Ankara confisca tierras a cristianos y yazidíes para impulsar el desarrollo energético
Muchos de estos proyectos se concentran en el sudeste del país, una zona con una alta concentración de minorías religiosas. Es el caso de la planta solar G25, proyectada en la aldea caldea de Aynwardo. El gobierno turco sostiene que se trata de un proyecto de "interés público" y debe seguir adelante. El diputado cristiano George Aryo planteó el caso (sin éxito) en el Parlamento.
Estambul (AsiaNews).- El número de proyectos para energías renovables crece rápidamente en toda Turquía, ante la creciente demanda energética y la escasez de combustibles tradicionales derivadas de la guerra en el Golfo. Analistas y activistas señalan, sin embargo, que un número significativo de estas iniciativas se concentra en el sudeste del país, una región donde viven importantes comunidades cristianas y yazidíes, que están siendo más afectadas que otras por las expropiaciones y confiscaciones de tierras. Uno de los casos más recientes es la construcción de la planta solar G25 en la aldea cristiana caldea de Aynwardo (Inwardo), conocida en turco como Gülgöze, en el distrito de Midyat.
Según las autoridades de Ankara, el proyecto se justifica con argumentos “convincentes”, como el “interés público”, la “energía nacional” y el “desarrollo”. El parlamentario cristiano George Aryo ya planteó la cuestión de la aldea yazidí de Baçinne (Güven), que enfrenta problemas similares, en un discurso ante la Gran Asamblea Nacional de Turquía.
En medio de la crisis global desencadenada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, y los reiterados cierres del estrecho de Ormuz impuestos por Teherán a los buques catalogados como “enemigos”, la escasez de petróleo y gas natural está impulsando nuevas inversiones en energías alternativas. La urgencia de esta transición se ve reforzada por la vulnerabilidad estructural de la producción energética turca, que trasciende la emergencia provocada por el conflicto en el Golfo. Turquía importa más del 80% de los recursos energéticos que necesita, lo que la hace especialmente vulnerable a las fluctuaciones de precios vinculadas a las crisis geopolíticas. En un contexto de aumento de los precios de la energía e inestabilidad regional, Ankara ha puesto en marcha una transformación económica a largo plazo.
Activistas cristianos explican que el problema no se limita a la cuestión energética. El trasfondo, añaden, es que las inversiones y los proyectos se concentran en aldeas y territorios habitados desde hace siglos por minorías religiosas cuya población está disminuyendo de forma constante. Estas comunidades, señalaron a la agencia AINA (Assyrian International News Agency) activistas que pidieron permanecer en el anonimato, se encuentran política y socialmente debilitadas, y tienen serias dificultades para hacer oír su voz y defender sus derechos.
Existe además otra preocupación urgente. Las aldeas asirias y yazidíes de la región de Tur Abdin figuran entre los asentamientos más antiguos de la zona y albergan importantes lugares de culto. En los últimos años han atraído a un número considerable de turistas nacionales e internacionales, contribuyendo de manera significativa al desarrollo regional. “Los proyectos energéticos de gran escala previstos —denuncian las fuentes— terminarán provocando graves perjuicios al turismo”.
La controversia por la expropiación de tierras se inscribe en un patrón más amplio de abusos y violaciones contra la comunidad cristiana, considerada desde hace tiempo la minoría más perseguida del país. Un informe de 2024 de la Freedom of Belief Initiative documentó decenas de ataques violentos vinculados a "delitos de odio", con una incidencia particularmente elevada entre cristianos y judíos. Entre los episodios más frecuentes figuran los ataques contra cementerios, lugares de culto, viviendas y escuelas pertenecientes a comunidades religiosas.
La región de Tur Abdin es conocida desde hace tiempo como una “tierra de nadie”. La mayoría de sus aldeas quedaron despobladas durante la década de 1990, lo que obligó a sus habitantes a emigrar a distintas partes del mundo, especialmente a Europa. Hoy, cuando resurgen las esperanzas de regresar a sus aldeas de origen, las tierras agrícolas y las tierras de pastoreo de las que depende la subsistencia de estas comunidades están siendo destinadas a grandes proyectos energéticos. La situación se ve agravada por la escasa influencia política que cristianos y yazidíes tienen en Ankara.
Los habitantes de Aynwardo han denunciado en reiteradas ocasiones el impacto negativo que la planta solar G25 tendrá sobre las tierras de pastoreo, los recursos hídricos y la producción agrícola local. Pero las objeciones de la población son sistemáticamente ignoradas. El problema central, afirman, “no es la energía renovable en sí misma, sino el proceso de toma de decisiones sin el consentimiento de la población y la destrucción de los espacios vitales de las aldeas”. “Si realmente el objetivo fuera el interés público —añaden—, se habrían evaluado ubicaciones alternativas, porque el desarrollo no puede ignorar la historia, el medio ambiente y la vida de un pueblo”.
“Lo que hoy ocurre en las aldeas de Aynwardo y Baçinne podría repetirse mañana en cualquier otra comunidad cristiana o yazidí”, concluyen las fuentes. Por eso, afirman, “se deben reconsiderar de inmediato los proyectos energéticos, mineros y similares. Las aldeas de las minorías no se pueden considerar zonas económicamente débiles y vulnerables, sino sitios históricos, culturales y patrimoniales que deben ser protegidos”.
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