12/04/2026, 15.27
VATICANO
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El Papa: «Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz»

León XIV, en el Regina Caeli, recuerda el «principio de humanidad» para «proteger a la población civil» de la guerra. Se recuerda a los pueblos de Ucrania, Líbano y Sudán. Ayer, en la vigilia en San Pedro, el llamamiento a los responsables: «Siéntense a las mesas del diálogo, no a las mesas donde se planea el rearme». La oración como «respuesta disruptiva a la muerte». 

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Mientras se tambalean las primeras negociaciones en Islamabad entre Estados Unidos e Irán, este fin de semana la invocación de la paz impregna las palabras de León XIV. Ayer, en la vigilia de oración celebrada en la Basílica de San Pedro, y hoy, en las palabras que siguieron a la recitación del Regina Caeli. Se ha recordado el «principio de humanidad» presente en la conciencia de «toda persona» y «reconocido en las leyes internacionales»; este «implica la obligación moral de proteger a la población civil de los atroces efectos de la guerra». 

El llamamiento de Prevost se eleva ante una plaza de San Pedro abarrotada, colorida y festiva. El llamamiento dirigido a las partes implicadas en los conflictos es lapidario: «Cesar el fuego y […] buscar con urgencia una solución pacífica». En el día de Pascua para muchas Iglesias orientales, según el calendario juliano. A esas comunidades, el pontífice dirige «un cordial deseo de paz en comunión de fe en el Señor Resucitado». Mañana el Papa partirá hacia África para un viaje apostólico de diez días por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Desde la ventana del Palacio Apostólico Vaticano pide «por favor» que lo acompañen con sus oraciones.

León XIV recuerda a «todos los que sufren a causa de la guerra». En particular, al «querido pueblo ucraniano». «Que la luz de Cristo lleve consuelo a los corazones afligidos y fortalezca la esperanza de paz —añade—. Que no decaiga la atención de la comunidad internacional hacia el drama de esta guerra». Y al «querido pueblo libanés» expresa su cercanía «en estos días de dolor, de miedo y de esperanza inquebrantable en Dios». Recuerda también al pueblo sudanés, «víctima inocente» del «drama inhumano» del sangriento conflicto que el miércoles entra en su tercer año. «Renuevo mi sincero llamamiento a las partes beligerantes para que silencien las armas e inicien, sin condiciones previas, un diálogo sincero destinado a poner fin lo antes posible a esta guerra fratricida», dice el pontífice.

«La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta». Ayer por la tarde, León XIV afirmó desde la Basílica de San Pedro que basta «una pizca de fe» para afrontar «como humanidad y con humanidad» la actual «hora dramática de la historia». Así, la oración —instrumento en manos de las personas de fe— es «la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte». El Papa presidió la vigilia y el rezo del Santo Rosario, junto a miles de fieles. Recordando las advertencias de sus predecesores Juan Pablo II y Pablo VI: «¡Nunca más la guerra!».

La oración —recordó Prevost— «educa para actuar». Mientras que «los equilibrios en la familia humana están gravemente desestabilizados». «¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida», afirmó. El llamamiento compartido por el Papa es el de unir «las energías morales y espirituales» de gran parte de la humanidad que cree en la paz. Al Papa le llegan cartas de niños y niñas de zonas en conflicto, de las que se desprende «todo el horror y la inhumanidad de acciones de las que algunos adultos se jactan con orgullo». 

«¡Es el tiempo de la paz! ¡Siéntense a las mesas del diálogo y la mediación, no a las mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte!». El Papa se dirigió precisamente a los adultos responsables de las guerras. Recordando que hay «una inmensa multitud que repudia la guerra, con hechos, no solo con palabras». «Volvamos a creer en el amor, en la moderación, en la buena política. Formémonos y comprometámonos en primera persona, cada uno respondiendo a su propia vocación. ¡Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz!», afirmó León XIV en su discurso.

Para concluir, el Papa renovó su invitación a la comunidad eclesial a «rezar siempre», como «pueblo al servicio de la reconciliación y de la paz». Incluso «cuando el rechazo de la lógica bélica pueda costarle incomprensión y desprecio». La Iglesia «anuncia el Evangelio de la paz y educa a obedecer a Dios antes que a los hombres», recordó. En una época en la que la dignidad de muchos hombres y mujeres se ve «puesta en peligro por las continuas violaciones del derecho internacional», añadió. 

Antes de la recitación del Regina Caeli, León XIV comenta el Evangelio del día (Jn 20,19-31), sobre la dificultad de Tomás para creer ante Jesús resucitado. «La fe necesita ser alimentada y sostenida», dice. Por eso «la Eucaristía dominical es indispensable para la vida cristiana». Prevost recuerda la historia de los Mártires de Abiten, de la Iglesia africana de los primeros siglos. La suya es un «testimonio hermoso», significativo en el contexto del viaje apostólico a África de los próximos días. «Ante la oferta de salvar la vida a cambio de renunciar a celebrar la Eucaristía, respondieron que no podían vivir sin celebrar el día del Señor. Es ahí donde se nutre y crece nuestra fe», dice el papa León XIV.

 

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