Nabatiye, la Gaza libanesa, y el sur suspendido entre la calma aparente y la guerra
A lo largo de la frontera sur se vive la segunda noche de relativa calma desde el inicio del conflicto el pasado 2 de marzo. La tragedia vivida por la población civil el 14 de junio frena el regreso de la población. Algunas personas cuentan a AsiaNews sus esperanzas de volver a la "normalidad”, en medio de la incertidumbre y el temor por el futuro. Mañana está programada en Washington una nueva ronda de conversaciones entre Beirut e Israel.
Beirut (AsiaNews) - Primeras horas de la mañana del lunes 22 de junio. Todo el sur del Líbano acaba de vivir su segunda noche de relativa calma desde que estallaron las hostilidades en marzo entre el Estado judío y Hezbolá, tras la guerra israelí-estadounidense contra Irán. El regreso de la gente a sus aldeas de origen situadas en las zonas que han sido escenario de los combates es un hecho, pero ya no se produce al ritmo sostenido de la semana pasada. La población ha aprendido la lección: la ruptura del alto el fuego –anunciado de manera informal la noche del sábado 13 al domingo 14 de junio- provocó una nueva tragedia entre la población civil libanesa; en aquel momento la población creyó ingenuamente que las hostilidades habían terminado, a pesar de las advertencias del ejército libanés que permanecía desplegado cerca de las zonas de conflicto.
Hasta hoy no ha sido posible determinar qué desencadenó la reanudación de los bombardeos la semana pasada. ¿Fue una última resistencia del ejército israelí? ¿Un intento del primer ministro Benjamin Netanyahu de hacer fracasar el alto el fuego? Lo cierto es que estos enfrentamientos dejaron, según Hezbolá, al menos 26 muertos y heridos en las filas israelíes y un centenar de muertos libaneses, aunque hay que tener en cuenta que el movimiento proiraní ya no comunica las cifras relativas a sus propias bajas.
Por otro lado, el ejército israelí había confirmado la muerte de un oficial y de los tres miembros de la tripulación de un tanque Merkava, presuntamente alcanzado por un dron pilotado a distancia. “Ya no tenemos casa, la vivienda de mi familia, la de mi abuela, la de mis tíos, ya no queda nada. Nabatiye y las aldeas cercanas están igual que Gaza”, escribió la periodista Houda Ibreahim en un mensaje de WhatsApp. “Una familia de siete personas, los primos de mi cuñado —prosigue la cronista, lamentando lo sucedido—, murieron bajo los escombros de su casa”.
Mientras tanto, los equipos de rescate de diversas organizaciones que llegaron al lugar continúan buscando a las víctimas cuyos cuerpos han quedado atrapados entre los escombros, en zonas que estuvieron inaccesibles durante los combates de los días y semanas anteriores. Según informa Defensa Civil en una nota, hasta la fecha se han encontrado 13 cadáveres bajo los escombros en las regiones de Nabatiye y en las aldeas de Debbine y Blat (distrito de Marjeyoun); otros 70 cuerpos habían sido recuperados de los escombros en dos aldeas del asentamiento de Bint Jbeil.
En medio de esta tensión, el 19 de junio la prensa anunció la muerte de Mona Khalil, de 76 años, activista ambiental y figura de referencia en la protección de las tortugas marinas sobre la costa de Tiro. La mujer falleció a causa de las heridas sufridas en un ataque israelí que destruyó completamente la vivienda familiar, en Mansouri, el pasado 4 de junio. “Como muchas otras víctimas, al ser totalmente neutral, se creía a salvo del fuego directo del ejército israelí”, explicaron sus familiares en una nota de prensa.
Una “vida normal”
En medio de la guerra en el sur del Líbano, algunas localidades intentan mantener una vida “normal” en medio de la incertidumbre y el temor por el futuro. Ayer un convoy de la ONG local Nawraj, fundada por Fouad Abou Nader, logró llegar a las aldeas cristianas de Deir Mimas, Kleyaa, Jdeidet Marjeyoun y Kawkaba. Los habitantes están exhaustos por los bombardeos, la presencia constante de los drones, las noches en vela y los cortes de agua y electricidad. “Más allá de la ayuda material, los generadores y el combustible, en estas aldeas de Marjeyoun reina la incertidumbre sobre el futuro”, cuenta a AsiaNews la periodista Katia Kahil, contactada telefónicamente. “En general, son sobre todo los hombres los que regresan para inspeccionar los daños. Muchas familias —observa— vuelven a los centros de acogida tras constatar que sus casas son inhabitables”.
“La situación parece estar mejorando”, explica la joven cronista. “Dos días sin disparos no es poca cosa. Sí, todavía tenemos agua y electricidad, a diferencia de otras zonas del sur donde los israelíes —cuenta— destruyeron las infraestructuras, pero nuestras calles están en un estado de suciedad repugnante porque ya no se recoge la basura”. “La gente ya no sabe si quedarse o irse, ni qué les depararán los próximos meses”, observa la periodista, que vive en Marjeyoun. “Desde marzo, algunos ya no tienen ingresos. Muchas familias ya no pueden pagar las cuotas del colegio de sus hijos. Las hermanas antonianas que tenían una gran escuela en Nabatiye fueron evacuadas cuando los edificios escolares fueron alcanzados por los bombardeos. Aquí, la escuela del Sagrado Corazón también se ha visto afectada por la situación”.
“¿Hezbolá ha salido vencedor del enfrentamiento? No, por lo menos si se miran los escombros”, observa Katia Kahil. “Los combates —concluye— han roto las relaciones humanas y económicas normales entre las aldeas; la convivencia se mantiene, pero ya no hay ocasiones para expresarla. Las regiones han quedado aisladas debido a los combates, lo que dificulta los intercambios humanos y económicos entre agricultores, comerciantes y la población. Vivimos en cámara lenta”.
De Washington a Ali Taher
Mientras tanto, las conversaciones que se desarrollan en Washington entre el Líbano e Israel, bajo los auspicios de los Estados Unidos, deberían reanudarse mañana bajo la supervisión del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. La nueva ronda de encuentros, según las previsiones, debería durar tres días, salvo complicaciones de última hora. El Líbano exige un alto el fuego total antes de considerar cualquier coordinación con el ejército israelí en algunas “zonas piloto” del territorio ocupado por Israel que, por su parte, sigue exigiendo el desarme de Hezbolá.
Scarlett Haddad, analista cercana al partido proiraní, considera que lo que está en juego en la batalla entre Israel y Hezbolá en este momento es la conquista de la colina de Ali Taher, que es un punto estratégico clave y al mismo tiempo el centro de mando del Partido de Dios. Los israelíes llegan incluso a afirmar, sin haber presentado pruebas hasta el momento, que allí se encuentra el túnel Imad 4, que Hezbolá ha mostrado varias veces en algunos videos y que sería uno de los más sofisticados. Alrededor de esta altura se libró una encarnizada batalla, sin que los israelíes lograran tomar el control. “Por eso —observa la periodista—, Hezbolá no cree que el alto el fuego anunciado el 20 de junio dure mucho. Sin embargo, para el partido proiraní la batalla de Ali Taher debería tener un papel importante en las negociaciones entre Irán y Estados Unidos que se están llevando a cabo en Suiza y, sobre todo, en las negociaciones (directas) entre el Líbano e Israel que comienzan el 23 de junio [mañana] en Washington”.
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