21/11/2019, 12.33
VATICANO-TAILANDIA
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El Papa en Tailandia: Un país ejemplar en su hospitalidad hacia los migrantes

“Que la comunidad internacional actúe con responsabilidad y previsión” para “resolver los problemas que llevan a este éxodo trágico”. Libertad, diálogo, fraternidad y protección de los niños fueron los demás temas tocados por Papa Francisco en la jornada de Tailandia dedicada al encuentro con las autoridades políticas, civiles y religiosas del país, y también con el personal sanitario y los enfermos de un hospital católico.

Bangkok (AsiaNews) – Libertad, diálogo, fraternidad y también, la ayuda a los migrantes y la protección de los niños. Son muchos los temas que el Papa Francisco ha tocado en la jornada de hoy en Tailandia, dedicada al encuentro con las autoridades políticas, civiles y religiosas del país, y con el personal médico y los enfermos de un hospital católico. 

En todos estos encuentros, el espíritu de hospitalidad del pueblo tailandés fue un aspecto muy subrayado por Francisco. La jornada comenzó a las 9 de la mañana (2:00 am GTM) en la Casa de Gobierno de Bangkok, donde se realizó la ceremonia de bienvenida. El Papa fue recibido por el Primer ministro de Tailandia, el Gral. Prayuth Chan-ocha, con quien tuvo un coloquio en privado, y luego se encontró con las autoridades políticas y religiosas, representantes de la sociedad civil y miembros del cuerpo diplomático de Tailandia. 

Destacó la tradición de hospitalidad que caracteriza al país, un tema en el cual también hizo hincapié en el encuentro posterior, con el Patriarca budista. Dirigiéndose a él,, Francisco dijo que “hoy, los problemas que nuestro mundo enfrenta son, de hecho, problemas globales; abarcan a toda la familia humana y exigen desarrollar un firme compromiso con la justicia internacional y la solidaridad entre los pueblos”. “Como nación multicultural y caracterizada por la diversidad – agregó -, Tailandia reconoce, desde hace tiempo, la importancia de construir la armonía y la coexistencia pacífica entre sus numerosos grupos étnicos, mostrando respeto y aprecio por las diferentes culturas, grupos religiosos, pensamientos e ideas. La época actual está marcada por la globalización, considerada con demasiada frecuencia en términos estrictamente económico-financieros y proclive a cancelar las notas esenciales que configuran y gestan la belleza y el alma de nuestros pueblos; en cambio, la experiencia concreta de una unidad que respete y albergue las diferencias sirve de inspiración y estímulo a todos aquellos que se preocupan por el tipo de mundo que deseamos legar a las generaciones futuras”.

“Esta tierra – prosiguió - tiene como nombre “libertad”. Sabemos que esta sólo es posible si somos capaces de sentirnos corresponsables unos de otros y superar cualquier forma de desigualdad. Es necesario entonces trabajar para que las personas y las comunidades puedan tener acceso a la educación, a un trabajo digno, a la asistencia sanitaria, y de este modo alcanzar los mínimos indispensables de sustentabilidad que posibiliten un desarrollo humano integral. A este respecto, quiero detenerme brevemente en los movimientos de migración, que son uno de los signos característicos de nuestro tiempo. No tanto por la movilidad en sí, sino por las condiciones en que esta se desarrolla, lo que representa uno de los principales problemas morales que enfrenta nuestra generación”.

Luego de elogiar la ayuda ofrecida por Tailandia a los migrantes y refugiados, el Papa renovó su deseo de que “la comunidad internacional actúe con responsabilidad y previsión” para “resolver los problemas que llevan a este éxodo trágico”  y promueva una migración segura, ordenada y regulada. Ojalá que cada nación elabore mecanismos efectivos a fin de proteger la dignidad y los derechos de los migrantes y refugiados que enfrentan peligros, incertidumbres y explotación en la búsqueda de libertad y una vida digna para sus familias. No se trata sólo de migrantes, se trata también del rostro que queremos plasmar en nuestras sociedades.Y, en este sentido, pienso en todas aquellas mujeres y niños de nuestro tiempo que son particularmente vulnerados, violentados y expuestos a toda forma de explotación, esclavitud, violencia y abuso. Manifiesto mi reconocimiento al gobierno tailandés por sus esfuerzos para extirpar este flagelo, así como a todas aquellas personas y organizaciones que trabajan incansablemente para erradicar este mal y ofrecer un camino de dignidad”.

