El auge de las drogas y los centros de estafas: las mismas manos criminales en el Sudeste Asiático
Según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito, las redes transnacionales han construido una economía capaz de producir simultáneamente estupefacientes a escala industrial, gestionar fraudes digitales, blanquear capitales e infiltrarse en los lucrativos mercados de Japón y Corea del Sur. Las incautaciones de drogas alcanzaron un máximo histórico por tercer año consecutivo.
Bangkok (Tailandia) - Cuando en enero de este año se desmantelaron 16 laboratorios de producción de drogas en el estado de Shan, al norte de Birmania, las autoridades locales no solo encontraron casi 2,5 toneladas de metanfetamina cristalina, 500 litros de metanfetamina líquida y 93 toneladas de diversas sustancias químicas. A menos de 800 metros de distancia también operaba un centro de estafas en línea, un scam center, equipado con terminales satelitales Starlink, las mismas que utilizan los grupos que integran la oposición armada al régimen birmano. Dos industrias ilegales distintas, la síntesis de drogas sintéticas y las estafas digitales, que operan en simbiosis compartiendo las mismas protecciones.
Según el reciente informe publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), esta convergencia se produce desde hace años en las regiones del bajo Mekong, pero solo recientemente se ha confirmado. Las organizaciones criminales transnacionales diversifican sus inversiones entre el narcotráfico, los fraudes informáticos y el juego de azar en línea —ilegal en China (país del que suelen proceder estos grupos criminales)—, aprovechando las mismas zonas grises del control político a lo largo de las fronteras del Sudeste Asiático.
Un artículo publicado hoy en Nikkei Asia confirma las conclusiones del informe “Synthetic Drugs in East and Southeast Asia”, que investiga las vinculaciones entre las redes de ilegalidad del Sudeste Asiático y Asia Oriental. La policía de Tokio detuvo hace pocos días a Hu Shi, de 44 años, ciudadano chino de nacimiento pero con pasaporte chipriota. Se cree que es un alto ejecutivo del Prince Holding Group, un conocido conglomerado fundado por Chen Zhi, sancionado por Estados Unidos y Gran Bretaña por sus actividades vinculadas a los scam centers, centros que atraen a jóvenes trabajadores con falsas promesas de empleo y luego los retienen y fuerzan a realizar estafas en línea. Cuando Chen Zhi fue arrestado en Camboya en enero de 2025 y posteriormente extraditado a China, su presunta mano derecha solicitó la residencia permanente en Japón. Es la misma trayectoria que se describe en el informe de la UNODC: los beneficios derivados de la economía criminal en el Sudeste Asiático están intentando penetrar en los mercados de Asia Oriental, especialmente en Japón y Corea del Sur.
Las cifras de un problema en alarmante crecimiento
Los datos que presenta el informe retratan una situación alarmante. Por tercer año consecutivo, las incautaciones de metanfetamina alcanzaron un máximo histórico en los países del Mekong y Asia Oriental: 349 toneladas en 2025, un aumento del 48% respecto a las 236 toneladas de 2024. Si se compara con años anteriores, en 2015 se habían incautado 65 toneladas, y en 2005, apenas 9,2. Según la UNODC, esta tendencia refleja una mejora en la capacidad de control, pero a su vez pone en evidencia la increíble capacidad de producción de drogas sintéticas, frente a la cual las fuerzas del orden tienen dificultades para actuar.
El 94% de las incautaciones (327 toneladas) se produjeron en el Sudeste Asiático, de las cuales tres cuartas partes correspondieron a la región del bajo Mekong (Camboya, Laos, Myanmar, Tailandia y Vietnam). Los decomisos de metanfetamina cristalina en 2025 aumentaron un 75% respecto al año anterior, pasando de 102 a 180 toneladas; los de pastillas de yaba (como se denomina localmente a las tabletas de metanfetamina) aumentaron un 28%, llegando casi a los 1.900 millones de comprimidos. Tailandia por sí sola interceptó 1.200 millones, el 62% del total regional, mientras que en Laos se recuperaron 245 millones de pastillas y en Myanmar 377 millones, un aumento del 66% con respecto a 2024.
En cuanto a la ketamina, el salto es aún más drástico: 52,5 toneladas incautadas en 2025, un 185% más respecto a las 18,4 toneladas de 2024. Malasia y Myanmar concentran juntos el 60% del total. Las incautaciones regionales de éxtasis superaron los 24,9 millones de comprimidos, y Malasia se ha convertido en el principal centro de distribución (hub), con 14,9 millones de pastillas decomisadas, un aumento del 156% interanual.
La metanfetamina sigue siendo, sin embargo, la droga con mayor demanda en la región: representa el 87% de los arrestos en Tailandia, el 82,3% en Indonesia y el 96,5% en Filipinas. Y también supera el 90% de los ingresos en tratamiento de adicciones en Brunéi, Camboya, Laos y Filipinas. En Tailandia, el número de personas en tratamiento por ketamina se ha cuadruplicado desde 2021 (2.101 casos en 2025). En Vietnam, los casos tratados se han más que duplicado entre 2023 y 2024 (de 4.319 pasaron a 10.169). En Hong Kong, el 35% de los consumidores de ketamina son mujeres (una proporción superior a la registrada entre los consumidores de heroína, éxtasis y metanfetamina), y en Singapur el 33,3%.
