07/02/2026, 14.39
MUNDO RUSO
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La Rusia hacia atrás en el futuro

de Stefano Caprio

Según el eslogan de los ideólogos de Putin, sólo basándose en los principios originarios de la civilización y en los valores tradicionales hoy se puede construir con eficacia el futuro del país. Por su parte el patriarca Kirill sostiene que es necesario fortalecer "no solo la soberanía del Estado, sino también la espiritual". Para hacer de Rusia "un arca universal de salvación" para todos.

 

Como cada año, en las semanas posteriores a las fiestas de enero se realizaron en Rusia las XXXIV “Lecturas Navideñas”, Rozhdestvenskye Chtenija, una serie de encuentros y conferencias en el ámbito eclesiástico, social y político para debatir las perspectivas de la Iglesia y del país en el campo de la cultura y la educación. En los años noventa estos encuentros reunían a todos aquellos que consideraban el renacimiento religioso de Rusia como un gran espacio de diálogo entre el pasado ateo y el futuro de las comunidades, no solo de la Iglesia ortodoxa, sino también de las otras confesiones y religiones, y entre los diferentes enfoques teológicos y de espiritualidad, mientras que hoy se concentran en las grandes visiones del patriotismo ortodoxo de Estado.

Uno de los eventos más concurridos fue el congreso que se llevó a cabo en el Centro Nacional Rossija de Moscú sobre el tema “Hacia atrás en el futuro”, organizado por el movimiento ultraconservador Sorok Sorokov, “Cuarenta cuarentenas” (nombre que recuerda las iglesias moscovitas del pasado) junto con el departamento sinodal del patriarcado de Moscú para las relaciones con la sociedad y los medios de comunicación. Participaron más de 60 ponentes y miles de oyentes, miembros del clero y políticos, diputados y deportistas famosos, así como expertos en demografía, cultura y educación. El propósito era profundizar en el tema que  plantea uno de los últimos decretos del presidente Vladimir Putin sobre los “Objetivos nacionales de desarrollo de la Federación Rusa”, a partir de la milenaria experiencia del camino espiritual de Rusia.

“Hacia atrás en el futuro” es la definición del enfoque fundamentalista que se quiere consolidar en la conciencia de los rusos, según el cual sólo basándose en los principios originarios de la civilización y en los valores tradicionales transmitidos por los antepasados se puede construir con eficacia un futuro del país que corresponda a los objetivos nacionales contemporáneos. El moderador Andrej Kormukhin, fundador del movimiento de las Cuarentenas, declaró que “Rusia está al comienzo de un camino nuevo y grande para afirmarse como país civilizador, en el centro de los polos del mundo multipolar, gracias a su milenaria bogotsentrichnost [la “centralidad divina”]”. En su opinión, sólo con el renacimiento de esta gran historia se podrá “corregir la situación demográfica, el clima ético-moral y la vida social y económica, para pasar de una sociedad de consumo que genera vicio y corrupción a una relación social basada en la justicia y la solidaridad”.

La vicepresidenta de la Duma, Anna Kuznetsova, afirmò que “estamos llamados a hacer realidad el objetivo de la custodia del pueblo [otro neologismo de la narodosberezhenie] como propósito nacional, que solo puede ser alcanzado por un Estado soberano que reivindica ese derecho”, sobre todo para “garantizar un futuro feliz y estable para nuestros hijos”. El gobernador de la región de Vologda, el ultraconservador Georgij Filimonov, presentó el programa regional “Familia: piedra angular de la Rusia del Norte”, que el año pasado alcanzó por primera vez el objetivo de aumentar los nacimientos de “primeros hijos” gracias a la “profilaxis contra el aborto”, a la limitación de la venta de alcohol y cigarrillos electrónicos y a las ayudas financieras que se concede a las jóvenes, incluso menores de edad, dispuestas a quedar embarazadas.

El arzobispo de las islas Sajalín y Kuriles en el Extremo Oriente, Nikanor (Anfilatov), explicó que la función de país civilizador de Rusia “se basa no solo en las normas del derecho, sino sobre todo en los fundamentos espirituales”, y que los desafíos del presente sólo se pueden afrontar “restableciendo la ley moral en el corazón de las personas, para fortalecer el pacto social”.  Vakhtang Kipshidze, vicepresidente del Departamento Sinodal, añadió que "debemos ofrecer una lectura cristiana de las de las cuestiones más acuciantes de la actualidad, como la inteligencia artificial”. E hizo una comparación con la Rusia del siglo XV, la época del renacimiento tras el Yugo Tártaro, “cuando no existía la IA, pero se vio cómo todo puede cambiar, y debemos prepararnos para no sucumbir a las nuevas tecnologías”. El presidente de la comisión patriarcal para la familia, el padre Feodor Lukyanov, recordó el llamamiento del patriarca Kirill a luchar contra los rituales de magia y ocultismo, que “difunden sentimientos radicales y hostiles hacia el ministerio de los sacerdotes” y provocan una degradación espiritual de la sociedad “con la publicidad obsesiva de estas prácticas”, que siempre han estado muy difundidas en Rusia desde la coexistencia del Bautismo cristiano y los antiguos ritos paganos.

