14/10/2020, 13.23
VATICANO
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Papa: en los Salmos, el dolor se vuelve relación, grito a Dios

Francisco exhortó a respetar las reglas para evitar el contagio. “Yo quisiera hacer lo que hago habitualmente, es decir, bajar y acercarme a ustedes para saludarlos, pero considerando las nuevas pautas, es mejor mantener la distancias. Ustedes están a una distancia prudente, como debe ser”. Y reafirmando la importancia de recurrir a la cautela, que permite continuar con las audiencias” el pontífice concluyó: “si todos, como buenos ciudadanos, cumplimos lo que marcan las autoridades, esto será una ayuda para acabar con esta pandemia”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Por primera vez, papa Francisco llegó al Aula Pablo VI  - donde se realiza la audiencia general - caminando por el corredor central, pero no saludó a los fieles, a causa de las medidas por la emergencia en curso. Al final de la audiencia, explicó: “Yo quisiera hacer lo que hago habitualmente, bajar y acercarme a ustedes para saludarlos, pero considerando las nuevas pautas, es mejor mantener la distancia” A los enfermos, también los saludo de corazón, desde aquí. Ustedes están a una distancia prudente, como debe ser”. Luego reafirmó la importancia de recurrir a la cautela, que permite seguir adelante con las audiencias”, y concluyó diciendo que “si todos, como buenos ciudadanos, cumplimos lo que marcan las autoridades, esto será una ayuda para acabar con esta pandemia”. 

Previo a ello, en la catequesis, Francisco se había referido a la oración, y especialmente a aquella expresada en los Salmos. “Todos – dijo - sufren en este mundo: tanto quien cree en Dios, como quien lo rechaza”. Sin embargo, en los Salmos, “el dolor se convierte en relación: grito de ayuda que espera interceptar un oído que escuche. No puede permanecer sin sentido, sin objetivo. Lo mismo sucede con los dolores que sufrimos, no pueden ser meros casos específicos de una ley universal: son siempre “mis” lágrimas, que nadie ha derramado nunca antes que yo. Para Dios, todos los dolores de los hombres son sagrados”.

El Libro de los Salmos (o Salterio), continuó, “comunica este “saber del rezar” a través de la experiencia del diálogo con Dios. En los salmos encontramos todos los sentimientos humanos: las alegrías, los dolores, las dudas, las esperanzas, las amarguras que colorean nuestra vida. El Catecismo afirma que cada salmo «es de una sobriedad tal que verdaderamente pueden orar con él los hombres de toda condición y de todos los tiempos» (CIC, 2588). Leyendo y releyendo los salmos, nosotros aprendemos el lenguaje de la oración. Dios Padre, de hecho, con su Espíritu los ha inspirado en el corazón del rey David y de otros orantes, para enseñar a cada hombre y mujer cómo alabarle, darle gracias, suplicarle, cómo invocarle en la alegría y en el dolor, cómo contar las maravillas de sus obras y de su Ley. 

“En síntesis, los salmos son la palabra de Dios que nosotros, los seres humanos, usamos para hablar con Él. En este libro no encontramos personas etéreas, abstractas, gente que confunde la oración con la experiencia estética o alienante. Los salmos no son textos nacidos en la mesa, sino invocaciones, a menudo dramáticas, que brotan de la vida, de la existencia” “Para rezar bien, debemos rezar como somos, y no maquillarnos el alma para rezar”. “Ir y ponerse delante del Señor así como somos, con las cosas bellas y también con las feas, que nadie sabe, pero que nosotros conocemos dentro nuestro”. En los Salmos, “escuchamos las voces de orantes de carne y hueso, cuya vida, como la de todos, está plagada de problemas, de fatigas, de incertidumbres. El salmista no responde de forma radical a este sufrimiento: sabe que pertenece a la vida. Sin embargo, en los salmos el sufrimiento se transforma en pregunta.. Entre tantas preguntas, hay una que permanece en suspenso, es como un grito incesante que atraviesa todo el libro de lado a lado: “¿Hasta cuándo?”. Cada dolor reclama una liberación, cada lágrima invoca un consuelo, cada herida espera ser curada; cada calumnia, espera una sentencia de absolución”.  

“Planteando continuamente preguntas de este tipo, los salmos nos enseñan a no volvernos adictos al dolor, y nos recuerdan que la vida no se salva si no se cura, si no se sana La existencia del hombre es un soplo, su historia es fugaz, pero el orante sabe que es valioso a los ojos de Dios, por eso tiene sentido gritar”. 

“La oración de los salmos es el testimonio de este grito: un grito múltiple, porque en la vida el dolor asume mil formas, y toma el nombre de enfermedad, odio, guerra, persecución, desconfianza…Hasta el “escándalo” supremo, el de la muerte. La muerte aparece en el Salterio como la más irracional enemiga del hombre: ¿qué delito merece un castigo tan cruel, que conlleva la aniquilación y el final? El orante de los salmos pide a Dios que intervenga allí donde son vanos todos los esfuerzos humanos. Por esto la oración, ya en sí misma, es camino de salvación e inicio de salvación”.

“Delante de Dios no somos desconocidos, o números. Somos rostros y corazones, que él conoce uno por uno, por el nombre.  En los salmos, el creyente encuentra una respuesta. Él sabe que, aunque todas las puertas humanas estuvieran cerradas, la puerta de Dios está abierta. Aún si todo el mundo hubiera emitido un veredicto de condena, en Dios hay salvación.  “El Señor escucha”: a veces en la oración basta con saber esto. No siempre los problemas se resuelven. Quien reza no es un iluso: sabe que muchas cuestiones de la vida de aquí abajo quedan sin resolver, no tienen salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada la batalla, habrá otras que nos esperan. Pero, si somos escuchados, todo se vuelve más soportable. Lo peor que puede pasar es sufrir en el abandono, sin ser recordados. De esto nos salva la oración. Porque puede suceder, e incluso con frecuencia, que no entendamos los planes de Dios. Pero nuestros gritos no se quedan estancados aquí abajo: suben hasta Él. Hasta Él, que tiene corazón de Padre, llora por cada hijo e hija que sufre y que muere. Si permanecemos en la relación con Él, la vida no nos ahorra los sufrimientos, pero se nos abre un gran horizonte de bien y ésta se encamina hacia su realización”

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