30/06/2026, 17.16
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Los armenios se oponen al uso del genocidio como «arma» en la guerra entre Netanyahu y Erdogan

de Dario Salvi

En los últimos días, el Gobierno israelí ha aprobado una medida para el reconocimiento formal; ahora le toca al Parlamento la votación final. Críticas de Turquía y Azerbaiyán. Para los armenios, se trata de una maniobra política que se inscribe en el contexto de las tensiones y los conflictos actuales. Kegham Balian, de «Save The ArQ», habla de un «insulto a la memoria» de los 1,5 millones de personas asesinadas por el Imperio otomano.

Milán (AsiaNews) - Un «insulto a la memoria» de los aproximadamente 1,5 millones de armenios asesinados por el Imperio otomano y que hoy, más de un siglo después del genocidio, se utilizan como «moneda de cambio» para avivar las tensiones con Turquía y alimentar la ira de sus dirigentes. El escritor, ceramista y director de comunicación de «Save The ArQ», Kegham Balian, destacado representante de la comunidad armenia de Jerusalén, lanza un ataque frontal contra el Gobierno israelí y las altas esferas del Estado judío. Miembro destacado del movimiento en defensa del barrio armenio de la ciudad santa, se ha volcado en numerosas luchas por los derechos de los cristianos y en defensa de sus propiedades, como ocurrió en el prolongado asunto relativo al llamado «Jardín de las Vacas» (Goveroun Bardez). «En 2020, durante la Guerra de los 44 Días, Israel, junto a Turquía —recuerda el activista en su perfil de X—, proporcionó a Azerbaiyán información de inteligencia y armamento de última generación. Esto provocó la muerte de 5.000 soldados armenios y culminó en la limpieza étnica de Artsaj (Nagorno-Karabaj) y en el éxodo masivo de 150.000 armenios de su patria milenaria, con dos mil años de historia». Por eso, advierte, «no permitiremos que el sufrimiento de nuestro pueblo se utilice con fines de politización bélica».

Israel y el genocidio (armenio)

El pasado 28 de junio, el Gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu aprobó por unanimidad un proyecto de ley destinado al reconocimiento formal del genocidio armenio, remitiendo la medida —presentada por el ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar— a la Knesset para su votación final. «Nunca es demasiado tarde para hacer lo correcto», afirmó el responsable de la diplomacia israelí tras la votación, calificando el reconocimiento del genocidio armenio de «un deber tanto moral como histórico». A continuación, condenó los intentos de negar o tergiversar la documentación al respecto. En caso de que el Parlamento lo apruebe, el reconocimiento oficial pondrá fin a décadas de silencio y desinterés sobre la cuestión, debido también a las relaciones estratégicas —al menos en el pasado— con Turquía y Azerbaiyán.

La cuestión se ha debatido en Israel durante años, y algunos diputados, miembros del Gobierno y comisiones parlamentarias han expresado un tímido apoyo al reconocimiento. Un grupo relativamente minoritario de políticos, académicos e intelectuales israelíes ha defendido durante mucho tiempo que el país tenía la obligación moral de dar un paso hacia el reconocimiento. Sin embargo, hasta ahora ningún Gobierno había aprobado una propuesta oficial en este sentido que implicara también a parte de las instituciones estatales. Por el contrario, Turquía sigue negando que los asesinatos masivos sistemáticos, las deportaciones y la persecución de los armenios del Imperio Otomano constituyan un «genocidio». Un término acuñado en 1944 por el abogado judío polaco Raphael Lemkin, quien citó la cuestión de la masacre como uno de los acontecimientos determinantes que le llevaron a desarrollar el concepto.

Entre quienes se han esforzado por lograr un verdadero reconocimiento, más allá de las decisiones motivadas por la conveniencia o la contingencia política, se encuentra Israel Charny, fundador del Instituto de Jerusalén sobre el Holocausto y el Genocidio, quien ha criticado enérgicamente la política pública oficial calificándola de forma de «negación». En 2001 reprendió públicamente al entonces ministro de Asuntos Exteriores israelí, Shimon Peres, por referirse a los trágicos acontecimientos de 1915 como «acusaciones armenias», añadiendo que no constituían un genocidio y que no debían compararse con el Holocausto. En 2000, Yair Auron, otro de los principales estudiosos, publicó el libro «The Banality of Denial», en el que analizó la negativa de los gobiernos israelíes a reconocer el genocidio para preservar las relaciones con Turquía. Desde hace más de 20 años se ha intentado (en vano) en la Knesset reconocer el genocidio armenio, con el partido de izquierda Meretz desempeñando un papel destacado. A partir de 2008, el entonces líder Haim Oron logró incluir por primera vez la cuestión en el orden del día de la comisión, pero años de audiencias no han dado ningún resultado. En 2016, su sucesora, Zehava Galon, recordó que «año tras año, damos falsas esperanzas a quienes aquí se han reunido». En esa ocasión, la Comisión de Educación aprobó un reconocimiento no vinculante del genocidio, aunque la medida no fue asumida por todos los miembros de la Knesset.

