Lágrimas y miedo entre los cristianos del sur del Líbano
Pese a la creciente tensión, los habitantes se resisten a abandonar sus hogares como ha ordenado el Estado judío. El obispo de Batroun critica -sin mencionarlo directamente- a Hezbollah, que “atrae” deliberadamente los ataques israelíes sobre casas y campos que ahora corren el riesgo de ser invadidos. También se critica al gobierno de Beirut por una actitud demasiado servil y pasiva. Una activista explica a AsiaNews: “Si nos vamos, el sur está perdido”.
Beirut (AsiaNews) - En un análisis de los doce días de guerra entre Israel y Hezbollah, el general Khalil Gemayel, oficial retirado del ejército libanés, explica a AsiaNews: “Aunque aparentemente hasta ahora estamos presenciando una serie de incursiones puntuales, nos encontramos ante la primera fase de una invasión. En la doctrina militar, cuando se pide a la población que evacúe aldeas enteras, significa que se ha programado una operación terrestre de gran envergadura”. Sin embargo, prosigue el alto oficial, “pese al miedo, muchos habitantes de las aldeas cristianas fronterizas se niegan a dejar sus casas” como ha ordenado el ejército israelí, convencidos de que, si lo hacen, “no podrán volver nunca más a sus tierras”.
Hace pocos días se realizó una conferencia de prensa en el Centro Católico de Información (CCI) que contó con la presencia de Fouad Abounader, ex jefe de las Fuerzas Libanesas, cerca de veinte administradores y alcaldes de las aldeas afectadas, y el obispo maronita de Batroun, Mons. Mounir Khairallah. El prelado, que también es presidente de la comisión episcopal para la información de la APECL (Asamblea de Patriarcas y Obispos Católicos en el Líbano), explicó que estas órdenes de evacuación son consecuencia indirecta de la guerra entre Hezbollah y las fuerzas israelíes. Aunque evitó nombrar al partido proiraní - cuyas actividades militares y de seguridad han sido declaradas ilegales -, Mons. Khairallah criticó a los combatientes chiíes por el uso indiscriminado de viviendas y campos, lo que atrae ataques de represalia sobre las aldeas cristianas.
Situación ambigua
Ha sido precisamente esta “situación ambigua” la que le costó la vida al sacerdote de Qley’a, el P. Pierre el-Rahi, y al hermano del párroco de Alma el-Chaab, Sami Ghafari, explicó el obispo, y se teme que esa persecución provoque “la huida de todos los cristianos” de las doce aldeas en la frontera sur del Líbano, después de haber causado ya el desplazamiento forzado de la población de las dos aldeas de Kaouzah y Alma el-Chaab.
Pobladas por cristianos en su mayoría maronitas, estas aldeas —cuyo número total de habitantes se estima en 75.000 durante los meses de verano— estas aldeas han resistido a todas las guerras libradas en estas regiones desde 1948, explicó la vicejefa de la comuna de Rmeich durante la rueda de prensa. “Dejamos nuestras casas confiadas a la Providencia y a la intercesión de la Virgen María y de los santos, que velarán por ellas a la espera de nuestro seguro regreso”, añadió el jefe de la comuna de Alma el-Chaab, Chadi Sayah, quien se vio obligado a marcharse, junto con sus vecinos, en un convoy escoltado por la misión de UNIFIL.
Tres muertos en Aïn Ebel
Con el corazón roto, Fouad Abounader nos cuenta por teléfono que tres hombres de Aïn Ebel, entre ellos un pariente cercano del ex patriarca maronita Antoine Khoreiche, murieron ayer en un ataque con drones mientras instalaban una antena parabólica en el tejado de su casa. “Tuvimos que contactar urgentemente con los equipos de rescate para poder recuperarlos. Los encontramos sumergidos en un charco de sangre. La noticia conmocionó a la aldea y sembró dudas y temores en los corazones de todos aquellos que contaban con una relativa neutralidad, sobre todo con respecto a Hezbollah, para no tener que abandonar sus aldeas”, prosiguió Abounader. Quien habla es un antiguo señor de la guerra, ahora convertido al trabajo humanitario y social a través de la ONG Nawraj, cuyo objetivo principal es frenar el éxodo rural de las aldeas cristianas periféricas.
