27/06/2017, 15.16
LIBANO - PORTUGAL
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Líbano: la Iglesia consagra el país y el Oriente Medio a la Virgen de Fátima

de Fady Noun

El largo programa de oración por la paz. El viaje no es para los "débiles de corazón" que se contentan con la "salvación en liquidación". Sin la conversión del corazón, con la peregrinación no alcanza. Penitencia y misericordia van de la mano. Siempre debemos estar preparados para responder a los pedidos de la Virgen.

 

Fátima (AsiaNews) - Detengo a Sor Gloria Maalouf en el pasillo de la Casa do Nostra Señora do Carmo (Casa de la Virgen del Carmen), un hotel cercano del Santuario de Fátima. Ella pertenece a la congregación de las Siervas del Inmaculado Corazón de María. Nunca se sabrá cómo una chica de Zghorta termina en Portugal, pero su ayuda parece inestimable para los organizadores. Rápidamente, el programa me recuerda a una vigilia de oración del sábado, la primera parte de este "Día del Líbano en Fátima", organizada con motivo del centenario de las apariciones: el rosario, la vigilia y la exposición del Santísimo Sacramento y un momento de adoración ... hasta las 3 am. "¡Si no es así, la paz no llegará!" exclama ella, dándome la espalda para ir a la Capilla de las Apariciones, donde comenzará la vigilia.

Sin palabras, reflexiono. "Hasta las tres de la mañana, aunque yo acababa de pasar una noche sin dormir... ¡Si no, la paz no vendrá!" Esta declaración es extrema, pero probablemente tiene razón. "¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!", gritó el ángel de la aparición, en 1917, señalando al mundo en forma de globo y, si uno cree en  el Tercer Secreto, va trazando con las figuras el atentado contra el Papa (13 de mayo 1981).

Incluso la Virgen fue llevada al extremo. "Sólo los violentos asaltan el Reino", dice en algún lugar el Evangelio. A los débiles de corazón sean las insípidas tisanas consoladoras... si llegamos a Fátima con esas horas de vuelo imposibles, no es para hacer de niños mimados a los que se les da una cuchara sobre la cual ya se ha soplado. La tibieza, las medias tintas, la suavidad, la clase media de la santidad, la salvación en liquidación...

La Segunda Guerra Mundial, el horror del comunismo, anunciados en 1917 por María, "si la hubiésemos escuchado", fueron tanto más "extremas". Si es en función de estos castigos que debemos medir la gravedad de la culpa, ésta debía ser inmensa: según Soljenitsyn, en la Unión Soviética 66 millones muertos padecieron los gulags. Tal como sucedió en la guerra desatada por la ideología nazi, que incluso había planeado la eliminación de una raza... "El nazismo es un humanismo" se atrevió a decir el profesor de filosofía citado por el filósofo Martin Steffens (Rien que l'amour, Salvator editor). Sigue siendo una afirmación "extrema" que la Virgen María debe apreciar. Todos los humanismos ateos llevan al terror; justamente de esto se trataba, cuando Adolph Hitler y Joseph Stalin coronaron, cada uno en su rol, el siglo de la utopía de la Razón, en medio de piras de almas que viven entregados al Moloch de la megalomanía del hombre sin Dios, multitudes embriagadas por el grito de poder de Nietzsche.

 

No hay peregrinación sin conversión

Mons. Paul Rouhana, obispo maronita de Sarba, llegado a Fátima junto al patriarca maronita Bechara Rai para renovar el acto de consagración del Líbano, es también extremo, aunque a su manera. "Podemos ir a Fátima, Lourdes o a Harissa por razones egoístas - dijo mientras entraba a la basílica de la Trinidad, donde se celebró la misa - Si vamos a los templos para nuestra satisfacción personal, para recibir gracias de consuelo, es ya algo, pero es insuficiente. Para ser realmente aceptada, la visita debe ir acompañada de una conversión del corazón al amor de Dios y al prójimo. El amor del que habla san Pablo en las cartas a los Corintios. Es el corazón de las relaciones entre los seres humanos. Se trata de un programa de conversión completo, de paciencia, de perdón, de auto-gobierno de sí. Es lo opuesto a la dureza de corazón. Es necesario enlazar la fe popular a las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, para que ésta dé frutos".

Este es el desafío frente al cual se han encontrado miles de fieles que vinieron del Líbano y de todos los países de emigración, para responder al pedido de la Comisión para la consagración del Líbano. Por supuesto, la gracia no falta en una peregrinación hecha posible gracias a un trabajo de organización solicita dirigida por una mujer excepcional, Suzie Hage.

