Irak: con el nuevo presidente, nuevos equilibrios entre Bagdad y Erbil
Tras semanas de estancamiento, se produce el nombramiento de Nizar Mohammed Saeed Amidi como presidente de la República. El politólogo Saad Salloum declara a AsiaNews: una elección que refleja la «fragmentación kurda» y una mayor centralización del poder. Para el experto iraquí, «pragmatismo, continuidad institucional y gestión de conflictos» serán las líneas maestras de su mandato de cuatro años.
Milán (AsiaNews) - La «erosión» del mecanismo del «consenso kurdo sobre la presidencia» y el «papel cada vez más importante» de las instituciones federales «a la hora de arbitrar la competencia política en Erbil. Esto lo convierte tanto en un producto de la fragmentación kurda como en un símbolo de una resolución de las controversias kurdas más centrada en Bagdad». Así lo destaca para AsiaNews Saad Salloum, periodista y profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de al-Mustanṣiriyya de Bagdad, una de las más prestigiosas de la capital, al comentar la elección, tras un «largo estancamiento», de Nizar Amidi como presidente de la República. Un nombramiento que ha pasado desapercibido en el panorama de Oriente Medio, caracterizado por la guerra entre Estados Unidos (e Israel) e Irán y las derivas regionales, empezando por el Líbano, pero que reviste gran importancia para los equilibrios entre los distintos actores. Sobre todo en Bagdad, encrucijada y reflejo de las tensiones —y de los intereses contrapuestos— entre Washington y Teherán.
El nuevo presidente, Nizar Mohammed Saeed Amidi, ha trabajado durante casi 20 años entre bastidores de la escena política nacional, desbloqueando estancamientos constitucionales, crisis políticas y el delicado equilibrio entre Bagdad y el Kurdistán, en el norte. Miembro de la Unión Patriótica del Kurdistán, se aseguró 227 votos en la segunda vuelta de las elecciones a mediados de abril, superando a su rival Muthanna Amin, que solo obtuvo 15 votos. Durante años, Amidi ha sido uno de los principales asesores constitucionales, trabajando junto a sus predecesores Jalal Talabani, Fuad Masum y Barham Salih entre 2005 y 2022. Nacido el 6 de febrero de 1968 en Amedi, en la provincia de Dohuk, estudió ingeniería mecánica en la Universidad de Mosul antes de iniciar una carrera política repartida entre Bagdad y la región kurda, emergiendo como una figura de enlace entre el centro y la periferia. Amidi, que habla con fluidez árabe y kurdo y es padre de cuatro hijos, es considerado a menudo como un mediador político capaz de dialogar con los centros de poder rivales de Irak. Según Salloum, «pragmatismo, continuidad institucional y gestión de conflictos» serán las líneas maestras de su mandato de cuatro años.
A continuación, la entrevista completa del experto iraquí a AsiaNews:
Profesor Salloum, ¿qué puede contarnos sobre el nuevo presidente?
Desde un punto de vista académico, Nizar Amidi debe considerarse una figura interna del sistema: alguien que ha hecho carrera dentro de las instituciones estatales iraquíes, más que alguien que haya surgido como líder político carismático o con un amplio apoyo popular. Su nombramiento refleja la forma en que el sistema iraquí posterior a 2003 suele resolver los bloqueos políticos mediante negociaciones entre las élites, sin recurrir a un amplio consenso. Su elección se produjo tras un prolongado estancamiento, que afectó en particular a las facciones kurdas rivales [PUK y KDP], y puso de manifiesto un cambio en la forma de tomar decisiones: de los tradicionales acuerdos intra-kurdos a un resultado parlamentario más centrado en Bagdad. Esto señala un cambio sutil, pero importante, en el equilibrio entre el centro federal y la región del Kurdistán. En este sentido, su presidencia supone una prueba en dos niveles: si Irak puede pasar de una política guiada por las crisis a una gobernanza institucional más estable, y si una figura interna como Amidi podrá equilibrar eficazmente las divisiones ante las crecientes presiones regionales.
¿Qué impacto tendrá en la vida institucional del país, en una etapa convulsa no solo para Irak, sino para todo Oriente Medio?
El impacto potencial de Nizar Amidi en la vida institucional y política de Irak será probablemente gradual, no supondrá una revolución. Como figura interna del sistema, su principal influencia podría residir en la estabilización de los procesos institucionales, contribuyendo a gestionar las negociaciones entre las élites, reducir los bloqueos políticos y mantener la continuidad dentro del Estado en una fase de turbulencias regionales. En momentos de crisis, figuras de este tipo tienden a actuar menos como impulsores de programas y más como mediadores entre actores políticos que compiten entre sí. Al mismo tiempo, el contexto regional más amplio —caracterizado por tensiones crecientes en todo Oriente Medio— limita el alcance de la acción de cualquier presidente iraquí. Su papel se centrará probablemente en equilibrar las presiones externas, en particular entre actores regionales e internacionales, evitando que se intensifique la fragmentación interna. En este sentido, su impacto dependerá menos de reformas audaces y más de su capacidad para contener las crisis, preservar la coherencia institucional y recalibrar con discreción las relaciones entre Bagdad y los actores clave a nivel nacional y regional.
