniendo la marina y la aviación bajo su mando, además del ejército, y otorgándole inmunidad legal de por vida después de su mandato. Es la formalización de un rol que ya era de hecho muy amplio.

La diplomacia pakistaní ahora depende de un jefe que también controla el aparato militar y gestiona las alianzas de seguridad regionales. Munir ha sido clave en la diplomacia con Irán. El equilibrio entre Irán y Arabia Saudita ahora está gestionado por una cadena de mando militar, lo que garantiza rapidez y coherencia, pero acentúa las contradicciones. Pakistán no puede mostrarse hostil hacia Irán, con quien comparte frontera y delicadas dinámicas sectarias internas, ni puede debilitar sus vínculos con Riad, que le proporciona un apoyo financiero y es su socio en materia de defensa. El ascenso de Munir no ha resuelto esta contradicción: solo ha transferido su gestión de forma más firme a manos de los militares.

¿Cuál es la situación de la oposición interna, en particular del Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI), el partido del ex primer ministro Imran Khan, actualmente en prisión?

El PTI ha sido duramente reprimido. El Estado ha reducido claramente su capacidad organizativa. Tras una amplia represión contra el partido de Khan y las voces disidentes —mediante el recurso a leyes antiterroristas y juicios militares tras las protestas del 9 de mayo de 2023—, en enero de 2026 un tribunal antiterrorista pakistaní condenó en rebeldía a ocho periodistas y comentaristas a cadena perpetua por su apoyo en línea a las protestas en favor de Khan. Esto demuestra que el Estado sigue considerando al ecosistema del PTI una amenaza real.

Al mismo tiempo, a pesar de la dureza de la represión, el PTI no ha sido neutralizado por completo en términos de legitimidad. Las elecciones de 2024 mostraron que los candidatos independientes respaldados por Khan obtuvieron resultados suficientes para alterar el equilibrio interno. El PTI ya no puede competir en igualdad de condiciones, pero todavía conserva una considerable aceptación popular.

¿Cómo evoluciona la estrategia pakistaní respecto de Afganistán y qué papel juega China?

La pausa a lo largo de la Línea Durand parece táctica. Islamabad no ha modificado su postura de que los talibanes afganos no están dispuestos o no son capaces de contener a los milicianos anti pakistaníes, sobre todo al Tehreek-i-Taliban Pakistan (TTP). Sin embargo, el método ha cambiado: tras la escalada de febrero y marzo, Pakistán inició conversaciones mediadas por China en Urumqi, centradas en el alto el fuego, la reapertura de fronteras, el comercio y los viajes, con el compromiso de no agravar el conflicto. El objetivo de la tregua es comprobar si la diplomacia puede producir resultados concretos en materia de seguridad, pero manteniendo siempre la opción coercitiva.

China ha intentado repetidamente que las partes retomen las negociaciones, vinculando el diálogo político con la cooperación antiterrorista y la posible extensión del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) a Afganistán. Esto indica que Pakistán busca reintegrar a Afganistán en un marco regional más regulado y respaldado por Beijing, donde sus preocupaciones sobre la seguridad encuentren mayor apoyo diplomático.

¿China está utilizando a Pakistán como un “proxy diplomático”? ¿Y cuáles son las implicaciones para la India?

Definir a Pakistán como un verdadero “intermediario diplomático” de China es probablemente excesivo. Es más exacto decir que Beijing utiliza a Islamabad como un canal útil. China parece preferir que Pakistán desempeñe la parte más visible de la diplomacia, y permanecer en un segundo plano.

Este enfoque es coherente con los intereses chinos: estabilidad en el Golfo, fundamental para los flujos de gas y petróleo, y protección de sus propios intereses económicos. Por tanto, Beijing tiene todo el interés en apoyar iniciativas de alto el fuego y reducir el riesgo de guerra, pero sin asumir plenamente la carga y los riesgos de un liderazgo directo.

Para la India, en cambio, el refuerzo de la coordinación entre China y Pakistán es problemático por varios motivos. En primer lugar, puede aumentar la relevancia diplomática de Pakistán precisamente cuando la India tiene importantes intereses en Asia Occidental. En segundo lugar, refuerza un modelo regional en el que China utiliza a Pakistán como una herramienta estratégica de bajo costo en la “vecindad extendida” de la India. Por último, si Pakistán obtiene mayor apoyo diplomático de China, apoyo financiero de Arabia Saudita y visibilidad internacional a través de la mediación, la estrategia occidental de la India —incluyendo proyectos como Chabahar y la política “Link West”— se vuelve más compleja de gestionar.

 

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