08/06/2026, 17.43
ESPAÑA-VATICANO
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Papa: 'Si se oscurece la defensa de la vida, los más vulnerables son las primeras víctimas'

León XIV en su discurso ante el parlamento de Madrid: "Les invito a alzar, pues, la mirada: no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso". En el país donde la Escuela de Salamanca teorizó por primera vez el valor universal de la dignidad humana, el Papa llamó a salvaguardar este principio desde la concepción hasta el fin natural de la vida, pero también ante los desafíos que plantean hoy las nuevas tecnologías, las migraciones y el retorno de los conflictos.

 

Madrid (AsiaNews) – En su discurso ante el Parlamento español, reunido para la ocasión en sesión conjunta, el papa León XIV invitó esta mañana a la política a “alzar la mirada”. “No para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír”. Explicó que “la altura de miras consiste precisamente en mirar con más hondura aquello que está en juego en cada decisión pública” y que por eso, “junto a las respuestas técnicas y las reformas legales”, la política hoy también necesita una “renovación moral”.

El pontífice dirigió a los políticos españoles un discurso de amplio alcance. Tras reunirse a primera hora de la mañana en la nunciatura con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, León XIV fue recibido en el Palacio de las Cortes por los presidentes del Congreso y del Senado, Francina Armengol y Pedro Rollán. Describió su presencia como un gesto de cercanía a España y una contribución al debate público orientado al bien común, y recordó que la Iglesia “camina con la humanidad”, compartiendo sus esperanzas y sus sufrimientos, y que su intervención en la vida pública se realiza con pleno respeto a la autonomía de las instituciones democráticas.

León XIV planteó una pregunta fundamental: ¿qué idea de persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad contribuyen estas a construir? Invitó a buscar una respuesta rica y profunda en la propia historia de España, fruto del encuentro entre fe, razón, derecho y cultura. Citando al gran escritor Miguel de Cervantes, recordó que “la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”, mientras que el legado de pensadores como Miguel de Unamuno testimonia la conciencia de que el ser humano es algo más que una pieza del orden social, económico o político.

Un pasaje central del discurso estuvo dedicado a la Escuela de Salamanca y al pensamiento de Francisco de Vitoria. El Papa recordó que, ante los desafíos del descubrimiento del 'Nuevo Mundo', algunos teólogos y juristas españoles afirmaron el valor universal de la dignidad humana y los límites morales del poder. De aquella reflexión —recordó— nació la intuición de una comunidad humana universal, el totus orbis, fundada en el reconocimiento de los derechos y deberes de cada persona. Aunque luego —admitió— “la sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura” de esas intuiciones.

Al referirse a los desafíos contemporáneos, León XIV volvió a señalar los avances tecnológicos y la inteligencia artificial como los nuevos mundos de hoy que requieren discernimiento ético. La tecnología, observó, no es neutral, sino que refleja las intenciones de quien la diseña y la utiliza. Por ello, es necesario interrogarse constantemente sobre el papel de la persona, la dignidad del trabajo, la solidaridad y el bien común. En este contexto, el papa reiteró el principio según el cual “toda sociedad verdaderamente justa se funda en el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana”, que precede a cualquier decisión del Estado y no puede depender de las mayorías del momento.

Con respecto a la defensa de cada vida humana, León XIV se preguntó: “¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás? La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.

Un amplio espacio en el discurso del Papa estuvo dedicado a la familia, a la que definió como fundamento natural de la comunidad y “primera escuela de humanidad”, y a la educación, que debe ayudar a los jóvenes a buscar la verdad y a desarrollar el sentido crítico, respetando el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. Sobre el tema de las migraciones, el Papa recordó que millones de personas se ven obligadas a dejar su tierra a causa de las guerras, la pobreza y las crisis climáticas. “Esta realidad —dijo— rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica”. Reclamó políticas que pongan en el centro a la persona, ofreciendo vías legales y seguras de entrada, una acogida digna y oportunidades reales de integración, sin olvidar el derecho de cada uno a poder permanecer en su propia patria.

La parte final del discurso estuvo dedicada a la paz: en un mundo marcado por los conflictos, la polarización y la desconfianza, el pontífice afirmó que la paz requiere diálogo, respeto mutuo e instituciones capaces de favorecer el encuentro. Expresó su preocupación por el retorno de la carrera armamentística, observando que “las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”. Invitó a los representantes políticos a “desarmar el lenguaje”, evitando que el debate democrático degenere en una hostilidad permanente.

León XIV defendió, por último, la libertad religiosa y de conciencia como pilares de una sociedad democrática, y concluyó exhortando a España a custodiar sus propias raíces culturales y espirituales, para seguir siendo una tierra de diálogo, solidaridad y esperanza.

 

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