24/01/2020, 16.25
VATICANO
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Papa: comunicaciones sociales, contar el bien que une y no las falsedades

El mensaje de Francisco está dedicado “al tema de la narración”. Dios mismo es a un tiempo creador y narrador. Él de hecho su Palabra y las cosas existen”. “También los Evangelios son narraciones”. La Historia de Jesús, luego, muestra cómo Dios toma en serio al hombre y que para Él “no existen historias humanas insignificantes o pequeñas”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El hombre es el único ser “necesita” contarse y contar, pero en la narración no debe ser instrumental, mirar a la posesión, sino que debe servir a la verdad, hacerse instrumento “de lo bello que nos habita”, fruto del amor del Creador.

Escapar del mal, de la “violencia y de la falsedad” a las cuales llevan chismes y habladurías y “respirar la verdad de las historias buenas”, en primer lugar en la Biblia y en las otras que “inspiradas” pueden ser “un apéndice del Evangelio”, como las Confesiones de S. Agustín es el corazón del Papa Francisco para la 54ta Jornada mundial de las comunicaciones sociales que este año se celebra, en muchos países, el domingo 24 de mayo y que tiene por tema “Para que tú puedas contar y guardar en la memoria” (Éx. 10,2). La vida de hace historia”. 

Publicado hoy, en el día del patrono de los periodistas, San Francisco de Sales, el mensaje escribe el Papa, está dedicado “al tema de la narración”, porque frente al propagarse de narraciones “falsas y malvadas”, hasta “niveles exponenciales” del deepfake, “creo que para no extraviarnos porque necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que edifiquen, no que destruyan; historias que ayuden a encontrar las raíces y la fuerza para ir adelante juntos”.

Dios mismo, escribe Francisco es a un mismo tiempo creador y narrador. “Él de hecho pronuncia su Palabra y las cosas existen (cfr Gen 1). A través de su narrar, Dios llama a la vida a las cosas y al final, crea al hombre y a la mujer como sus libres interlocutores, generadores de historia junto a Él”.

“En este sentido, la Biblia “es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad”, en cuyo centro está Jesús, dado que “su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios”. 

“El hombre será así llamado,de generación en generación, a narrar y  grabar en la memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, aquella capaces de comunicar el sentido de lo que sucedió”.

“También los Evangelios, no casualmente sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “performan” a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18). “He usado el término “contado” porque el original exeghésato puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias”.

“La historia de Jesús, luego, muestra como Dios toma en serio al hombre y que para Él “no existen historias humanas insignificantes o pequeñas”. Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las Confesiones de Agustín. Como El Relato del Peregrino de Ignacio. Como la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús. Como Los Novios, como Los Hermanos Karamazov. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre”. 

“En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios.

Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones.

“Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos! Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar”. Por esto “incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio”.

“No se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y dice el Evangelio, entretejió todo lo que le sucedía”. Pidamos ayuda a aquella que supo “deshacer los nudos de nuestra la vida” con la fuerza suave del amor, ayudándonos a “construir historias de paz y de futuro”. (FP)

 

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