La guerra de Birmania, principal facilitadora del tráfico ilegal
La operación de enero de 2026 en el Estado de Shan, entre los municipios de Hsipaw y Mongyai —la mayor jamás llevada a cabo por las autoridades de Myanmar contra laboratorios clandestinos—, reveló una capacidad de producción que va mucho más allá de la síntesis básica. En los tres emplazamientos principales se recuperaron 38 sustancias químicas diferentes. Los laboratorios eran capaces de sintetizar metanfetamina a través de dos rutas químicas distintas: la primera, ya documentada desde hace tiempo, comienza con efedrina y pseudoefedrina (sustancias presentes en los medicamentos comunes para el resfriado y por lo tanto sujetas a controles cada vez más estrictos en las farmacias de todo el mundo). La segunda utiliza la fenilacetona, una vía alternativa desarrollada precisamente para eludir los controles sobre la efedrina.
Pero los laboratorios también estaban equipados para producir los precursores iniciales in situ, sin necesidad de importarlos desde el exterior: el ácido fenilacético (sustancia química sujeta a controles internacionales porque se puede transformar en fenilacetona) se utiliza para sintetizar metanfetamina. El cianuro de bencilo —las 20 toneladas incautadas constituyen una cantidad enorme— es el precursor inicial de una de las cadenas químicas que conducen, una vez más, a la fenilacetona, y por tanto a la metanfetamina. No está clasificado como sustancia controlada a nivel internacional, lo que explica por qué es relativamente fácil de conseguir.
De estos laboratorios en el norte de Myanmar parten varias rutas, pero las principales son dos: una hacia Tailandia (en la frontera se han desmantelado plantas dedicadas a las etapas finales de producción, envasado y distribución muy cerca de la frontera) y una segunda ruta, menos documentada, que pasa por el Estado de Rakhine, uno de los epicentros de la guerra civil birmana, y desde allí continúa hacia Bangladés y el noreste de la India, otra región afectada por conflictos interétnicos.
La diversificación de las rutas marítimas de un mercado global
En 2025 se interceptaron buques cisterna, pesqueros y transbordadores extranjeros con cargamentos de varias toneladas: 2.400 kg frente a Rayong, en la costa tailandesa; 2.100 kg en las islas Riau, en Indonesia; 1.572 kg en el mar de Malasia oriental; y 2 toneladas en Bangkok listas para el embarque hacia Koh Samui, archipiélago de Tailandia. La variedad de embarcaciones que se utilizan no es casual. Filipinas, con 1.500 kg incautados en Zambales en junio de 2025, también confirma la expansión del tráfico marítimo en la región, por donde pasan metanfetaminas provenientes de México, Canadá, EE. UU., Afganistán, Sudáfrica, Nigeria y Guinea.
Mientras en el Sudeste Asiático los precios de venta al público de la metanfetamina cristalina se desploman —13,5 dólares por gramo en Tailandia, 5,5 en Myanmar—, en Japón un gramo cuesta 508 dólares y 400 en Corea del Sur. Es fácil comprender por qué los grupos criminales están intensificando sus intentos de penetración en estos mercados. En Japón, las incautaciones a pasajeros de aerolíneas aumentaron a 664 kg en 2025, un 92,5% más que el año anterior, otro máximo histórico, aunque la mayor parte de las sustancias estupefacientes procedía de América del Norte. Corea del Sur también registró el récord absoluto de ketamina incautada (140 kg, +57%), y la mayoría de los envíos procedían de Europa.
Las nuevas drogas: etomidato, vapeo y 'happy water'
Además de las drogas tradicionales, el informe señala tres tendencias que pueden complicar aún más la lucha contra este fenómeno en los próximos años. El etomidato, un anestésico hipnótico utilizado en medicina, se ha convertido en una droga de uso generalizado en toda la región después de 2021, distribuida principalmente a través de cigarrillos electrónicos. Se han incautado instalaciones en Tailandia (operadas por una red criminal china), Indonesia y Vietnam. En Singapur, solo en el primer semestre de 2025, las muestras de vapeo que contenían etomidato ya superaron el total de todo 2024.
En términos generales, los cigarrillos electrónicos se han convertido en una herramienta para consumir una gama amplísima de sustancias ilícitas: metanfetamina, MDMA, ketamina, cannabinoides sintéticos, catinonas sintéticas, triptaminas y DMT. Y la llamada “happy water” —una mezcla de MDMA, ketamina, benzodiacepinas y cafeína— ya está disponible en todo el Sudeste Asiático. En 2025, concluye el informe de la UNODC, también hizo su aparición en formato líquido y en latas, y ya no solo como polvo para disolver.

