Lahore. Absuelven a un cristiano con discapacidad visual de una acusación de blasfemia
Nadeem Masih, de 51 años, fue detenido por la policía el 21 de agosto del año pasado, tras reiterados abusos. Había sido reiteradamente acosado en el Model Town Park cuando realizaba su actividad remunerada de pesaje. Ahora recuperó la libertad. La madre: "Mis oraciones fueron escuchadas". Los defensores: "Casos delicados que marcan la vida".
Lahore (AsiaNews) - Esta semana, un tribunal de Lahore absolvió a Nadeem Masih, un cristiano católico no vidente de 51 años, de las acusaciones de blasfemia. Ordenó también su liberación inmediata, lo que ha constituido un alivio para su familia tras meses de procedimientos judiciales bajo las controvertidas leyes pakistaníes sobre la blasfemia.
El Tribunal de Apelaciones de Lahore dictaminó que los cargos contra Masih no se habían probado, y ordenó a las autoridades que lo liberaran de la prisión preventiva. Masih había sido imputado en virtud de la sección 295-C del Código Penal pakistaní, una de las disposiciones jurídicas más delicadas y controvertidas del país, que se refiere a las acusaciones de ultraje al profeta Mahoma y conlleva penas severas, incluida la posibilidad de la condena a muerte.
Para Masih y su familia, el veredicto marcó el final de un capítulo doloroso que comenzó con su arresto en agosto de 2025. Con discapacidad visual desde su nacimiento, Masih pasó su vida superando importantes desafíos. Es originario del distrito de Okara, y se había trasladado a Lahore en busca de trabajo y de un nivel de vida mejor para su madre viuda y su familia. A pesar de la discapacidad, obtenía modestos ingresos operando una balanza en el Model Town Park de Lahore, donde los clientes pagaban una pequeña suma para controlar su peso.
Según su madre, Martha Yousaf, de 80 años, su hijo se convirtió en blanco recurrente de los abusos de otras personas que trabajaban en el parque. Afirmó que Waqas Mazhar, contratista del estacionamiento, y varios de sus colaboradores, maltrataban sistemáticamente a su hijo, a veces quitándole dinero, arrojándole agua e insultándolo verbalmente. Explicó que el acoso se debía al resentimiento por la solidaridad y la ayuda económica que Masih recibía ocasionalmente de los visitantes debido a su discapacidad.
“A veces las personas ayudaban a mi hijo porque era ciego y le costaba ganarse la vida honestamente”, dijo. “Algunos trabajadores del parque tenían celos y le quitaban el dinero o se negaban a tratarlo con justicia”. Afirmó asimismo que varias personas habían pedido dinero prestado a Masih, pero se negaban a devolvérselo a pesar de los reiterados reclamos.
Las tensiones se agravaron el 21 de agosto de 2025. Martha Yousaf contó que Mazhar y otros impidieron que su hijo iniciara su actividad de pesaje en el parque. Cuando Masih protestó por el acoso, los hombres lo habrían obligado a subir a una motocicleta y lo habrían llevado a la estación de policía de Model Town, donde lo acusaron de blasfemia.
La policía abrió posteriormente un procedimiento en su contra en virtud de la sección 295-C y lo puso bajo arresto. La acusación conmocionó a la familia y a los seres queridos de Masih, quienes defendieron su inocencia desde el principio.
“Cuando visité por primera vez a mi hijo en la cárcel, lloró amargamente”, recordó la madre. “Me dijo que había sido golpeado y obligado a confesar algo que nunca había hecho. Como madre, fue desgarrador verlo sufrir de esa manera”. Describió la decisión del tribunal como una respuesta a sus oraciones. “Durante meses recé para que se hiciera justicia. Dios ha escuchado mis oraciones. Mi hijo es inocente y finalmente volverá a casa”.
El abogado defensor Lazar Allah Rakha argumentó durante todo el juicio que el caso había sido fabricado y respondía disputas personales más que a auténticas preocupaciones religiosas. Según Rakha, los denunciantes habían intentado privar a Masih de su medio de subsistencia y, cuando sus intentos fallaron, recurrieron a falsas acusaciones.
El letrado celebró el veredicto y subrayó la necesidad de realizar investigaciones rigurosas en los casos relacionados con la blasfemia. “Estos casos son extremadamente delicados y tienen graves consecuencias que cambian la vida de las personas”, afirmó. “Es fundamental que las investigaciones sean llevadas a cabo con rigor por funcionarios experimentados y que se examinen todas las pruebas disponibles antes de formular una acusación”. Señaló también que los tribunales de rango superior en Pakistán ya han subrayado anteriormente la importancia de seguir procedimientos de investigación adecuados en los casos de blasfemia, a fin de prevenir el uso indebido de la ley y proteger a las personas inocentes de falsas acusaciones.
El caso recibió el apoyo de abogados, defensores de los derechos humanos y líderes de las comunidades cristianas que siguieron de cerca el proceso. El P. Shahzad Arshad, director de la Comisión Católica de Justicia y Paz de la arquidiócesis de Karachi, elogió al equipo legal por sus esfuerzos. “Esta decisión ha traído alivio a una familia que ha soportado enormes sufrimientos”, afirmó. “Agradecemos la dedicación que han demostrado quienes trabajaron con diligencia para defender a un hombre inocente y hacer valer la justicia”.
Para Nadeem Masih y su familia, la sentencia del tribunal es mucho más que una victoria legal. Tras meses de incertidumbre y miedo, ofrece la posibilidad de regresar a una vida normal y de reconstruir lo que ha perdido durante los meses que pasó detenido. Mientras se prepara para reunirse con su familia, las personas que lo apoyan esperan que el caso favorezca la adopción de mayores garantías contra las falsas acusaciones y refuerce el principio de que la justicia debe guiarse por las pruebas, la equidad y el respeto de la dignidad humana.
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