Recordando, por último, que este año se celebra el 30 aniversario de la Convención de Derechos del Niño, Francisco invitó a “a reflexionar y a trabajar con decisión, constancia y celeridad en la necesidad de proteger el bienestar de nuestros niños, su desarrollo social e intelectual, el acceso a la educación, así como su crecimiento físico, psicológico y espiritual”.

El diálogo y la hospitalidad también fueron los temas distintivos del siguiente encuentro de Francisco, con el Patriarca supremo de los budistas, Somdet Phra Ariyavongsagatanana IX, en el Wat Ratchabophit Sathit Maha Simaram Temple, lugar adonde llegó a las 10, hora local (3 GMT).

Luego de un breve coloquio en privado, durante el cual reafirmó el valor de la fraternidad entre las dos religiones, para favorecer la paz, Francisco se despidió del Patriarca diciendo : “Nuestro encuentro se inscribe dentro de ese camino de valoración y reconocimiento mutuo comenzado por nuestros predecesores”, comenzado por “el Patriarca Supremo, Somdej Phra Wanarat (Pun Punnasiri), junto con un grupo de importantes monjes budistas, visitó al Papa Pablo VI en el Vaticano, lo cual representó un hito muy importante en el desarrollo del diálogo entre nuestras dos tradiciones religiosas; diálogo cultivado que permitió realizar, posteriormente, al Papa Juan Pablo II una visita en este Templo al Patriarca Supremo, Su Santidad Somdej Phra Ariyavongsagatanana (Vasana Vasano)”.

“Cuando tenemos la oportunidad de reconocernos y valorarnos, incluso desde nuestras diferencias (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 250), ofrecemos al mundo una palabra de esperanza capaz de animar y sostener” a los que resultan cada vez más “perjudicados por la división”. Estas ocasiones, prosiguió, nos recuerdan cuán importante es que “las religiones se presenten “como faros de esperanza” siendo las “promotoras y garantes de fraternidad”. En este sentido, doy las gracias a este pueblo porque, desde la llegada del cristianismo a Tailandia, hace unos cuatro siglos y medio, los católicos, aun siendo un grupo minoritario, han disfrutado de la libertad en la práctica religiosa y durante muchos años han vivido en armonía con sus hermanos y hermanas budistas.”.

“En este camino de la mutua confianza y fraternidad, deseo reiterar mi personal compromiso y el de toda la Iglesia por el fortalecimiento del diálogo abierto y respetuoso al servicio de la paz y del bienestar de este pueblo”.

Por su parte, el Patriarca, al tomar la palabra, habló con total espontaneidad, y expresó su aprecio por la actitud de la Iglesia Católica, que ha venido para ayudar, y no para conquistar. Francisco respondió que para los católicos, el proselitismo “está prohibido”. “Si somos hermanos - agregó - podemos colaborar con la paz mundial”, y ayudar a los pobres y a los que sufren, “porque ayudar a los pobres siempre es un camino de bendición”. 

Tras dejar el Wat Ratchabophit Sathit Maha Simaram Temple, a las 10:50 horas locales (3:50 GMT), el Papa se dirigió al St. Louis Hospital de Bangkok.

Al saludar al personal sanitario y a los enfermos, Francisco destacó el valor cristiano de la caridad. “En el ejercicio de la caridad, es donde los cristianos somos llamados no sólo a transparentar nuestro ser discípulos misioneros, sino también a confrontar nuestro seguimiento y el de nuestras Instituciones”.

“Todos sabemos que la enfermedad siempre trae consigo grandes interrogantes. Nuestra primera reacción” puede ser rebelarnos, “y hasta vivir momentos de desconcierto y desolación. Es el grito de dolor y está bien que así sea: el mismo “Jesús lo sufrió” y lo tuvo. Con la oración queremos unirnos también nosotros al suyo. Al unirnos a Jesús en su pasión descubrimos la fuerza de su cercanía a nuestra fragilidad y a nuestras heridas. Se trata de una invitación a aferrarnos fuertemente a su vida y entrega. Si a veces sentimos en el interior “el pan de la adversidad y el agua de la aflicción”, recemos también para poder encontrar en una mano tendida, la ayuda necesaria para descubrir el consuelo que viene del “Señor que no se esconde” (cfr Is 30,20), y que está cerca, acompañándonos.

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