¿Cómo se sitúa la figura de Nizar Amidi en el panorama político kurdo?
Es una figura de consenso por necesidad, más que un líder de un partido dominante. A diferencia de los candidatos tradicionales, respaldados firmemente por uno de los principales partidos kurdos, su perfil refleja un compromiso surgido de las divisiones internas del mundo kurdo. Su nominación vino determinada por una serie de acontecimientos: un prolongado estancamiento entre los principales partidos kurdos —en particular, el Partido Democrático del Kurdistán y la Unión Patriótica del Kurdistán— que impidió alcanzar un acuerdo sobre un candidato único. A medida que el estancamiento se agravaba, el proceso electoral se trasladó a Bagdad, donde las dinámicas parlamentarias —y las alianzas fuera del bloque kurdo— determinaron finalmente el resultado. En este sentido, su ascenso refleja dos dinámicas paralelas: en primer lugar, la erosión del mecanismo tradicional de consenso kurdo sobre la presidencia; en segundo lugar, el papel creciente de las instituciones federales a la hora de arbitrar la competencia política kurda. Esto lo convierte tanto en un producto de la fragmentación kurda como en un símbolo de una resolución de las controversias kurdas más centrada en Bagdad.
¿Cuáles serán las directrices y prioridades en el desempeño de su mandato?
Es probable que las directrices que adopte Nizar Amidi se basen en el pragmatismo, la continuidad institucional y la gestión de conflictos más que en la transformación ideológica. Su principal prioridad será probablemente estabilizar el sistema político, reduciendo los bloqueos, facilitando la cooperación entre los actores clave y garantizando el funcionamiento regular de las instituciones estatales. Dadas las circunstancias de su nombramiento, también se espera que haga hincapié en la mediación, en particular en la gestión de las tensiones entre Bagdad y la Región del Kurdistán, así como entre los bloques políticos rivales. Otra prioridad esencial será hacer frente a las turbulencias regionales.
¿Podrá ejercer una influencia real en un contexto regional marcado por guerras y tensiones enfrentadas?
En un contexto de gran inestabilidad en Oriente Medio, probablemente tratará de preservar el relativo equilibrio de Irak evitando alinearse con un único eje, al tiempo que mantiene relaciones de trabajo con socios tanto regionales como internacionales. En general, su enfoque debería centrarse en una gobernanza progresiva y gradual: contener las crisis, reforzar la coherencia institucional y promover ajustes graduales, más que la búsqueda de reformas ambiciosas o disruptivas.
Prof. Salloum, una vez concluidas las elecciones, se abre la partida del Gobierno a partir del nombramiento del primer ministro: fuentes del Marco de Coordinación afirman en estos momentos que el cargo podría recaer en Bassem al-Badry. ¿Qué desarrollos prevé?
La fase postelectoral en Irak no se caracteriza tanto por un mandato electoral decisivo como por largas negociaciones de coalición entre bloques políticos rivales. Dado que Nizar Amidi debería desempeñar un papel constitucional en la designación del primer ministro, el verdadero centro del poder se desplazará hacia las negociaciones entre las facciones parlamentarias, y no hacia un único actor institucional. En la práctica, la elección del presidente suele estar condicionada por el candidato capaz de obtener el mayor consenso transversal entre los partidos. En consecuencia, lo más probable es que no surja un ejecutivo fuerte y unificado, sino un acuerdo sobre el primer ministro basado en el consenso.
¿Duda entonces de que se llegue a un ejecutivo sólido y capaz de garantizar la estabilidad del país en medio de la tormenta?
Este tipo de gobiernos en Irak tienden a ser intrínsecamente frágiles, ya que se basan en el reparto del poder entre bloques rivales más que en una mayoría de gobierno coherente. Dicho esto, en el contexto iraquí, la «estabilidad» a menudo no se consigue mediante una autoridad centralizada fuerte, sino a través de un compromiso institucional cuidadosamente equilibrado. La cuestión clave, por tanto, no es si surgirá un ejecutivo fuerte, sino si el próximo primer ministro logrará mantener un acuerdo suficiente entre las fuerzas políticas fragmentadas para evitar la parálisis institucional durante un periodo de incertidumbre regional.
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