16/03/2026, 12.24
MYANMAR
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Myanmar, 160 años de misión de las Hermanas del Buen Pastor entre los pobres y los desplazados

de Santosh Digal

Llegaron a Birmania en 1865, con una presencia constante al servicio de las personas vulnerables. Activas en nueve comunidades, ofrecen educación, asistencia sanitaria y apoyo a las mujeres víctimas de la violencia, la trata y la pobreza, en un país marcado por la inestabilidad política y la guerra. Cardenal Charles Maung Bo: «Testimonio de amor que no conoce límites».

Yangón (AsiaNews) - Desde hace 160 años, las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor trabajan en Myanmar al servicio de las personas pobres y necesitadas, con dedicación y compasión. Desde 1865, su misión —que abarca la educación, la asistencia sanitaria, la labor misionera, los servicios sociales y la pastoral— es un testimonio vivo y fecundo del Evangelio.

Hoy en día, más de 50 hermanas trabajan en nueve comunidades presentes en el estado de Kachin, el estado de Shan Oriental, el estado de Kayah, la división de Mandalay, la división de Bago y la división de Yangón. Las hermanas ofrecen a las jóvenes educación y formación profesional. Trabajan en el sector sanitario y ayudan a los niños seropositivos y a los hijos de padres afectados por el VIH o adictos a las drogas. Además, dedicadas también a la protección de la infancia, se ocupan de la prevención de la violencia de género.

Atienden a mujeres en riesgo de trata de personas y a niños de la calle. Participan activamente en la pastoral penitenciaria, en la asistencia social y en programas de defensa centrados en los derechos humanos y la dignidad, la igualdad de género, las cuestiones provida, la sostenibilidad medioambiental, la justicia y la paz. En Myanmar promueven el diálogo interreligioso, especialmente con los budistas, que son mayoría en el país, para fomentar el entendimiento y la cooperación en cuestiones sociales que afectan a las poblaciones y comunidades vulnerables.

Uno de sus centros se encuentra en Myit Nge, en el centro de Myanmar, donde las hermanas atienden a unos 40 niños y niñas procedentes de zonas de conflicto. Allí trabajan cuatro profesores remunerados y dos religiosas. El centro, conocido como «Kalay Saunt Shout Yae Gayhar» (espacio a medida del niño), se fundó en 2021 para atender a los estudiantes afectados por la pandemia de COVID-19 y por el conflicto político que siguió al golpe de Estado militar de 2021.

Debido a estas situaciones, la educación de muchos jóvenes se ha visto afectada. Las hermanas les ayudan a continuar su formación y a construir su futuro en medio de numerosos retos. La Hna. Amy Martina, directora del centro, explicó que los padres de los niños son pobres y se ven profundamente afectados por la trágica situación actual del país.

Por su parte, en Loikaw, zona actualmente afectada por el conflicto en Myanmar, las Hermanas del Buen Pastor atienden a personas desplazadas procedentes de diversas aldeas, que han huido a causa de la violencia en curso. Las familias de Loikaw viven en alojamientos improvisados debido a la inestabilidad que se arrastra desde hace tiempo, informa la Hna. Florence, que trabaja en un refugio para mujeres y niñas víctimas de violencia doméstica.

La población de Loikaw vive en condiciones precarias, sin asistencia sanitaria de emergencia ni posibilidades de subsistencia, mientras que los combates entre la Fuerza de Defensa Popular (PDF) y el ejército nacional continúan con tiroteos y bombardeos prolongados en los alrededores de la ciudad. También en la zona de Daw U Khu las hermanas ayudan a las familias desplazadas en los monasterios budistas.

En Mandalay, antigua capital real de Myanmar, las hermanas dirigen el «Rose Virginie Empowerment Center for Young Women», donde ofrecen a las mujeres cursos de formación profesional para garantizarles un sustento y un futuro. El centro está pensado para ayudar a las mujeres víctimas de abusos o de la trata de personas. El objetivo del centro es ayudar a las mujeres a ganarse la vida y a llevar una vida digna, afirmó la hermana Chaw Su Aung, coordinadora.

El centro ofrece cursos de contabilidad, informática y cocina. Se enseña gestión del tiempo y autocontrol, así como concienciación sobre temas como la trata de personas, los derechos de las mujeres y la explotación. Tras completar el curso, las mujeres y las jóvenes son contratadas en entornos seguros y adecuados. Hay unas 50 mujeres de confesión católica, bautista, budista y musulmana, procedentes de zonas devastadas por los conflictos como el estado de Kachin y otros bastiones étnicos, entre ellos los estados de Kayah, Chin y Karen.

Las Hermanas del Buen Pastor en Myanmar celebraron 160 años de presencia el 12 de marzo de 2026. El cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangón, ofició la misa de acción de gracias. En la homilía, el cardenal dio gracias a Dios y a las hermanas por su servicio al país, en medio de difíciles desafíos. «Su trayectoria es testimonio de un amor que no conoce límites y de una misión que sigue prosperando», dijo. «Que el espíritu del Buen Pastor siga guiando sus pasos durante muchos años más».

«El día de hoy marca un hito fundamental para la comunidad católica y el pueblo de Myanmar. Nos hemos reunido en oración y alegría para la Santa Misa de acción de gracias, celebrando el 160.º aniversario de la llegada de las Hermanas del Buen Pastor a nuestro querido país», dijo la Hna. Rebecca Kay Thi Oo, responsable de la Unidad del Buen Pastor de Asia Oriental, que comprende, además de Myanmar, Tailandia, Camboya y Vietnam.

La responsable expresó además su agradecimiento a las pioneras y a las hermanas que les sucedieron, que sirvieron valientemente a las personas con amor y dedicación. «Estos 160 años son un punto de referencia para que todas renovemos nuestro compromiso con Dios, mientras continuamos nuestra misión de justicia, misericordia, respeto, dignidad humana y reconciliación para crear una sociedad mejor», afirmó la Hna. Rebecca Kay Thi Oo. 

Desde que las Hermanas del Buen Pastor pisaron por primera vez Myanmar en 1866, han sido un símbolo de esperanza, compasión y servicio incondicional. Durante 16 décadas han caminado al lado de las personas marginadas, ofreciendo emancipación a mujeres y niñas, educación de calidad, desarrollo integral a los jóvenes, consuelo y protección a los vulnerables, como un referente espiritual arraigado en el corazón del Buen Pastor.

En 1835, en Angers, Francia, Santa María de Santa Eufrasia Pelletier (1796-1868) fundó la Congregación, aprobada ese mismo año por el papa Gregorio XVI. Fue el obispo Paul Ambrose Bigandet, primer vicario apostólico en la Baja Birmania, quien pidió a las hermanas que se trasladaran allí. Tras su llegada en 1866, tuvieron que hacer frente a enormes desafíos planteados por numerosas tribus étnicas y otras poblaciones: pobreza, guerras civiles entre grupos étnicos, analfabetismo y corrupción, además de desastres naturales como sequías e inundaciones. Además, el país carecía de técnicas agrícolas avanzadas y disponía de sistemas de comunicación y transporte inadecuados.

En la década de 1960, el país adoptó el socialismo birmano y una campaña de nacionalización, lo que dio paso a una tendencia antioccidental, que incluía la xenofobia, y reprimió a los misioneros y misioneras. Estas medidas afectaron gravemente a la economía del país y agravaron la pobreza. En 1973, algunas Hermanas del Buen Pastor regresaron al país para reanudar la misión, impartiendo catequesis y enseñando inglés en los seminarios. Desde entonces, han continuado su labor pastoral en diversas diócesis, hasta nuestros días.

 

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