28/09/2018, 16.01
VATICANO
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Papa: fortalecer las relaciones con carismáticos y pentecostales

Superar la desconfianza y los prejuicios recíprocos. “Ante todo, tenemos el deber de discernir y reconocer la presencia del Espíritu Santo en estas comunidades, tratando de construir con ellas vínculos de auténtica fraternidad”. “Evitar acomodarse en posiciones estáticas e inmutables”. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Superar la desconfianza y los prejuicios que existen en la Iglesia Católica y en algunos movimientos cristianos, con la convicción de que “la Iglesia crece en la fidelidad al Espíritu Santo, cuanto más aprende a no domesticarlo, sino a acoger, sin miedo y al mismo tiempo con un serio discernimiento, la frescura de su novedad”. Es la observación que expresó el Papa Francisco en el discurso dirigido a los participantes de la plenaria del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, reunida para desarrollar el tema: “Pentecostales, carismáticos y evangélicos: impacto sobre el concepto de unidad”.  

“El constante crecimiento de estas nuevas expresiones de vida cristiana – observó Francisco - representa un fenómeno muy significativo, que no puede ser ignorado”.  

“Ante todo – prosiguió - tenemos el deber de discernir y reconocer la presencia del Espíritu Santo en estas comunidades, tratando de construir con ellas vínculos de auténtica fraternidad. Esto será posible multiplicando las oportunidades de encuentro y superando la desconfianza mutua, a menudo motivada por la ignorancia o la falta de comprensión. Y yo quisiera ofrecerles una experiencia personal y hacer un mea culpa. Cuando yo era [superior] provincial, había prohibido a los jesuitas entrar en relación con estas personas – con la Renovación Católica - y les había dicho que más que una reunión de oración, ¡eso parecía una ‘escuela de samba’! Luego pedí disculpas, y como obispo tuve una muy buena relación con ellos, celebrando la Misa en la catedral… Pero se necesita hacer un camino para entender. Entre las actividades que pueden compartirse están la oración, la escucha de la Palabra de Dios, el servicio a los necesitados, el anuncio del Evangelio, la defensa de la dignidad de la persona y de la vida humana. En un encuentro fraterno recíproco, los católicos podremos aprender a apreciar la experiencia de muchas comunidades que, a menudo en modos distintos de aquellos a los que estamos habituados, viven su fe, alaban a Dios y dan testimonio del Evangelio de la caridad. Al mismo tiempo, ellos serán ayudados a superar los prejuicios sobre la Iglesia Católica y a reconocer que, en el tesoro incalculable de la tradición, recibida de los Apóstoles y custodiada a lo largo de la historia, el Espíritu Santo no se ha apagado ni ha sido ahogado en absoluto, sino que continúa obrando eficazmente”.

El Papa reconoció que las relaciones con dichas comunidades “no son fáciles” y que “el hecho de que no pocos fieles católicos se sientan atraídos por estas comunidades es un motivo de roces, pero puede convertirse, por nuestra parte, en un motivo de examen personal y de renovación pastoral. De hecho, son muchas las comunidades que, inspiradas en estos movimientos, viven auténticas experiencias cristianas en contacto con la Palabra de Dios y en una docilidad a la acción del Espíritu Santo, que lleva a amar, a dar testimonio y a servir. Asimismo, estas comunidades, tal como ha enseñado el Concilio Vaticano II, no están de hecho privadas de significado y de valor en el misterio de la salvación (cfr. Unitatis redintegratio, 3). Los católicos pueden acoger estas riquezas que, bajo la guía del Espíritu Santo, contribuyen en no poca medida al cumplimiento de la misión de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En efecto, la Iglesia crece en la fidelidad al Espíritu Santo en la medida en que más aprende a no domesticarlo, sino a acoger, sin miedo y al mismo tiempo con serio discernimiento, la frescura de su novedad. El Espíritu Santo es siempre novedad. Siempre. Y debemos acostumbrarnos a ello. Es novedad que nos hace entender las cosas más profundamente, con mayor luz, y nos hace cambiar muchos hábitos, incluso hábitos disciplinarios. Pero Él es el Señor de las novedades. Jesús no ha dicho que Él nos enseñará. Debemos estar abiertos a esto. Entonces, es necesario evitar acomodarse en posiciones estáticas e inmutables, para abrazar el riesgo de aventurarse en la promoción de la unidad: con fiel obediencia eclesial y sin apagar [la llama] del Espíritu (cfr 1 Ts 5,19). Es el Espíritu quien crea y recrea la novedad de la vida cristiana, y es el mismo Espíritu el que conduce todo a la unidad verdadera, que no es uniformidad. Por eso, apertura de corazón, búsqueda de la comunión y discernimiento atento, son las actitudes que deberán caracterizar, según el Espíritu, nuestras relaciones”.

Francisco también recordó varios encuentros ecuménicos recientes, definiéndolos como “de gran importancia y consuelo”. Recordó los de Bari, por el amado y atormentado Oriente Medio, y el de   Ginebra, por el septuagésimo aniversario del Consejo Ecuménico de las Iglesias, “ocasión para dar gracias a Dios por los abundantes frutos del movimiento ecuménico y para renovar nuestro compromiso irreversible en la promoción de una unidad entre los creyentes, que sea cada vez mayor”.  Francisco recordó asimismo el encuentro con los pentecostales por el 50º aniversario de la Renovación carismática católica en Roma, en el Circo Máximo, y, por último, los encuentros mantenidos durante su reciente visita a los Países bálticos, en Riga y en Tallin.

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