Wadi Rum, bajo el desierto de los mitos aparece una aldea de 9.500 años de antigüedad
Entre las montañas rojizas del sur de Jordania, los arqueólogos han sacado a la luz Ayn Abu Nukhayla, uno de los asentamientos neolíticos más importantes de Oriente Medio. Las investigaciones revelan el nacimiento de las primeras comunidades estables, y sacan a la luz una historia mucho más fascinante que las leyendas que durante siglos han alimentado el imaginario del desierto.
Amán (AsiaNews) - Entre las arenas del sur de Jordania, donde el viento esculpe desde hace milenios arcos de piedra y cañones de color óxido, el desierto de Wadi Rum (uno de los destinos turísticos más populares del reino hachemita) se presenta como un paisaje fuera del tiempo. Al atardecer, las montañas de arenisca se tiñen de rojo, las dunas del desierto parecen moverse como olas y el silencio es tan profundo que da la impresión de estar en los comienzos del mundo. Aquí, entre senderos antaño recorridos por los beduinos y paredes rocosas cubiertas de grabados prehistóricos, los arqueólogos han identificado uno de los yacimientos neolíticos más importantes de Oriente Medio: Ayn Abu Nukhayla, un pequeño asentamiento de aproximadamente 9.500 años de antigüedad capaz de contar, con asombrosa precisión, el nacimiento de una sociedad humana en un lugar donde hoy se extiende el desierto.
Durante décadas, Wadi Rum, el "desierto rojo", fue conocido sobre todo por sus pinturas rupestres y los petroglifos diseminados en las rocas. Figuras de cazadores, animales, escenas pastoriles y símbolos enigmáticos han alimentado interpretaciones románticas e incluso fantasiosas, como las leyendas sobre los "Gigantes de la Tierra" que en algunas tradiciones de Oriente Medio se asocian a construcciones misteriosas o pueblos ancestrales. Pero hoy, la arqueología está sustituyendo el mito por una reconstrucción mucho más concreta, aunque no por ello menos fascinante, de la vida humana en el Neolítico.
Las excavaciones de Ayn Abu Nukhayla, dirigidas desde principios de la década de 2000 por el antropólogo estadounidense Donald O. Henry de la Universidad de Tulsa, han revelado una aldea del periodo neolítico precerámico, compuesta por viviendas ovaladas semienterradas, almacenes, áreas comunes y corrales para animales. El sitio se encuentra sobre una pequeña elevación con vistas a un cañón de Wadi Rum, en una región actualmente árida pero que, nueve milenios atrás, ofrecía condiciones ambientales menos extremas. El descubrimiento ha tenido una enorme importancia porque ha permitido a los investigadores observar en detalle la transición de sociedades nómadas de cazadores-recolectores a comunidades más estables, ya dedicadas a la ganadería y a las primeras formas de agricultura. Los análisis de fitolitos, polen y residuos orgánicos han demostrado que los habitantes de la aldea procesaban cereales y criaban cabras y ovejas. Algunos espacios se utilizaban para la molienda de semillas, otros como refugios para animales.
Antropólogos y arqueólogos han sacado a la luz una realidad sorprendentemente moderna: una pequeña comunidad organizada, con espacios domésticos diferenciados, actividades económicas diversificadas y una estructura social más compleja de lo que se imaginaba para aquella época. Los estudios publicados en la revista American Antiquity también han mostrado que la aldea era ocupada estacionalmente por grupos que se desplazaban por el territorio siguiendo ritmos pastoriles y climáticos.
El hallazgo más fascinante, sin embargo, es la relación cada vez más evidente entre el asentamiento y el arte rupestre de Wadi Rum. Las montañas de la región conservan miles de petroglifos y pinturas rupestres realizados en diferentes épocas: algunos grabados se remontan a la Edad del Bronce, otros incluso a épocas anteriores. Los arqueólogos consideran que muchas de estas imágenes representan no solo escenas cotidianas, sino también una forma de «memoria del territorio». Los animales representados (cabras salvajes, bovinos, camellos, figuras humanas armadas) sugieren un paisaje muy diferente al actual y revelan una larga continuidad de la presencia humana en el desierto ya en el Neolítico. No se trata de simples decoraciones primitivas, sino de instrumentos de orientación simbólica y social. En un paisaje vasto y hostil como Wadi Rum, grabar una figura en la piedra significaba tal vez marcar una presencia, narrar una historia colectiva o transmitir información sobre la caza, el agua o las rutas estacionales.
Algunas interpretaciones han vinculado las grandes figuras antropomorfas presentes en ciertos grabados con antiguas leyendas de gigantes muy difundidas en el Cercano Oriente. Las referencias a gigantes aparecen sobre todo en la tradición bíblica de los Nephilim (Génesis, 6 y Números, 13) y en leyendas populares. Nos encontramos, no obstante, en el terreno del mito, ya que no existe ninguna evidencia científica de la existencia de estos seres en Wadi Rum ni en ningún otro lugar.
La verdadera maravilla de Wadi Rum, por otra parte, no necesita mitos pseudocientíficos. Basta con observar lo que revelan las excavaciones. Los estudios espaciales realizados en el sitio han reconstruido incluso la distribución de las actividades cotidianas dentro de las viviendas: dónde se cocinaba, dónde se dormía, dónde se procesaban los cereales. Una fotografía social de hace 9.500 años, algo excepcional en el Cercano Oriente.
En los últimos años, algunos investigadores internacionales, entre ellos el arqueólogo japonés Seiji Kadowaki, se han sumado a las investigaciones en el "desierto rojo", ampliando el conocimiento sobre las transformaciones prehistóricas en el sur de Jordania. Como se documenta en un artículo aparecido recientemente en el Jordan Times, Kadowaki ha desenterrado otros dos yacimientos del Paleolítico medio (Tor Faraj y Tor Sabiha) y tres del Paleolítico superior (Wadi Aghar, Tor Fawaz y Tor Hamar). Se trata en todos los casos de refugios rocosos, donde los cazadores-recolectores del Paleolítico establecían sus campamentos y dejaron restos materiales de sus actividades, como herramientas de piedra, huesos de animales, cuentas de concha y fogones.
Italia también ha desempeñado un papel importante en la arqueología de Wadi Rum. Entre los estudiosos vinculados a las investigaciones en el desierto jordano no se puede dejar de mencionar a Edoardo Borzatti von Löwenstern, profesor de Paleontología Humana y Ecología Prehistórica en la Universidad de Florencia, fallecido el pasado 16 de abril a los 91 años. En sus numerosas misiones en el Levante y en el desierto arábigo, estudió a fondo las pinturas rupestres de Wadi Rum y llegó incluso a plantear la hipótesis de que existían conexiones entre las inscripciones del desierto y el desarrollo temprano del alfabeto semítico septentrional.
Hoy, como ya mencionamos, Wadi Rum es un destino turístico mundial, escenario inolvidable de las hazañas de Lawrence de Arabia y un espectacular escenario para grandes producciones cinematográficas (algunas escenas de Dune y de la saga de Star Wars se filmaron en estas arenas ardientes). Pero el desierto no deja de relatar la historia milenaria de una humanidad remotísima. Hombres y mujeres que, hace casi 10 mil años, aprendieron a vivir en los límites de lo imposible, transformando un lugar inhóspito en su hogar.
26/11/2018 10:08