29/09/2021, 14.07
VATICANO
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Papa: somos pecadores, pero Jesús con su muerte nos hizo 'justos' y 'santos'

Francisco en la audiencia general: "¿Qué se esconde detrás de la palabra 'justificación', que es tan decisiva para la fe? No es fácil llegar a una definición exhaustiva, pero en el conjunto del pensamiento de san Pablo podemos decir que sencillamente la justificación es la consecuencia de la 'misericordia de Dios que ofrece el perdón' (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1990). Este es nuestro Dios, que es bueno y perdona continuamente”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Somos pecadores pero "santos", porque Jesucristo nos ha "justificado". Eso significa que "tenemos nuestros pecados personales, pero ante Dios somos justos". El tema de la justificación, una cuestión que históricamente divide a judíos y cristianos y, entre ellos, a católicos y protestantes, fue abordado hoy por el Papa Francisco a la luz de la Carta a los Gálatas, a la que desde hace tiempo dedica su catequesis en la audiencia general de los miércoles.

“En nuestro recorrido para comprender mejor las enseñanzas de San Pablo - dijo a las ocho mil personas reunidas en el aula Pablo VI - nos encontramos hoy con un tema difícil pero importante, el de la justificación”. Lo que nos ha hecho justos. Nosotros tenemos nuestros pecados personales, pero ante Dios somos justos. Se ha discutido mucho sobre este tema, para encontrar la interpretación más coherente con el pensamiento del apóstol y, como suele suceder, también se ha llegado a posiciones contrapuestas. En la Carta a los Gálatas, a igual que en la Carta a los Romanos, Pablo insiste en que la justificación viene de la fe en Cristo”.

"¿Qué se esconde detrás de la palabra 'justificación', que es tan decisiva para la fe? No es fácil llegar a una definición exhaustiva, pero en el conjunto del pensamiento de san Pablo podemos decir sencillamente que la justificación es la consecuencia de la «iniciativa misericordiosa de Dios que otorga el perdón» (Catecismo de la Iglesia Católica, n.1990). Y este es nuestro Dios, que es bueno y continuamente da el perdón".

“La justificación que Dios realiza - reiteró - nos permite recuperar la inocencia perdida con el pecado”. La justificación es un proceso de cambio: "nosotros, de pecadores, nos hemos convertido en justos", "en la base somos justos". “‘¡Pero yo soy justo porque cumplo todos los mandamientos!’. Sí pero de ahí no te viene la justificación, te viene antes: alguien te ha justificado, alguien te ha hecho justo delante de Dios. “¡Sí, pero soy pecador!”. Sí eres justo y pecador, pero en la base eres justo. ¿Quién te ha hecho justo? Jesucristo. Esta es la justificación". “De hecho Dios, a través de la muerte de Jesús —y esto debemos subrayarlo: a través de la muerte de Jesús— ha destruido el pecado y nos ha donado de forma definitiva el perdón y la salvación. Así justificados, los pecadores son acogidos por Dios y reconciliados con Él. Es como un regreso a la relación original entre el Creador y la criatura, antes de que interviniera la desobediencia del pecado”.

Antes de conocer a Jesús, “Pablo había sido un hombre orgulloso, religioso y celoso, convencido de que la justicia consistía en la escrupulosa observancia de los preceptos. Pero ahora ha sido conquistado por Cristo y la fe en Él lo ha transformado profundamente. Eso le ha permitido descubrir una verdad que hasta aquel momento estaba oculta: no somos nosotros con nuestros esfuerzos los que nos hacemos justos, no somos nosotros, sino que es Cristo con su gracia el que nos hace justos”. “La justificación por la fe subraya la prioridad de la gracia, que Dios ofrece a todos los que creen en su Hijo sin distinción alguna. Sin embargo, no debemos concluir que para Pablo la ley mosaica ya no tiene ningún valor. Por el contrario, ella sigue siendo un don irrevocable de Dios y también ‘santa’ - afirma el Apóstol - (Rom 7, 12). También para nuestra vida espiritual es esencial cumplir los mandamientos, como hemos dicho varias veces, pero tampoco en esto podemos confiar solo en nuestras fuerzas: la gracia de Dios que recibimos en Cristo es fundamental. De Él recibimos ese amor gratuito que nos permite, a su vez, amar de manera concreta”.

“En este contexto es bueno, asimismo, recordar la enseñanza que viene del apóstol Santiago, quien dice: “El hombre es justificado por las obras y no solo por la fe. […] Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, de la misma manera la fe sin obras está muerta” (St 2, 24:26). Si la justificación no florece en nuestras obras,  estará ahí, bajo tierra, como muerta. Está, pero nosotros debemos realizarla con nuestras obras. De esa manera las palabras de Santiago completan la enseñanza de Pablo. Para ambos, por lo tanto, la respuesta de la fe exige ser activos en el amor a Dios y en el amor al prójimo. La justificación nos inserta en la larga historia de la salvación, que muestra la justicia de Dios: ante nuestras continuas caídas y nuestras insuficiencias, Él no se ha resignado, sino que ha querido hacernos justos y lo ha hecho por gracia, a través del don de Jesucristo, de su muerte y resurrección. El estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura”.

“Solo por gracia: nosotros hemos sido justificados por pura gracia. ‘¿Pero yo no puedo, como hacen algunos, acudir al juez y pagar para que me de justicia?’. No, en esto no se puede pagar, ha pagado uno por todos nosotros: Cristo. Y de Cristo que ha muerto por nosotros viene esa gracia que el Padre da a todos: la justificación se produce por gracia”.

“De esa manera, la luz de la fe nos permite reconocer cuán infinita es la misericordia de Dios, la gracia que obra para nuestro bien. Pero la misma luz también nos hace ver la responsabilidad que se nos ha confiado de colaborar con Dios en su obra de salvación. La fuerza de la gracia debe combinarse con nuestras obras de misericordia, que estamos llamados a vivir para dar testimonio de lo grande que es el amor de Dios".

Al terminar, cuando se dirigió a los fieles franceses, el Papa dijo: "En este día en que celebramos la fiesta de los Arcángeles, le pido a San Miguel, protector de Francia, que vele por vuestra nación, la proteja en la fidelidad a sus raíces y conduzca vuestro pueblo por los caminos de una unidad y una solidaridad cada vez más grandes”.

 

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