02/04/2026, 11.13
TURQUÍA - GOLFO
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Vicario de Estambul: una Pascua ecuménica de «paz y esperanza» para Oriente Medio

de Dario Salvi

Monseñor Palinuro cuenta a AsiaNews las celebraciones de la Semana Santa, a pocos meses de la visita del Papa. Las repercusiones de la guerra del Golfo afectan a los más débiles: pobres, migrantes y refugiados. Ankara «no ha respondido» a las «provocaciones» de Teherán y sigue siendo una «presencia moderadora» en los conflictos regionales. El viaje apostólico de León XIV sigue «generando efectos positivos».

Milán (AsiaNews) - «Incluso en un contexto como el nuestro, de mayoría islámica, la Pascua se vive con especial fervor y las distintas comunidades la preparan con gran celo y mucha esperanza. Lo que la caracteriza es una actitud de apertura hacia el futuro, de espera de un cambio en las relaciones, especialmente en Oriente Medio». Así lo cuenta a AsiaNews el vicario apostólico de Estambul, monseñor Massimiliano Palinuro, inmerso en la preparación de los ritos de la Semana Santa, a partir de la Misa Crismal celebrada ayer por la tarde. «Aquí en Estambul es especialmente complicado porque cuenta con la participación de los obispos de las Iglesias Orientales, de los representantes del Patriarcado [ecuménico de Constantinopla] y del nuncio apostólico [Monseñor Marek Solczyński]. También esto —confiesa el prelado— es un signo de esperanza: esta comunión en la oración» entre católicos y otras confesiones cristianas que «celebran juntos, son verdaderamente signos de comunión, de fraternidad que dan esperanza». 

Turquía solo se ha visto rozada hasta ahora —al menos en el plano militar— por la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, habiendo interceptado en un par de ocasiones algunos misiles dirigidos hacia su territorio. Sin embargo, las consecuencias a nivel político y energético se dejan sentir y, en este sentido, se enmarca la decisión de Ankara de acelerar los planes sobre la «energía nuclear pacífica» para satisfacer las necesidades energéticas. Al relatar las celebraciones y las intenciones especiales de los fieles, el vicario de Estambul habla de «un clima de oración para obtener del Señor el don de la paz. «Lo que estamos experimentando en este periodo —continúa— es la incapacidad de los medios humanos para alcanzar la paz […] y esto aumenta la confianza y la esperanza en la ayuda del Señor».

«Esta es la actitud más relevante», explica Mons. Palinuro, ya que «los medios humanos están fallando» y revelando «su insuficiencia», la comunidad cristiana responde «con la oración para invocar el don de la justicia», amenazada en Oriente Medio y en el mundo. «Vivimos una Pascua —continúa— en un contexto de preocupación ante la perspectiva de un conflicto que parece no tener fin, con el riesgo de extenderse y afectar a otros países». «Esta guerra a nivel global, y aquí en Turquía en particular, ya ha causado numerosas víctimas entre los sectores más vulnerables de la población. Los refugiados, los migrantes económicos, los pobres de todo tipo —recuerda— se ven aún más asfixiados por la inflación y la injusticia social que provoca la guerra».

Una implicación indirecta en el escenario de crisis del Golfo, que también se refleja dentro de la comunidad católica de Estambul: «Muchos miembros de nuestras comunidades —cuenta el vicario— proceden de países directamente afectados por el conflicto: Irán, Irak, Líbano, en particular, y Siria. Estos hermanos nuestros, que ya han perdido su patria por diversas razones, por otras guerras, otros tipos de persecución, ahora se ven aún más despojados de sus raíces y de su futuro a causa de esta». El mensaje de la Pascua, continúa, afirma una vez más que «el mal no puede prevalecer, la muerte y la injusticia no pueden tener la última palabra. He aquí que esta Pascua se convierte para nosotros en un anuncio de esperanza y la gente que vive en este estado de postración, a veces incluso de desesperación, ve en la Pascua —subraya— la única luz que ilumina las tinieblas».