El trabajo del congreso se dividió en varias áreas temáticas, la primera de las cuales fue “Familia: superación de la mentalidad egocéntrica y regeneración de la mentalidad sobornica [del concepto de sobornost, “comunión universal”]”. Numerosos especialistas en demografía y políticas de familia señalaron que “la crisis de la familia es en gran medida una crisis de significado” y por lo tanto requiere “la restauración de la jerarquía de valores, anteponiendo la responsabilidad común y el sacrificio amoroso a la comodidad personal”. Por eso los subsidios para la familia no deben ser solo una ayuda material, sino “soportes de la estructura espiritual”. Otras sesiones plantearon temas como “La Ortodoxia y el deporte”; “Familia, casa e hijos” en el ámbito de la construcción familiar urbana y rural; “Futuro de la juventud”; “Renacimiento de la Santa Rus' en el campo de la cultura” y “Función de los empresarios tradicionalistas en el redescubrimiento de la Santa Rusia”.

El momento central de todas las iniciativas de las Lecturas Navideñas fue la intervención del patriarca de Moscú Kirill (Gundyaev) en la sesión plenaria de la Duma y del Consejo de la Federación, una variante “institucional” que recién se introdujo en este evento en los últimos años a fin de poner de relieve “el esfuerzo conjunto de la Iglesia y los representantes del poder legislativo, que comparten la responsabilidad del destino del pueblo”, como señala el patriarca. Es necesario “fortalecer no solo la soberanía del Estado, sino también la espiritual, para que el pueblo crezca moralmente en la expresión de su potencial intelectual, cultural y creativo”, proclama Kirill, para alcanzar una salvación que no remita a un futuro Reino de los Cielos, porque “este comienza aquí, en la tierra”. Y si, por el contrario, el hombre “tiene el infierno en el alma y su conciencia vive en la oscuridad”, ese estado miserable continuará por toda la eternidad.

El patriarca profundiza en la función de la Iglesia de colaborar con el Estado, “naturalmente con aquellos representantes del poder que concuerdan con la defensa de los valores tradicionales”, porque si bien la Iglesia no participa directamente en la lucha política, “no se sustrae a la lucha para afirmar la verdad divina, incluso en abierta discusión con aquellos que la cuestionan”. Por lo tanto, en la “sinfonía” de los poderes la Iglesia debe intervenir para explicar y defender la “soberanía espiritual” que conviene no solo a las instituciones estatales, sino “a toda la sociedad civil y a todos los verdaderos patriotas de Rusia”. A estos se suman también numerosos ciudadanos de otros países que desean venir a vivir a Rusia, porque en su país “corren el riesgo de perder el trabajo, o incluso terminar en la cárcel, por defender los principios morales”. Por eso Rusia debe asumir la responsabilidad de ser “el arca universal de salvación” para todos. Kirill asegura que “esto no es algo que yo he imaginado, una idea que se formó en mi mente cuando escribía este texto, sino que son cosas que me han contado personas que viven en países de Europa occidental”. El patriarca agradece a Dios la decisión del presidente Putin, en agosto de 2024, de firmar el decreto de bienvenida a los extranjeros que comparten los valores de Rusia y “no están de acuerdo con la ideología neoliberal que se les impone”.

La colaboración entre la Iglesia y el Estado, por tanto, resulta particularmente necesaria en los tiempos actuales de la operación militar especial, asegura el patriarca, “cuando nuestros soldados afrontan la muerte todos los días y deben responder a la pregunta fundamental para todo ser humano sobre el sentido de la vida, defendiendo heroicamente los valores fundamentales para nuestro pueblo, la verdad, el bien y la justicia”. Recordando su sacrificio “nosotros no tenemos derecho a sucumbir al miedo y la pereza, como lamentablemente sucede con una parte consistente de nuestra población”, afirma aludiendo a la generalizada política de indiferencia a todo lo que sucede, típica de los ciudadanos de Moscú y San Petersburgo y todas las grandes ciudades de Rusia, donde se vive la sensación de estar ya en el Reino de los Cielos. El patriarca recomienda luego a los políticos que resuelvan la cuestión del estatus de los capellanes militares, “indispensables para sostener los esfuerzos de la operación militar especial”, a menudo marginados por los “círculos militares que se ocupan del entrenamiento y la formación”, mientras que “¿quién otro puede encontrar las palabras adecuadas para confortar a los que enfrentan la muerte?”.

Para justificar esta insistencia en la presencia de la Iglesia dentro del ejército, el patriarca Kirill recuerda “toda la historia de las fuerzas armadas de Rusia”, remontándose hasta los monjes guerreros que envió san Sergio de Radonezh para acompañar al príncipe Dmitri Donskoj en la batalla de Kulikovo de 1380, cuando por primera vez los rusos derrotaron a los tártaros poniendo en evidencia el papel salvífico de la Santa Rusia. El último tema al que se refirió fue la necesidad de excluir la vulgaridad del lenguaje común de los rusos, lo que pareció una velada crítica a las expresiones “callejeras” que suele usar el presidente Putin, y que en el fondo son también una herencia de la lengua rusa del pasado (casi todas las palabrotas rusas más frecuentes se encuentran en las cartas del siglo XVI de Iván el Terrible). En resumen, la Iglesia y el Estado en Rusia intentan caminar juntos hacia atrás en el futuro, pero también hacia adelante en el pasado.

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