El patriarca lo confirmó en la mañana del domingo cuando, al ser entrevistado por un periodista portugués en la sobria Casa do Carmo, donde reside, observó: “Vean cómo ayer, luego del Rosario y durante la procesión de candelas, cuando llegamos agotados al lugar, ¡nos olvidamos de nuestro cansancio!”. “Fue necesario luchar para obtener que algún que otro ‘Ave’ fuese pronunciado en árabe y armenio, y, de la misma manera, la liturgia maronita, y las iglesias orientales en general, resultan ser algo nuevo en Fátima”, comentó Maryse Slaiby, estrechamente vinculada a los preparativos del evento. George Assadourian, vicario patriarcal de los católicos armenios, participó en el viaje, al igual que el patriarca de los católicos Younan, junto a unos treinta sacerdotes. ¡Pero valió la pena el esfuerzo! El sábado por la noche, los corazones estaban hinchados de esperanza. Los peregrinos extranjeros que participaron en esta vigilia de oración al aire libre, han quedado encantados por los cantos orientales. La vigilia de candelas fue mágica, al igual que los cantos polifónicos –en particular, un Salve Regina preparado por el tenor Gaby Farah, una revelación de esta peregrinación.  

 

Coronación

La coronación de la Jornada del Líbano en Fátima, o mejor dicho la misa de consagración, se llevó a cabo el domingo en la gran basílica de la Santísima Trinidad, para honrar la oración que fuera enseñada por el Ángel de la Paz a los tres niños de Fátima: “Santísima Trinidad,  Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Tabernáculos del mundo […]”.  

Durante su homilía, el patriarca Rai pidió la intercesión de la Virgen “por la paz en la región y la estabilidad del Líbano”. “Que nuestro país pueda proseguir su misión y continuar siendo un modelo de convivencia entre culturas y religiones diversas, en particular entre cristianos y musulmanes […], y que se mantenga lejos de cualquier intento de excluir o de mantener el poder […] Esta es una de las primeras exigencias de la globalización, vista positivamente”.

A pesar de que era la primera vez que la liturgia maronita resonaba en la basílica, durante el rito se rezó menos que en la vigilia de la noche anterior. Ha de ser dicho que la contemplación se tornaba menos fácil es esa sala inmensa de madera clara y bien iluminada, sobre aquellas gradas dispuestas de manera anónima, que bajo la bóveda del cielo estrellado. Además, entre la multitud de fieles, se expresaban sensibilidades religiosas distintas, En particular, había una notables presencia de fieles pertenecientes a una corriente tradicionalista, de los cuales muchos portaban una túnica compuesta por dos velos unidos a la altura del cuello, sobre su vestimenta, en cuyo dorso estaba impreso el rostro de Santa Verónica Juliani. Ella fue una mística del siglo XVII, famosa por sus visiones del infierno.  

Por cierto que el rito se llevó a cabo a la perfección: la procesión de las ofrendas, las intenciones bien pronunciadas, la antorcha ofrecida al santuario por el escultor Raffi Yedalian, la liturgia animada de manera admirable por el coro formado justamente por iniciativa de Gaby Farah. Y sin embargo, faltó la oración de meditación de la vigilia, y la multitud se dispersó, sin fraternizar, después de la oración de consagración, que fue leída en voz alta.  

 

Gracia y Misericordia

¿Fue dirigido a esta corriente tradicionalista lo dicho por el patriarca el sábado a la noche, cuando recordó que “el mensaje de Fátima es un mensaje de paz que termina con dos palabras: Gracia y Misericordia”?  Eso es muy probable, cuando se conoce el carisma del patriarca, que hace malabares con los que le son contarios, para velar por toda la grey y no perder a nadie en el camino. Debemos esta célebre máxima al Papa Benedicto XVI:  “No hay santos sin pasado, ni pecadores sin futuro”. Penitencia y misericordia van de la mano. Ciertamente, el hombre no exige demasiado de sí mismo, y la Madre de Dios no habla a la ligera. Ella veía hacia dónde se dirigía la historia. Sí, es necesario creer que los sufrimientos del siglo XX podrían haberse evitado, de haberla escuchado. La historia es maleable y responde de una manera misteriosa a las actitudes internas de conversión. Cuando hay una aparición de Nuestra Señora y ella nos pide algo, es necesario estas dispuestos a responder. Ésta es la gran lección que puede extraerse de las apariciones de Fátima, después de todas las demás.

Pero San Pablo dice que el amor “todo lo cree” y triunfa sobre los obstáculos. La historia es abierta, y el patriarca lo ha recordado: el mensaje de Fátima no es sólo un llamado a la penitencia, sino también a la esperanza. No es solamente un juicio, sino una promesa. “¡Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará!”, dijo Aquella cuya boca no ha pronunciado sino la verdad. No sabemos cómo habrá de ocurrir, pero es lo que ocurrirá. 

 

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