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FILIPINAS
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Mons. Bagaforo: 'La coincidencia de la Cuaresma y el Ramadán es una gracia: creados para vivir juntos'

de Santosh Digal

Este año el comienzo del tiempo fuerte para católicos y musulmanes cae en las mismas horas el 18 de febrero. El obispo filipino invita al diálogo interreligioso: "Caminar juntos en la fe". Una oportunidad para "convertir el corazón y moldear las acciones" cumpliendo los "deberes sagrados" que tienen en común: cuidar al prójimo, el ambiente y la paz.

 

Manila (AsiaNews) - Este año la Cuaresma de la Iglesia católica y el Ramadán, el mes sagrado del Islam, comenzarán muy probablemente al mismo tiempo el 18 de febrero, porque el calendario musulmán y el cristiano coinciden. El obispo Jose Colin Bagaforo, presidente de la Comisión para el Diálogo Interreligioso de la Conferencia Episcopal Católica de Filipinas (CBCP), considera que esta coincidencia ofrece una oportunidad de solidaridad y reflexión dentro del diversificado panorama religioso del país.

“Este comienzo compartido es una gracia. Nos invita a detenernos, a volver a Dios y a caminar juntos en la fe”, afirmó. El prelado reflexiona que esta simultaneidad de la fecha es una oportunidad única para vivir un tiempo de gracia en el diálogo interreligioso; ofrece un contexto simbólico para los continuos esfuerzos de construcción de la paz en Mindanao y en toda Filipinas, y pone de relieve los valores compartidos de la entrega de la vida y la devoción al Dios misericordioso.

Mons. Bagaforo, obispo de la diócesis de Kidapawan, afirmó que será un tiempo de paz en el que cristianos y musulmanes pueden caminar juntos en la fe para la búsqueda del bien común, la solidaridad y la armonía. “El Ramadán y la Cuaresma nos recuerdan que la fe debe transformar el corazón y dar forma a nuestras acciones”, afirmó el pastor filipino. “El ayuno abre nuestros ojos al sufrimiento y aumenta nuestra compasión”.

El Obispo destacó la importancia de trabajar en colaboración y alentó a ambas comunidades a ir más allá de los ritos y a trabajar juntas en los “deberes sagrados”, como el cuidado de las personas más vulnerables, proteger el ambiente y educar para la paz.

El 18 de febrero, miércoles de Ceniza, marca para los católicos el comienzo de un tiempo de 40 días de oración, ayuno y arrepentimiento que conduce al domingo de Pascua, el 5 de abril. En Filipinas hay cerca de 85 millones de católicos distribuidos en 87 diócesis. La Cuaresma prepara a los católicos para la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, poniendo especial atención en la autodisciplina, la caridad, la oración y el ayuno.

Por otro lado, se espera que el Ramadán comience el 18 o el 19 de febrero, según el avistamiento oficial de la luna creciente. El país tiene siete millones de musulmanes. La mayoría de los cuales residen en Mindanao, al sur de Filipinas, la ciudad, que durante décadas ha sido una zona de conflicto debido a las divisiones históricas, sociopolíticas, culturales y religiosas. El Ramadán conmemora la primera revelación del Corán y conlleva la abstinencia de comida, bebida e intimidad desde el amanecer (Suhoor) hasta el atardecer (Iftar). El tiempo de Ramadán culmina con la celebración del Eid al-Fitr.

“En estos días sagrados, musulmanes y cristianos entran en un tiempo de oración, ayuno, arrepentimiento y generosidad. Orientamos nuestros corazones hacia el Misericordioso. Aprendemos nuevamente a mirarnos como hermanos y hermanas. Nuestros textos sagrados nos invitan a la paz: ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz’ (Mt 5,9). Y Dios ‘invita a todos a la Morada de la Paz’ (Corán 10,25). En un mundo marcado por la violencia y la división, este tiempo nos llama no solo a rezar por la paz, sino a vivirla y a trabajar por ella”, afirmó el obispo.

El prelado añadió que el Ramadán y la Cuaresma recuerdan que la fe debe transformar el corazón y plasmar las acciones. “El ayuno nos abre los ojos al sufrimiento y aumenta nuestra compasión”, dijo. “El amor a Dios se demuestra en el amor al prójimo, especialmente a los pobres y marginados”. Esa atención al prójimo fue propuesta tanto por Jesús como por el profeta Mahoma, “el cual enseñaba que los mejores de nosotros son aquellos que hacen el bien a los demás”, señaló el obispo.

Ambas tradiciones religiosas enseñan también que la tierra es un bien sagrado. Citando al Papa Francisco en la encíclica Laudato Si’, los obispos afirmaron que el clamor de la tierra y el clamor de los pobres son la misma cosa. El Corán enseña que a la humanidad se le ha confiado el papel de khalifa, custodio de la Creación de Dios. “Cuando los bosques son destruidos, las aguas envenenadas y la tierra abusada, se destruye la paz. Cuidar de nuestra casa común es, por tanto, un trabajo esencial para construir la paz”, añadió.

Con respecto a la fraternidad humana y a la amistad, Mons. Bagaforo continuó diciendo: “Hemos sido creados para vivir juntos, no unos contra otros. Nadie debe ser excluido. Nadie debe ser dejado atrás. Esta visión de fraternidad resuena profundamente tanto en el Ramadán como en la Cuaresma. La paz crece allí donde se practica el respeto mutuo, donde el diálogo sustituye a la sospecha y donde la solidaridad se convierte en un estilo de vida”.

El Alay Kapwa, la ofrenda cuaresmal cuyo nombre significa “ofrenda al prójimo", encarna este espíritu de fraternidad en Filipinas. “No es simplemente un acto de caridad, sino una forma de ver al otro como kapwa, alguien que comparte nuestra humanidad y nuestro futuro. A través del Alay Kapwa la oración se convierte en servicio y el sacrificio se convierte en esperanza para las comunidades afectadas por pobreza, conflictos, desastres y daños ecológicos”, explicó el obispo.

El obispo también afirmó - inspirándose en el mensaje de León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, titulado “Hacia una paz desarmada y desarmante” - que la verdadera paz no se construye con las armas o con el miedo, sino a través de la confianza, la justicia, el diálogo y la responsabilidad compartida. Por lo tanto, la paz debe ser paciente, inclusiva y vivida. Por eso invitó a la comunidad cristiana y musulmana, a los organismos de diálogo interreligioso y a los miembros de la sociedad civil a rezar juntos y a trabajar juntos.

“Cuidemos a los pobres. Protejamos la Creación. Eduquemos para la paz. Respondamos juntos a las heridas de nuestro mundo. Estos son deberes sagrados. Estas son obras de paz”, dijo. “Que esta observancia compartida del Ramadán y de la Cuaresma se convierta en una oración viva. Una oración expresada a través del ayuno y la generosidad. Una oración vivida a través de la fraternidad, la compasión y el cuidado de nuestra casa común”.

 

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