23/01/2026, 16.22
CHINA
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La carrera de obstáculos de las periodistas chinas

de Andrea Ferrario

Las organizaciones feministas también están desde hace tiempo en el punto de mira de la represión de Beijing. Por eso las oportunidades que ofrecen las redacciones tradicionales se han reducido drásticamente para las mujeres, mientras que los espacios alternativos online se encuentran expuestos a una presión constante. El caso de Haze Fan, secretaria de redacción para Bloomberg en Beijing, y de Zhang Zhan, la bloguera que relató el Covid en Wuhan y ha sido nuevamente encarcelada.

 

Milán (AsiaNews) - En las pocas redacciones chinas que todavía practican un periodismo de investigación, las mujeres siguen estando ampliamente infrarrepresentadas en comparación con sus colegas varones. Para aquellas que intentan ocuparse de cuestiones de género o desempeñar plenamente su trabajo, los obstáculos van mucho más allá de la censura generalizada. Se vive una cultura editorial profundamente dominada por los hombres y condiciones laborales cada vez más fragmentadas y precarias. Esta situación es el resultado de un proceso que comenzó hace más de una década, durante el cual las autoridades chinas han ido desmantelando progresivamente la infraestructura de los medios más progresistas y de las organizaciones feministas. Desde el arresto de las Feminist Five en 2015 hasta la prohibición de Feminist Voice tres años después, y el cierre de la cuenta en Weibo de Women Awakening Network, que publicó su último post en 2021, el espacio para un activismo organizado de las mujeres se ha estrechado hasta reducirse casi a cero. En efecto, en este momento que exista una organización de mujeres que trabaje en el terreno de los derechos y formalmente registrada se ha vuelto prácticamente imposible.

La trayectoria profesional de Li Sipan ofrece una mirada desde el interior de esta realidad. Periodista y activista, ha vivido tanto la etapa de expansión de los medios comerciales como su progresiva represión. Cuando en 2007 se incorporó al departamento de investigación del prestigioso Southern Metropolis Daily era una de las dos únicas mujeres en una redacción de aproximadamente treinta personas. En aquella época el Nanfang Media Group, al que pertenecía el diario, era considerado el grupo mediático más progresista de China, y sin embargo en su interior la brecha de género seguía siendo marcada. Las cenas de redacción se caracterizaban por competencias de bebida entre hombres y por conversaciones que incomodaban a sus colegas mujeres, y los reportajes más prestigiosos, los que permitían construir una reputación profesional, eran asignados casi exclusivamente a los varones.

La cultura de las redacciones y la brecha invisible

La división del trabajo reflejaba estereotipos de género arraigados. Los reportajes sobre temas sociales y cuestiones legales requerían a menudo tratar con funcionarios locales en contextos informales, en el ámbito de los cuales el acoso sexual era frecuente. Los periodistas varones hablaban y bebían con estos funcionarios hasta que forjaban relaciones informales de confianza, que luego se traducían en informaciones confidenciales. Las mujeres, en cambio, debían afrontar encuentros que las incomodaban profundamente, marcados por el acoso y los chistes vulgares. Li Sipan prefería conformarse con resultados menos perfectos antes que someterse a tales situaciones.

El encuentro con Ai Xiaoming, profesora y activista feminista, marcó un punto de inflexión en la trayectoria de Li Sipan, como ella misma puso de relieve en una entrevista al China Media Project. De un curso de capacitación organizado por Ai Xiaoming sobre el tema de medios de comunicación y género nació Women Awakening Network, fundada por doce profesionales de los medios de Guangzhou. Desde el principio la organización adoptó un enfoque pragmático, orientado a poner en contacto a los periodistas con fuentes competentes sobre cuestiones de género y con activistas, más que impartir lecciones de ética profesional. El objetivo era visibilizar el activismo femenino en el espacio público de Guangzhou a través de conferencias, exposiciones, seminarios y eventos.

A diferencia de las organizaciones de mujeres que había en el norte de China, a menudo lideradas por figuras provenientes de los medios oficiales o de think tanks del gobierno, y que por lo tanto tenían necesidad de mantener buenas relaciones con las autoridades, Women Awakening Network siguió una línea más directa y autónoma. Las mujeres del norte describían las iniciativas de Guangzhou como particularmente incisivas. El trabajo que llevó a cabo la organización a lo largo de una década contribuyó a crear un contexto favorable y, cuando surgieron nuevas generaciones de activistas en 2012, los medios locales contaban ya con un núcleo de periodistas interesadas en el tema y con un conocimiento básico del funcionamiento de las organizaciones por los derechos de las mujeres.

