25/03/2026, 12.59
MYANMAR
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Myanmar sin combustible para la población civil, pero sí para los bombardeos: 17 muertos en un monasterio

de Gregory

La junta militar birmana ha impuesto nuevas restricciones a la distribución de gasolina y petróleo, mientras que en Sagaing ha sido bombardeado un complejo que albergaba a más de cien desplazados. Algunos activistas han documentado cómo se destinan millones de litros de combustible a la aviación militar, a pesar de la crisis que está paralizando el país.

Yangón (AsiaNews) – En Myanmar, la junta militar ha impuesto nuevas restricciones sobre el combustible destinado a la población debido a la guerra en Oriente Medio, pero ha proseguido sin descanso con la campaña de bombardeos contra objetivos civiles, desviando el escaso combustible que quedaba hacia sus aviones.

Al menos 17 civiles han muerto en un ataque aéreo contra un monasterio budista en la región septentrional de Sagaing. El bombardeo, ocurrido el 20 de marzo en el municipio de Katha, alcanzó un complejo que albergaba a más de cien desplazados internos que huían de los combates. Según fuentes locales, entre las víctimas se encuentran también los monjes que habían abierto el monasterio como refugio, mientras que unas 20 personas resultaron gravemente heridas.

En el momento del ataque —según informaron residentes y fuentes vinculadas a los grupos de resistencia— no se estaban produciendo combates sobre el terreno. Los desplazados presentes en el monasterio eran familias que habían abandonado sus aldeas en diciembre del año pasado debido a los enfrentamientos cada vez más violentos entre las fuerzas del régimen, lideradas por el general Min Aung Hlaing, y los grupos armados locales que componen la resistencia.

Inmediatamente después del ataque, las autoridades cortaron las comunicaciones telefónicas y suspendieron las conexiones a Internet para retrasar la difusión de la información. En esos mismos días, aviones militares bombardearon escuelas, aldeas y otros edificios civiles en los municipios de Kani, Ayadaw y Myaung, todas localidades de Sagaing, uno de los bastiones de las milicias que luchan contra el ejército birmano. 

Las organizaciones de socorro también han informado de una grave escasez de medicamentos, anestésicos y material quirúrgico, situación agravada por las dificultades de transporte debido a la falta de combustible.

De hecho, una grave crisis energética está afectando al país a causa de la guerra que Estados Unidos e Israel han lanzado contra Irán. Frente a las gasolineras se pueden ver largas colas de personas que intentan conseguir un poco de gasolina. Las gasolineras cierran pocas horas después de recibir el combustible. En Yangón, el gasóleo premium ha pasado en un día de 3.560 (1,50 euros) a 4.820 kyats (2 euros) por litro. En el mercado negro, el precio de la gasolina de 92 octanos ha alcanzado entre 7.000 y 10.000 kyats (entre 2,90 y 4,20 euros por litro). 

El régimen, alegando que cuenta con reservas nacionales para los próximos 50 días, ha introducido nuevas restricciones, limitando a los conductores a un máximo de dos repostajes a la semana. La medida, anunciada por el Ministerio de Información, sustituirá en las próximas semanas al sistema de racionamiento «par-impar» introducido a principios de mes. La semana laboral de los funcionarios públicos se ha reducido a cuatro días a la semana y las autoridades han pedido al sector privado que haga lo mismo. 

 

Sin embargo, la escasez de combustible no parece haber afectado a las operaciones militares. «Mientras que la población ni siquiera puede llenar el depósito de una motocicleta, el régimen utiliza sus aviones para bombardear un monasterio que alberga a mujeres y niños», han comentado algunas fuentes locales.

Según el grupo de activistas Blood Money Campaign, solo en los últimos tres meses la aviación militar ha consumido más de 1,94 millones de galones de combustible, lo que equivale a 8,8 millones de litros, con un coste superior a 4,16 millones de dólares.

La cifra se desprende de un análisis basado en el consumo medio por hora de los principales aviones del ejército birmano, cuya flota incluye aviones de fabricación rusa, china, pakistaní y serbia, entre los que se encuentran los cazas Su-30SME, MiG-29 y Yak-130. Según el informe, el Su-30SME resulta ser el más «costoso» en términos de consumo, con unos 1.500 galones por hora, seguido del MiG-29 con 900. Otros aviones, como el JF-17 y el F-7M, consumen unos 600 galones por hora. Traducidos en costes, estos consumos representan un gasto de entre unos 500 y 3.500 dólares por cada hora de vuelo, dependiendo del tipo de avión. Se trata de estimaciones basadas en un precio medio del combustible de unos 2,15 dólares por galón —precisa el informe—, anterior a la actual crisis internacional, y que no incluyen otros gastos operativos como armamento, mantenimiento o logística.

En otras palabras, mientras millones de ciudadanos se enfrentan a apagones, subidas de precios y restricciones de movimiento, la aviación militar mantiene su plena operatividad, empleando cantidades significativas de combustible para sostener los bombardeos contra zonas controladas por los grupos de resistencia.

 

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