28/11/2018, 13.10
CHINA-VATICANO
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Sacerdote chino: La Santa Sede debe preocuparse por los obispos presos

de P. Pietro (伯铎神父)

El P. Pedro, que ha padecido varios años en prisión a causa de la fe, aconseja al Vaticano tener una mayor preocupación por la situación que atraviesan los “hermanos que aún están sufriendo”. El acuerdo sino-vaticano genera confusión. Hay dudas sobre la moralidad de los obispos ilícitos, ahora reconciliados. La estima por el Papa Francisco.

 

Beijing (AsiaNews) – “La Santa Sede debiera preocuparse por lo obispos que aún permanecen en la cárcel”: es lo que sugiere el P. Pedro, un sacerdote de China central, que en el pasado también tuvo que padecer en prisión. Si bien aprecia la misión del Papa Francisco, el sacerdote confiesa que se siente confundido frente al acuerdo sino-vaticano. Para él, es injusto colocar en un mismo plano a “los obispos que siempre se han mantenido fieles y a aquellos que fueron ordenados de manera ilícita”, y que ahora han sido perdonados por el pontífice. A continuación, transcribimos un texto del P. Pedro, un mensaje titulado: “Pensamientos contradictorios en mi corazón”.


 

Casi sin haberme dado cuenta de ello, llevo ya tres generaciones en la Iglesia. Si miro hacia atrás y pienso en estos últimos 30 años, en mi corazón encuentro sentimientos entremezclados, y me embarga la tristeza.

Durante el pontificado del Papa Juan Pablo II, aunque estábamos en un ambiente hostil y a menudo arriesgábamos la prisión, la claridad de la fe y de tantos testigos valientes hacían que se pudiese afrontar todo sin miedo.

Estudié Teología en un contexto sumamente difícil, y muchas veces tuve que ocultarme aquí y allá, comiendo polenta y rábanos en conserva, masticando arroz malcocido, cantando para alabar a Dios con himnos y preparándome siempre para un espíritu de sacrificio. La alegría del era mi recompensa, y sentía una profunda felicidad con Dios.

A pesar de que fui detenido dos veces, en los años ‘80 y ‘90, no me  retiré a causa de estos ataques, y tampoco dejé de difundir el Evangelio.

Luego de la muerte del Papa Juan Pablo II, el 2 de abril de 2005, Benedicto XVI fue electo el 19 de abril de 2005 como sucesor de San Pedro. Si bien al principio pensaba que Benedicto XVI era demasiado conservador, esto no afectó en nada mi lealtad hacia el Papa.


El rigor teológico de Benedicto XVI y su profunda espiritualidad me ayudaron a admirar la grandeza de Dios. En la época de Juan Pablo II, La Iglesia china recibió muchos privilegios. El Papa Benedicto XVI  publicó una Carta dirigida a los católicos de China fechada el 27 de mayo de 2007. La intención de dicha carta era echar luz sobre el caos que se había creado. De todas maneras, jamás vi disminuida mi confianza así como tampoco la voluntad de dar testimonio del Señor.  

El 28 de febrero de 2013, el Papa Benedicto XVI tomó la iniciativa de renunciar al pontificado, dejando al mundo consternado. Yo también sentí que me derrumbaría. El 13 de marzo de 2013, el obispo argentino Bergoglio fue electo Papa, con el nombre de Francisco. La elección de Papa Francisco enseguida dio la impresión de que comenzaba una nueva estación en la Iglesia.

Tanto para el mundo como para China, sus jugadas y estrategias a menudo han sido inesperadas. Quizás esto puede deberse a que en mí siguen hondamente impresas las indicaciones de las autoridades eclesiásticas del pasado, en lo que concierne a la Iglesia china. Quizás se deba a una comprensión excesivamente arraigada y rígida de la teología del pasado. Pero lo cierto es que el acuerdo secreto firmado por la Santa Sede y China han causado confusión y desorientación en mí.  Por el momento, no tengo intenciones de detenerme sobre la cuestión de la moralidad de los obispos legitimados, pero aún así pienso que es injusto colocar en un mismo plano a a los obispos que se han mantenido siempre fieles y a aquellos que fueron ordenados de manera ilícita.

La Santa Sede, en particular, debiera preocuparse por los obispos que aún permanecen en la cárcel, haciendo lo necesario para que estos pastores, que fueron apesados por su fe, obtengan la libertad y los derechos que ameritan. De lo contrario, estos hermanos, y todos los que aún están sufriendo, jamás sabrán si su testimonio sigue teniendo sentido.

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