09/09/2019, 13.57
FILIPINAS
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Mons. David responde a Duterte: El cristianismo no es colonialismo

de Pablo Virgilio Siongco David

En 2021, la Iglesia filipina celebrará los 500 años del primer anuncio cristiano en el país. El presidente Duterte está contra los festejos. “Con la cruz, Magallanes trajo los cañones”. El obispo de Kalookan: “La misma fe de los conquistadores inspiró  a soñar la libertad y la democracia”. “Dios puede realmente escribir derecho también a través de líneas torcidas”.

 

Manila (AsiaNews) – Aquello que la Iglesia filipina celebrará en 2021 no es el colonialismo sino los 500 años de fe cristiana, que “los nativos de estas tierras recibieron como un don, si bién no todas las personas estaban motivadas por la más pura de las intenciones”. Lo declara Mons. Pablo Virgilio Siongco David (Foto), obispo de kalookan y vice presidente de la Conferencia episcopal de Filipinas (CBCP). Hace 2 días, Mons. David utilizó las redes sociales para responder con firmeza al presidente filipino, Rodrigo Duterte. El pasado 6 de septiembre, el jefe de Estado había realizado algunas declaraciones contra los festejos por la importante recurrencia. “¿Por qué me deberían interesar las celebraciones?-había afirmado Duterte- Cuando Magallanes vino aquí, trajo el cañón y la cruz. Pero como la cruz está allí, los indígenas los han inmediatamente abrazados”. El obispo de Kalookan desmonta la tesis del presidente, a menudo sostenida también por líderes de diversos países del continente asiático. “La misma fe cristiana que los conquistadores trataron de usar para conseguir sus finalidades-afirma-, ha inspirado también a nuestros revolucionarios a soñar con la libertad y la democracia”. El presidente subraya que hasta los nativos no equiparaban al cristianismo con el colonialismo: “Nuestros antepasados eran bastante inteligentes para aceptar lo que era bueno y rechazar los que era malo”. A un cierto punto- agrega- la fe que habían aprovechado no era más extraña a ellos. Ella logró poner raíces en el terreno fértil de nuestra innata espiritualidad del pueblo”.

La misma fe cristiana que los conquistadores trataron de usar para conseguir sus finalidades coloniales en nuestro país, después de cerca de 3 siglos y medio también nuestros revolucionarios defendiendo la dignidad humana fundamental de los indios y a desear poner fin a la tiranía y al dominio colonial.

Los misioneros españoles habían enseñado a los indígenas a cantar el Pasyon durante la Semana Santa. Desconocido por las autoridades, el mismo Payson que hablaba del sufrimiento del Mesías que ofrecía su vida por la redención de la humanidad inspiró a nuestros héroes a ofrecer su propia vida para la redención de nuestro país, a expensas de su misma sangre, sudor y lágrimas (Ver  “Pasyon y Revolución” de Reynaldo Ileto).

Sin duda, estábamos amargamente divididos durante el período de transición: entre los pro y los anti, entre aquellos de la parte de la política colonial y aquellos que osaban estar de la parte de la política revolucionaria. La división no es siempre una cosa negativa. Como escribe S. Pablo en la Primera carta a los Corintios (11:19), a veces “es necesario de hecho que sucedan divisiones entre vosotros, para se manifiesten aquellos que son los verdaderos creyentes en medio de vosotros”. Por otro lado piensen en lo que Jesús dijo cuando habló como un airado profeta de desgracia. ¡“Vine a traer el fuego a la tierra y cómo quisiera que ya ardiese! (...) ¿Piensan que yo vine a traer la paz sobre la Tierra?. No les digo, sino la división”. (Lc 12,49-51). Son palabras no agradables que preferiríamos no escuchar, sobre todo cuando hacemos de la unidad un valor absoluto. Las personas olvidan que a veces también la unidad puede ser negativa-cuando significa unirse alrededor de una finalidad impía. No sorprende que Dios haya arrojado la semillas de la división sobre los constructores de Babel, de tal modo que para reunirlos en modo que pudiese luego reunirlos en modo sincero en el Espíritu a través de Pentecostés.

Nuestros antepasados eran bastante inteligentes para aceptar lo que era bueno y rechazar lo que era malo, en lo que lo españoles habían traído consigo cuando vinieron a nuestra tierra. Al final, aprendieron también a distinguir entre los misioneros que se habían completamente alineados a la política colonial de los conquistadores de aquellos que eran críticos, que tenían la valentía de defender los derechos de los indígenas contra los abusos y las crueldades de los patrones.

El simple hecho que al final hemos repudiado el dominio colonial si bien continuando a abrazar la fe cristiana también después de la victoria de la revolución, puede significar que los nativos no equiparaban al cristianismo con el colonialismo. A un cierto punto, la fe que habían abrazado no era más extraña a ellos. Ella logró poner raíces sobre el terreno fértil de nuestra innata espiritualidad de pueblo. 

Tratemos por lo tanto aclarar: aquello que celebramos en 2021 no es el colonialismo sino la fe cristiana que los nativos de estas islas acogieron como un don, también de personas no eran necesariamente motivadas por el más puro de las intenciones.  “Dios puede realmente escribir derecho también a través de líneas torcidas”.

 

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