Represión y fragmentación

En 2014, a raíz de un caso de acoso sexual en el ámbito universitario, Women Awakening Network lanzó una campaña de ocho meses para apoyar a las víctimas y trabajar con académicos en la traducción de políticas contra el acoso sexual adoptadas en otros lugares. En aquellos años los medios tradicionales sufrían el colapso del mercado publicitario y muchos periodistas veteranos abandonaban la profesión. Las plataformas online ofrecían mayor flexibilidad y se mostraban más abiertas a aceptar contribuciones provenientes de organizaciones no gubernamentales.

 

La situación cambió radicalmente en 2017, con la entrada en vigor de la ley sobre las ONG, que hizo el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil cada vez más riesgoso. Li Sipan fue obligada por las autoridades a abandonar Women Awakening Network y se dedicó a la enseñanza. Aunque ha considerado muchas veces dejarla debido al estrés y los riesgos personales, lo que la mantiene en actividad es el sentido de realización que deriva de la posibilidad de transmitir algo que considera importante.

Actualmente el movimiento de las mujeres ha sido suprimido de forma capilar y las autoridades invierten enormes energías en controlar su difusión. Se puede discutir cuestiones que van desde la violencia doméstica hasta las menos comprometidas como el costo de las ceremonias matrimoniales, pero todo lo que toca la ideología o las instituciones estatales está estrictamente vigilado. El caso de acoso sexual de Liu Qiangdong, una empresaria privada, todavía se puede discutir, pero el de Zhu Jun, figura destacada de los medios estatales, sigue siendo tabú.

Las mujeres que intentan hacer periodismo en China se enfrentan a riesgos múltiples. Es emblemático el caso de Haze Fan, secretaria de redacción china para Bloomberg en Beijing. En 2020 fue llevada por agentes del Ministerio de Seguridad del Estado con la acusación de haber puesto en peligro la seguridad nacional. Recuperó la libertad en 2022 e intentó retomar el trabajo periodístico en Hong Kong, pero se le negó la visa. Su historia pone en evidencia la especial vulnerabilidad de las mujeres que trabajan en una redacción, que en la práctica desempeñan funciones periodísticas de pleno derecho pero, no obstante, no disponen del estatus profesional ni de las protecciones garantizadas a los que tienen una credencial de periodista.

Más allá de las organizaciones, la represión también afecta a las que operan individualmente. Periodista, ciudadana y cristiana practicante, Zhang Zhan había documentado la respuesta inicial al COVID-19 en Wuhan, un trabajo que ya le había costado una condena a cuatro años de cárcel. En septiembre de 2025 fue nuevamente procesada en Shanghai y condenada a otros cuatro años - en un juicio del cual fueron excluidos diplomáticos y observadores internacionales - acusada de haber difundido en las redes sociales extranjeras «información falsa que dañan gravemente la imagen nacional».

El caso de Zhang Zhan muestra cómo la represión no afecta solo al feminismo organizado, sino también, de forma más general, a periodistas y activistas independientes que operan al margen de las estructuras reconocidas. Tras años de trabajo informal y de sensibilización, muchas demandas vinculadas a los derechos de las mujeres ya han entrado ampliamente en el debate público, difundidas por iniciativas individuales y redes no estructuradas. Al mismo tiempo, las condiciones que en el pasado habían hecho posible el activismo organizado han desaparecido, y difícilmente los grandes medios volverán a movilizarse en apoyo de movimientos coordinados, ya sean feministas o cívicos. La fragmentación y el aislamiento ya no parecen transitorios, sino el marco estable dentro del cual se mueve hoy el compromiso independiente, cada vez más expuesto a la represión.

Para las jóvenes mujeres que hoy aspiran a hacer periodismo en China, el contexto es radicalmente diferente al que encontró Li Sipan al comienzo de su carrera. Las oportunidades que ofrecen las redacciones tradicionales se han reducido drásticamente, mientras que los espacios alternativos online siguen expuestos a una presión constante. Pero la supervivencia de voces femeninas independientes, por muy fragmentadas y precarias que sean, indica que el impulso por contar historias y dar visibilidad a perspectivas marginadas no se ha agotado. Incluso en un ambiente tan restrictivo, observó Li Sipan en su entrevista al China Media Project, el idealismo y el sentido de justicia siguen encontrando formas, aunque sea limitadas, de expresión y de intervención.

 

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