Entre los católicos turcos sigue vivo el recuerdo del viaje apostólico del papa León entre finales de noviembre y principios de diciembre del año pasado. «Nuestra comunidad —explica monseñor Palinuro— sigue siendo pequeña, pero viva y abierta al futuro, llena de esperanza y levadura que hace fermentar la masa, sal que da sabor. Estamos comprometidos en intentar construir relaciones de paz con las demás comunidades cristianas. Estamos comprometidos en mantener relaciones de colaboración sincera con las autoridades, con el Gobierno» y en dar muestra de «inclusividad» en el panorama religioso y cultural turco.

El elemento peculiar, prosigue el vicario, es «la capacidad de hacer dialogar en su seno a los pueblos y naciones diferentes que la componen, a pesar de toda forma de nacionalismo y de tendencia identitaria», como verdadera «presencia de paz y signo de una inclusividad posible». «La Iglesia aquí demuestra verdaderamente ser como un único pueblo de Dios —añade—, formado por muchas naciones procedentes de muchos lugares, que hablan lenguas diferentes y tienen culturas diferentes. Y este signo cobra especial relevancia mientras nacionalismos opuestos, orgullos identitarios o raciales y religiosos» están lacerando «la unidad de la familia humana».

Continuando con la reflexión sobre los conflictos internacionales, para el prelado Turquía representa «una presencia moderadora» y es una de las pocas naciones que tiene «un papel clave» en mantener «un perfil de gran equilibrio». «Por su naturaleza —subraya—, vive entre mundos diferentes y se ve obligada por las circunstancias a entablar diálogo y a crear canales de comunicación». Los grandes líderes parecen haber «perdido el sentido del bien común» y «más que por sabiduría, parecen movidos por un cálculo ciego, la ira y las pasiones», observa el prelado. De ahí el papel «extremadamente positivo» de Turquía en una perspectiva de «moderación, pacificación y diálogo, tanto desde el punto de vista del encuentro entre gobiernos como desde el punto de vista diplomático». Ankara, hasta ahora, «no ha respondido» a las «numerosas provocaciones» de Irán, a los bombardeos, a los ataques en las zonas fronterizas y «esto es una señal positiva». Un testimonio de sentido común para otras naciones, comenta, que «se están precipitando al vórtice de la represalia».

La guerra del Golfo y las tensiones en Oriente Medio tienen consecuencias también en las relaciones entre gobiernos y pueblos. «Es evidente —señala monseñor Palinuro— que la actitud belicista del actual Gobierno del Estado de Israel ha provocado a nivel internacional, y aquí en Turquía en particular, un recrudecimiento del antisemitismo, que nunca ha desaparecido del todo, con todas sus devastadoras consecuencias». El Gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu está creando «nuevos pretextos para alimentar su retórica. Para desactivar este antisemitismo —añade— es necesario que [Israel] cambie de rumbo y se concedan al pueblo palestino aquellos derechos necesarios que conduzcan a una convivencia pacífica». «No hay otro camino, otra esperanza» y lo que Turquía pide a gritos «es un cambio de rumbo que parece necesario».

Monseñor Palinuro concluye volviendo sobre la visita del Papa, cuyo recuerdo «sigue produciendo efectos positivos» no solo entre los católicos animados «por las palabras y la presencia», sino también entre las demás confesiones cristianas, el Patriarcado Ecuménico, el Gobierno y la mayoría islámica. La visita del pontífice, subraya, «ha abierto nuevas perspectivas para la solución del problema sin resolver de la falta de reconocimiento jurídico de la Iglesia católica». A este respecto, «se ha puesto en marcha una mesa de diálogo, una comisión mixta turco-vaticana para debatir posibles soluciones. Se espera que en los próximos meses —concluye el vicario apostólico de Estambul— se celebre la segunda reunión de esta comisión mixta y que se pueda llegar a una solución a este problema que crea notables dificultades para la gestión de las estructuras y actividades de la Iglesia que operan en Turquía».

(Imagen tomada de los medios de comunicación vaticanos)

 

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