08/01/2015, 00.00
IRAK
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Desde Erbil a Dohok, viaje en el Kurdistán iraquí entre las ambiciones autonomistas y las derivas islamistas

de Dario Salvi
Una ruta que atraviesa antiguas divisiones y oculta nuevas contradicciones. Una expansión económica y social, que quiere liberarse de Bagdad, pero hay que evitar la infiltración extremista. Los puestos de control de policía y recuerde que, unas pocas decenas de kilómetros, es la amenaza del Estado Islámico.

Duhok (AsiaNews) - Erbil y Duhok son dos de los centros más importantes del Kurdistán iraquí, donde encontraron refugio los cientos de miles de cristianos y no huyendo del Estado islámico (EI).

El camino que los separa es una carretera llena de sorpresas: estrecho, lleno de baches, a veces extendido a dos carriles, ofreciendo a camiones y coches la oportunidad de superarse sin resguardo; árido, de repente son de color verde; riachuelos y piscinas, que se alternan con largos tramos de desierto. Y detrás de las colinas, a unas pocas decenas de kilómetros, Mosul, durante meses convertida en ciudads importantes del "Califato".

Este tramo de carretera es una imagen de una realidad social y económica en continuo crecimiento, pero sumida en conflictos y contradicciones lejanos, que surgen hoy en nuevas formas: una guerra abierta con las milicias islamistas; una tensión con el gobierno central iraquí; un conflicto encubierto en la religión, el primero; una decenal fractura con las autoridades centrales, la segunda, de la que Erbil le gustaría liberarse reclamando autonomía.

A lo largo de la ruta entre las dos ciudades se encuentran varios puestos de control; cada cruce importante es controlada por la policía y el ejército mirando el interior del coche, el estudio de los documentos y verificando la identidad y proveniencia de los ocupantes.

El riesgo de infiltración de militantes islámicos o su avance hacia el este, son una señal de alarma. La tensión también se escucha al hablar con algunos interlocutores kurdos, que hablan de los cristianos como "amigos", pero que consideran a los musulmanes árabes como "enemigos", extranjeros para cazar y combatir.

En una tierra ensangrentada primero por las atrocidades de Saddam Hussein y ahora amenazado por el oscuro islamista, los movimientos nacionalistas emergen con fuerza e independencia, libres del yugo de Bagdad. En esta lucha separatista se infiltraron los yihadistas, que parecen encontrarse más adelante también en Erbil y entre los musulmanes kurdos.

Pero todavía hay muchos que quieren vivir lejos de las espadas y los versículos del Corán citados, por la violencia y el terror. Por el momento, para protegerlos hay un puñado de combatientes (Peshmerga) y una barrera defensiva, una pared que separa el Kurdistán iraquí de Mosul, la llanura de Nínive en manos de la milicia.

En la actualidad el equilibrio de poder que separa estos dos mundos parece permanecer; pero como lo demuestran los acontecimientos del pasado verano, es un delicado equilibrio que bajo la presión de las fuerzas internas y externas podría ceder. Aquí se juega los intereses en conflicto - o en algunos casos convergentes - de Estados Unidos, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Irán. El choque es probable que allanará el camino para cientos de miles de nuevos refugiados, familias cristianas - pero también musulmanes, Yazidies, etc. - que tienen que salir a toda prisa de sus tierras y bienes personales, para no tener que elegir entre las alternativas de conversión o la muerte.

 

 

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