Los dayak despiden al P. Natalino Beringhieri, el misionario que se convirtió en uno de ellos
El sacerdote italiano de los Oblatos de María Inmaculada falleció a los 83 años en Kalimantan del Norte. Dedicó casi 50 años a las poblaciones locales adoptando incluso el nombre de Wan Abung. Decía: "Mi misión consiste en valorar la historia y los lugares del pueblo al que presto servicio, recogiendo las semillas del Verbo que ya están presentes y proponiendo otras semillas de verdad, para contribuir al crecimiento humano".
Yakarta (AsiaNews) - La comunidad católica de Indonesia despidió hace pocos días a otro gran misionero. Miles de dayak en Kalimantan del Norte se conmovieron hasta las lágrimas al conocer la noticia de la muerte del P. Wan Ibung Natalino Belingheri, misionero italiano de los Oblatos de María Inmaculada, quien falleció en Tarakan el pasado 10 de abril. Los dayak lloran a una figura que se había entrelazado profundamente con sus vidas, su cultura y su camino de fe a lo largo de las décadas.
“El P. Natalino era el último miembro superviviente del primer grupo de siete misioneros italianos OMI que llegaron aquí. Queda el P. Dino Tessari, que llegó después, en los años 80”, comenta el P. Andri Atmok, ex provincial de Indonesia y actual párroco de Tarakan.
Para la comunidad dayak, el P. Natalino —como se le conocía afectuosamente— era un “padre” que no se mantenía a distancia, sino que vivía junto con la gente. Desde el primer momento adoptó una vida sencilla y se integró en las costumbres locales, amando a la comunidad con todo su corazón. Incluso adoptó el nombre dayak “Wan Abung” como parte de su nueva identidad oficial indonesia. También fue uno de los pioneros que sentaron las bases para la creación en 2001 de la diócesis de Tanjung Selor, que hoy es el rostro visible de la Iglesia católica en Kalimantan del Norte.
“Para mí —decía—, la misión se lleva a cabo estando con la gente, entrando en contacto con sus costumbres, su manera de pensar la vida y el mundo. La misión es el anuncio de la buena noticia a partir del esfuerzo del misionero por inculturarse, por valorar la historia y los lugares del pueblo al que sirve, identificando las semillas del Verbo que ya están presentes y proponiendo otras semillas de verdad para contribuir al crecimiento humano y religioso de la gente en la lógica evangélica. Esto lo percibo precisamente cuando estoy en contacto con mi gente: me gusta charlar con los ancianos de la aldea, captar su sabiduría y luego descubrir que esta es la base para acoger la del Evangelio, que nada quita a la riqueza original, sino que ayuda a las personas a crecer en la verdad”.
De Laos al interior de Kalimantan
El camino misionero del P. Natalino comenzó lejos de Indonesia. Nacido en Italia el 5 de agosto de 1943, desde muy joven mostró un fuerte espíritu misionero, que finalmente lo llevó a unirse a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Fue ordenado sacerdote el 29 de marzo de 1969 y enviado ese mismo año a Laos, donde estuvo seis años (1969-1975) en un contexto difícil, antes de verse obligado por las circunstancias políticas a abandonar el país.
Poco después, junto con otros seis hermanos sacerdotes italianos OMI —Giuseppe Rebussi, Pietro Maria Bonometti, Mario Bertolli, Antonio Bocchi, Angelo Albini y Pancratio di Grazia— fue destinado a Indonesia. Llegaron el 27 de abril de 1977 a lo que entonces era la región norte de la arquidiócesis de Samarinda, en la provincia de Kalimantan Oriental, que en aquel momento contaba con una infraestructura pastoral muy limitada. Gracias a la dedicación de estos misioneros, una región que inicialmente solo tenía una parroquia en Tarakan se convirtió gradualmente en una comunidad eclesial vibrante y en crecimiento.
El P. Natalino pasó casi 50 años de su vida en Kalimantan del Norte. Prestó servicio en muchos lugares diferentes, como Tering, Mara Satu, Malinau y la isla de Sapi, a los que no consideraba simplemente lugares de misión, sino su hogar. Hablaba con fluidez el indonesio y las lenguas locales dayak punan. Incluso sabía bailar la danza Sapek Tunggal, una notable muestra de cercanía cultural muy poco común en misioneros extranjeros.
Uno de sus legados más duraderos es la creación del dormitorio Apo Deno en la isla de Sapi. A través de esta iniciativa, no solo nutrió la fe, sino que también forjó el futuro de los jóvenes. Muchos de sus antiguos alumnos han llevado después vidas exitosas, frutos tangibles de su dedicación.
Terminó su peregrinación en tierra de misión
Incluso después de retirarse del ministerio activo, el P. Natalino decidió quedarse en Tarakan. Aunque ya no estaba plenamente en las tareas pastorales, siguió visitando zonas remotas, lugares donde antes había prestado servicio y que amaba profundamente.
El 29 de marzo había celebrado el 58º aniversario de su ordenación sacerdotal de forma sencilla en un hospital, ya que su salud había empezado a deteriorarse. Poco después, el 10 de abril de 2026, regresó serenamente al Señor. Su funeral se celebró en la parroquia de Santa María Inmaculada de Tarakan, presidido por el obispo de Tanjung Selor, monseñor Paulinus Yan Olla.
Fieles procedentes de distintas regiones —Mara Satu, Malinau y la isla de Sapi— acudieron a rendirle homenaje. Danzas tradicionales, lamentos dayak punan y rituales culturales acompañaron su despedida, en una manifestación de profundo amor.
Llegó como un extraño, pero ha vuelto a Dios como miembro de la gran familia dayak. Y en la tierra de Kalimantan del Norte, su nombre seguirá viviendo en la oración, en la memoria y en una fe que sigue floreciendo.
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