Durante la rueda de prensa en el CCI intervino otro responsable de las aldeas del sur, quien señaló que “los mismos israelíes demuestran que no saben qué quieren en realidad”. De hecho, aunque su ministro de Defensa Israel Katz anunció ayer que el gobierno ha pedido al ejército que “amplíe su despliegue dentro del territorio libanés”, no parece que se haya fijado una fecha todavía. Al mismo tiempo, Katz advirtió contra la inercia del poder libanés y aseguró que, de lo contrario, su país “tiene la intención de apropiarse” de partes del territorio libanés.
El presidente francés Emmanuel Macron y muchos otros como él en Israel, desaconsejan este despliegue y la eventual creación de una zona de amortiguamiento. Desde el punto de vista militar, prolongará la guerra y ofrecerá a Hezbollah nuevas oportunidades para atacar al ejército que los enfrenta, explican los expertos militares, y recuerdan que Israel ya tuvo esta desagradable experiencia antes de abandonar esa franja fronteriza en el año 2000.
Miedo a una intervención militar
Según lo que informa la prensa israelí, la intervención militar que teme la población civil libanesa no sería inminente, y son muchos los que así lo esperan. Para apoyar esta impresión, se cita el lanzamiento de un centenar de cohetes por parte de Hezbollah, coordinado con un lanzamiento de misiles iraníes. Estos lanzamientos saturaron las capacidades del sistema Iron Dome y permitieron que los proyectiles iraníes alcanzaran el norte del Estado judío en una operación aparentemente “éxitosa”, y en respuesta a la cual el ejército israelí ha jurado venganza.
Para muchos observadores, esto explica la serie de acontecimientos ocurridos la noche entre el 11 y el 12 de marzo y en la jornada de ayer, con la ampliación del radio de acción de las incursiones y los ataques con drones en Beirut. Ayer, un dron lanzado sobre el campus de la Universidad Libanesa, cerca de Leylaki, un barrio de la periferia sur, mató al decano de la Facultad de Información, Hussein Bazzi, y a su asistente. Ese mismo día, un dron mató a 12 personas en una playa de arena de Beirut, Ramlet el-Beida, donde se habían refugiado algunas familias que huían de la periferia.
Otro ataque en Aramoun también diezmó a una familia de cinco personas, y dos edificios de los barrios de mayoría musulmana de Beirut, Bachoura y Zokak el-Blatt, fueron bombardeados; en uno de ellos se encontraba la bóveda del banco de Hezbollah, al-Qard al-Hassan. “Qué se le va a hacer, es la guerra, no hay lugares neutrales”, comenta a AsiaNews una fuente eclesiástica que pide el anonimato. Para Mons. Elie Haddad, obispo greco-católico de Tiro, entrevistado por Télé-Lumière, “en este momento hay que ser más serpientes que palomas”.
Ira y amargura
Al sufrimiento de tener que abandonar sus hogares, se suma en los corazones de la gente la amargura y la ira por la “pasividad” del Estado libanés. “En el funeral del P. Raï, el ejército se desplegó en Kley’a. ¿Por qué no lo hacen todos los días?”, se pregunta la jefa de su municipio, Hanna Daher, quien también se interroga sobre el motivo por el cual los militares se retiraron de algunos puntos hacia los que avanzaba el ejército israelí.
Fouad Abounader, por su parte, pide una estación de gendarmería en cada aldea y una ruta de suministro segura. El funcionario también señala la partida anticipada de la misión de la ONU (UNIFIL) a finales de 2026, como argumento para sus pedidos. Para un administrador de Rmeich la hora es fatídica: “Si nos vamos, si el sur se pierde, ¡se perderá todo el Líbano!”. En realidad, ese es un tono demasiado sombrío, según el nuncio apostólico mons. Paolo Borgia, quien, junto con Fouad Abounader, hoy está realizando una gira por el sur del Líbano. El prelado visitará seis concentraciones urbanas, entre ellas Marjeyoun, Kley’a, Deir Mimas, Ebl el Saki, Kawkaba y Rachaya el-Foukhar, para verificar la situación y las dificultades de la población.
17/12/2016 13:14
29/01/2026 15:21


