23/12/2020, 11.47
VATICANO
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Papa: Navidad, fuego perenne que Dios ha encendido en el mundo

Que el nacimiento de Jesús “no se reduzca a una fiesta meramente sentimental o consumista”. “Si la pandemia nos ha obligado a estar más distantes, Jesús, en el pesebre, nos muestra el camino de la ternura para estar cerca, para ser humanos. Sigamos este camino”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – La Navidad “se ha convertido en una fiesta universal, y también quien no cree percibe la fascinación de esta festividad”, pero que “no se reduzca a una fiesta meramente sentimental o consumista”; ya que “es un evento decisivo, un fuego perenne que Dios ha encendido en el mundo, y no puede ser confundido con las cosas efímeras”. Este fue el centro de la reflexión del Papa Francisco sobre la Navidad, durante la audiencia general de hoy que, una vez más, se desarrolló en la Biblioteca privada.  

Francisco recordó lo que dijo el domingo pasado: que el consumismo “nos ha secuestrado la Navidad” y reiteró que “ es necesario frenar una cierta mentalidad mundana, incapaz de captar el núcleo incandescente de nuestra fe, que es este: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14). Esta es la verdad de la Navidad; no hay otra”. 

“La Navidad – prosiguió -  nos invita a reflexionar, por una parte, sobre la dramaticidad de la historia, en la cual los hombres, heridos por el pecado, van incesantemente a la búsqueda de verdad, de misericordia, de redención; y, por otro lado, sobre la bondad de Dios, que ha venido a nuestro encuentro para comunicarnos la Verdad que salva y hacernos partícipes de su amistad y de su vida”.

Es una gracia. “Este don de gracia lo recibimos a través de la sencillez y la humanidad de la Navidad, y puede quitar de nuestros corazones y de nuestras mentes el pesimismo, que hoy se ha difundido por la pandemia. Podemos superar ese sentido de pérdida inquietante, y no dejarnos abrumar por las derrotas y los fracasos, si nuestra conciencia vuelve a descubrir que ese Niño humilde y pobre, escondido e indefenso, es Dios mismo, hecho hombre por nosotros. El Concilio Vaticano II, en un célebre pasaje de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, nos dice que este evento nos concierne a cada uno de nosotros: «El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con la inteligencia de un hombre, obró con la voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado» (Const. past. Gaudium et spes, 22). Dios es uno de nosotros”. 

“Esta realidad nos da tanta alegría y tanta valentía. Dios no nos ha mirado desde arriba, no ha pasado de largo, no ha sentido asco por nuestra miseria, no se ha revestido con un cuerpo aparente, sino que ha asumido plenamente nuestra naturaleza y nuestra condición humana. No ha dejado nada fuera, excepto el pecado: toda la humanidad está en Él. Él ha tomado todo lo que somos, así como somos. Esto es esencial para comprender la fe cristiana”.

 

“San Agustín, pensando su camino de conversión, en sus Confesiones escribe: «Todavía no tenía tanta humildad para poseer a mi Dios, al humilde Jesús, ni conocía las enseñanzas de su debilidad» (Confesiones VII,8). ¡La “debilidad” de Jesús es una “enseñanza”! Porque nos revela el amor de Dios. La Navidad es la fiesta del Amor encarnado y nacido por nosotros en Jesucristo. Él es la luz de los hombres que resplandece en las tinieblas, que da sentido a la existencia humana y a la historia entera”.

Por último, el papa Francisco invitó a detenerse para meditar delante del pesebre, “una catequesis del nacimiento de Jesús, y a releer la carta “Admirabile signum” escrita el año pasado y dedicada al pesebre. “Siguiendo las huellas de San Francisco de Asís, nos podemos convertir un poco en niños y permanecer contemplando la escena de la Natividad, y dejar que renazca en nosotros el asombro por la forma “maravillosa” en la que Dios ha querido venir al mundo. Esto hará renacer en nosotros la ternura; ¡y hoy tenemos tanta necesidad de ternura! Si la pandemia nos ha obligado a estar más distantes, Jesús, en el pesebre, nos muestra el camino de la ternura para estar cerca, para ser humanos. Sigamos este camino”.

Al saludar a los fieles alemanes, el papa hizo una invitación: “Seamos complacientes con el Niño Jesús y en estos días festivos no nos olvidamos de la gente solitaria, enferma y necesitada. Una llamada telefónica es suficiente para enviarles un rayo de luz navideña. El Señor recompensará esto".

A los italianos les dijo: "Imitando a los pastores, ustedes también corran hacia la Gruta Santa; Jesús los espera allí, para darles su luz y su paz. Quiere enriquecer sus vidas con su amor y gracia".

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