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ARMENIA
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Las elecciones en Armenia, entre Oriente y Occidente

de Vladimir Rozanskij

Las elecciones del 7 de junio en Ereván deberán poner punto final a la convulsa situación política interna, abriendo una nueva etapa orientada hacia Europa o devolviendo al país al control de Rusia, en un intento por evitar la guerra civil entre las diferentes facciones del pueblo armenio. Mientras tanto, el actual primer ministro Pashinyan ha hecho saber que tiene intención de reunirse con Putin inmediatamente después de las elecciones.

 

Ereván (AsiaNews) – Armenia se prepara para acudir a las urnas el domingo 7 de junio con motivo de unas elecciones parlamentarias que se siguen con gran interés no solo dentro de sus fronteras. De hecho, el país se ve atravesado desde hace tiempo por una dura confrontación entre su actual liderazgo, que mira hacia Occidente, y sus opositores, que le critican por la gestión de las negociaciones con Azerbaiyán y, en general, por el enfriamiento de las relaciones históricas con Moscú.

En vísperas de la cita con las urnas, el actual primer ministro armenio, Nikol Pashinyan —favorito en las encuestas—, ha hecho saber que tiene intención de reunirse con Vladimir Putin inmediatamente después de las elecciones, en un encuentro acordado durante una reciente conversación telefónica con motivo del cumpleaños de Pashinyan el 1 de junio, en la que se discutieron «diversas cuestiones pendientes». Anteriormente, el presidente ruso había hecho algunas declaraciones según las cuales, sí Armenia iniciara la integración con la UE, debería rescindir el acuerdo de libre comercio con Rusia, derogar los documentos relativos a las normativas técnicas y las normas fitosanitarias, y renunciar a otros beneficios concedidos al país en virtud de su pertenencia a la Unión Económica Euroasiática (UEE).

Anteriormente, la parte rusa había advertido a Armenia de la posible ruptura del acuerdo sobre el gas de 2013, y la agencia Rosselkhoznadzor había comenzado a limitar el suministro de productos armenios a Rusia. Al mismo tiempo se bloquearon varios artículos de importación armenios a Rusia, como frutas, verduras y bebidas alcohólicas, con el pretexto de la «inadecuación de las normas sanitarias», después de que el propio Putin recordara que «el PIB armenio depende del comercio con Rusia».

Las amenazas de Putin fueron acompañadas de diversas declaraciones de altos cargos de la política moscovita, como las del ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, sobre la «posible evolución de la situación en Armenia como la de Ucrania», donde el conflicto estalló en 2014 precisamente por la voluntad de los ucranianos de firmar acuerdos económicos con la Unión Europea. Ereván ha expresado, de hecho, su voluntad de integrarse en Europa, mientras sigue siendo miembro de la EAE, y esta decisión podría provocar una reacción similar a la que condujo a la invasión de Ucrania en 2022.

La tensión con Rusia refleja la que existe en el seno de la propia Armenia, un país históricamente muy vinculado a Moscú, debido a la defensa frente a las pretensiones turcas tras el genocidio de principios del siglo XX. Todos los líderes de Armenia han dependido siempre en gran medida del Kremlin, mientras que Pašinyan se había opuesto desde su juventud a la clase dirigente de Ereván, acusada de corrupción. En 1999 pasó un año en prisión por negarse a pagar una multa de unos 25 000 dólares, impuesta por las críticas publicadas en el periódico que él mismo fundó, Oragir, contra el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Serž Sargsyan, quien más tarde se convirtió en presidente de la República entre 2008 y 2018, tras haber sido primer ministro.

Convertido en uno de los principales referentes de la oposición, Pašinyan organizó las protestas tras el referéndum impuesto por Sargsyan para renovar una vez más su mandato, llegando finalmente a primer ministro en 2018 con el nuevo partido Acuerdo Civil. En estos ocho años ha intentado, por tanto, emancipar a Armenia de la dependencia rusa, y ha tenido que hacer frente a la crisis del conflicto en Nagorno Karabaj con Azerbaiyán, que se arrastraba desde los primeros años post soviéticos. Tras 44 días de guerra, en los que Rusia no quiso intervenir, favoreciendo de hecho la campaña militar de los azerbaiyanos, en noviembre de 2020 se firmó el armisticio con Bakú, sin llegar nunca a un verdadero acuerdo de paz.

Ahora se ven las cartas sobre la mesa: Pašinyan ha restablecido ya una relación constructiva con Azerbaiyán, desvinculándose por completo de Rusia y aprovechando la mediación de Estados Unidos, que prevé la apertura del «Corredor de la Paz de Trump» como solución definitiva que excluiría de hecho a los rusos de las rutas comerciales del Cáucaso Meridional. Contra el primer ministro se ha posicionado la Iglesia Apostólica Armenia con su katolikos Karekin II, a quien el primer ministro querría destituir por «inmoralidad» y corrupción, y que está representada por el oligarca prorruso Samvel Karapetyan, líder de la oposición al Gobierno. La votación del domingo deberá poner punto y final a la convulsa situación, abriendo una nueva fase de la política armenia orientada hacia Europa o devolviéndola al control de Rusia, en un intento por evitar la guerra civil entre las diferentes facciones del pueblo armenio.

 

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