04/10/2014, 00.00
VATICANO
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Papa: Escucha, confrontación y mirada de Cristo para el Sínodo y sobre la familia. Y renovaremos la Iglesia y la sociedad

En la vigilia de oración en la Plaza de S. Pedro esperando la apertura del encuentro sobra la familia, Francisco solicita a los padres sinodales a poner o dejar de parte las tensiones y a prepararse para una confrontación abierta y honesta. "Dios nos reconducirá a la unidad. "La historia de la Iglesia ¿no nos narra tanta situaciones análogas, que nuestros padres han sabido superar con obstinada paciencia y creatividad?". Sobre los trabajos "inspire el viento de Pentecostés, y reencontremos el dinamismo de los primeros misioneros del Evangelio".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- Escucha, confrontación y mirada de Cristo. Son los tres dones que el Papa Francisco pide para el Sínodo extraordinario sobre la familia que se inicia mañana con una misa solemne en la Plaza de S. Pedro. "Escucha de "Dios y del pueblo", confrontación "sincera, abierta y fraterna" y mirada "fija en Jesucristo", de modo que podamos aprender de Él.

Unas 80 mil personas, "una familia hecha de familias", se reunieron desde temprano  al inicio de la tarde. Antes de la llegada de Francisco, el testimonio de vida y de camino de tres parejas; después que finalizara su discurso, se encendieron 7 antorchas para significar un invocación al Espíritu Santo sobre los trabajos sinodales. Estas antorchas "señalan" también a las casas de los fieles de todo el mundo la apertura del encuentro sobre la familia.

La vigilia de oración fue promovida por la Cei (Conferencia episcopal italiana) en vista del Sínodo que se inicia mañana sobre el tema: "Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la Evangelización". Junto al Papa, en el sagrado están también los padres sinodales. Francisco inicia a hablar alrededor de las 19, "hora en la cual se vuelve con agrado a casa para encontrarse en la misma mesa, en el espesor de los afectos, del bien cumplido y recibido, de los encuentros que calientan el corazón y lo hacen crecer", pero también "la hora más pesada para quien se en un tú y tú con la propia soledad, en el crepúsculo amargo de sueños y proyectos fallidos". De los unos y de los otros "esta tarde nos hacemos voz con nuestra oración. Una oración para todos".

Inmediatamente después, el Papa entra de lleno en el tema. "Es significativo como- también en la cultura individualista que desnaturaliza y rinde efímeros los ligámenes- en cada nacido de mujer permanezca vivo una necesidad esencial de estabilidad, de una puerta abierta, de uno con el cual se tiene interés y se comparte la narración de la vida, de una historia a la cual se pertenece". En esta óptica, la familia "continúa siendo escuela sin comparación de humanidad, contribución indispensable a una sociedad justa y solidaria". Este horizonte "nos ayuda a aferrar la importancia de la Asamblea sinodal que se inaugura mañana".

Más allá del evento "de gracia" del venir en una unidad alrededor del obispo de Roma, el Papa cita al Vaticano II para recordar a los padres sinodales que se debe "prestar atención a los debates de este tiempo  y percibir el "olor" de los hombres de hoy: a ese punto sabremos proponer con credibilidad la buena noticia sobre la familia. Conocemos, de hecho, como en el Evangelio haya una fuerza y una ternura capaces de vencer lo que crea la infelicidad y la violencia. Sí, ¡en el Evangelio está la salvación que colma las necesidades más profundas del Hombre!".

Para enfrentar en la mejor manera este desafío, el Papa invita a los presentes a pedir al espíritu Santo tres dones: el don de la escucha de "Dios, hasta sentir con Él el grito del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar la voluntad a la cual Dios nos llama"; la disponibilidad a "una confrontación sincera, abierta y fraterna, que nos lleve a hacernos cargo con responsabilidad pastoral de los interrogativos que este cambio de época trae consigo"; y finalmente, "una mirada". ¿Para qué?, explica Francisco. "si realmente entendemos verificar nuestro paso por el terreno de los desafíos contemporáneos, la condición decisiva es mantener fija la mirada en Jesús, quedarse en la contemplación y en la adoración de su rostro".

A este punto, "nuestra escucha y nuestra confrontación sobre la familia, amada con la mirada de Cristo, se convertirá en ocasión providencial con el cual renovar- siguiendo el ejemplo de San Francisco- la Iglesia y la sociedad. Con la alegría del Evangelio reencontraremos el paso de una Iglesia reconciliada y misericordiosa, pobre y amiga de los pobres; una Iglesia en grado de "vencer con paciencia y amor las aflicciones y las dificultades que le llegan sea de adentro que de afuera" (Concilio Ecuménico Vaticano II- Const. Dogm. Sobre la Iglesia-"Lumen Gentium",8).

En conclusión un augurio: "Pueda soplar el Viento de Pentecostés sobre los trabajos sinodales, sobre la Iglesia, sobre la humanidad entera. Desate los nudos que impiden a las personas encontrarse, cure las heridas que sangran, reencienda la esperanza. Hay tanta gente, sin ella. Nos conceda aquella caridad creativa que permite amar como Jesús ha amado. Y nuestro anuncio encontrará la vivacidad y el dinamismo de los primeros misioneros del Evangelio".

 

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