El frente turco-azero

Desde el inicio de la guerra en Gaza en 2023 y a raíz de las reiteradas acusaciones de Turquía de que Israel está cometiendo un genocidio en la Franja, algunos funcionarios israelíes han recurrido cada vez más a la cuestión armenia para atacar a Ankara y a su Gobierno. Ya en enero de 2024, después de que el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, declarara que el país estaba presentando pruebas legales en apoyo de la demanda por genocidio interpuesta por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Israel Katz, respondió dando la vuelta a la tortilla. Acusando a Turquía de hipocresía por ser «un país responsable del genocidio armenio en el pasado», atacó duramente a su rival turco: «Recordemos a los armenios, a los kurdos. Tu historia habla por sí sola».

No obstante, para los armenios, este repentino cambio en la retórica de los ministros y altos funcionarios del Estado judío parece más bien una maniobra política marcada por el cinismo y el interés personal, más que una verdadera toma de conciencia. A este respecto, el activista armenio de Jerusalén Setrag Balian, cofundador del movimiento SaveTheArQ, que aboga por la conservación del barrio, afirma que Israel simplemente está esgrimiendo el genocidio armenio contra Turquía en respuesta a sus acusaciones de genocidio israelí en Gaza.

Entre quienes han criticado la decisión «interesada» de los dirigentes israelíes se encuentra también Azerbaiyán, que en los últimos años ha forjado una profunda alianza con las altas esferas del Estado judío, y que ha hablado de una «distorsión de los hechos históricos» por parte del Gobierno de Netanyahu. Bakú, que mantiene estrechas relaciones con Israel y ha combatido en varias ocasiones con la vecina Armenia, sobre todo por el control de Nagorno-Karabaj, ha adoptado una postura similar a la de Ankara. «La decisión del Gobierno israelí sobre el llamado “genocidio armenio” es motivo de grave preocupación», ha subrayado el Ministerio de Asuntos Exteriores azerbaiyano. «La distorsión de los hechos históricos —continúa la declaración— que rodean los acontecimientos de 1915 y la reducción de una compleja cuestión histórica a una decisión política sin una base jurídica o académica sólida son inaceptables». En conclusión, el Gobierno azerbaiyano advierte de que «estas acciones no contribuyen a la reconciliación ni al entendimiento mutuo. Por el contrario, agravan las divisiones existentes y socavan los esfuerzos por alcanzar una paz y una estabilidad duraderas en la región. Instamos al Gobierno israelí a que reconsidere esta decisión».

Los armenios: abusos y violaciones

En el triángulo formado por Israel, Turquía y Azerbaiyán, lo único que queda es el pueblo armenio en Tierra Santa y en su patria, y el Gobierno de Ereván ha acogido con silencio y frialdad —por decirlo suavemente— la medida del Estado judío. En estas últimas horas, el primer ministro Nikol Pashinyan ha afirmado que no siente la necesidad de responder a la decisión israelí ni a las reacciones de los países de la región, y ha añadido que no pretende «convertir el genocidio en un arma política» porque no redunda «en interés de la nación».  Los cristianos armenios de Tierra Santa, por su parte, recuerdan la larga lista de persecuciones y violaciones de la libertad religiosa que han caracterizado la vida reciente de la comunidad, con una escalada de ataques confirmada también por las cifras. El líder de la comunidad armenia de Jerusalén, Hagop Djernazian, también ha recordado que Israel «tuvo la oportunidad de reconocer el genocidio armenio por razones morales, pero perdió esa oportunidad».

Según el Religious Freedom Data Center, es evidente un aumento de la intolerancia, con un centenar de incidentes registrados solo en los primeros seis meses de este año y un recuento total que superará los 181 casos de 2025. Los incidentes incluyen escupitajos, insultos, vandalismo, profanaciones de tumbas y pintadas, y se concentran en la Ciudad Vieja de Jerusalén, cerca del Monte Sión y junto al patriarcado armenio. Hoy en día, el barrio armenio es el más pequeño de los cuatro y abarca aproximadamente el 14 % de la superficie total. Situado en la esquina suroeste de las murallas de la Ciudad Vieja, se accede a él a través de la Puerta de Sión (Bab al-Nabi Dahoud) y la Puerta de Jaffa (Bab al-Khalil). Entre los casos más emblemáticos de violaciones de los últimos años se encuentra el asunto relacionado con el llamado «Jardín de las Vacas», una zona propiedad del patriarcado que se ha visto envuelta en un intento de expropiación en favor de un asentamiento de colonos. Analistas y expertos subrayan que también los armenios viven bajo la ocupación israelí y deben hacer frente a una lucha crucial por la supervivencia, debida no solo a fanáticos judíos, sino también a las decisiones de clérigos corruptos que anteponen sus propios intereses al futuro de la comunidad. 

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