09/02/2026, 15.31
TAILANDIA
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Elecciones en Bangkok: con el 'factor Anutin' gana la vía nacionalista

de Steve Suwannarat

Desmintiendo las previsiones, el Bhumjaithai Party encabeza los consensos con un amplio margen: el primer ministro saliente Anutin Charnvirakul, empresario populista fortalecido por el conflicto con Camboya, ha recogido votos incluso en los bastiones del Pheu Thai. Derrotados los reformistas del People's Party, que no han logrado ir más allá del voto de los jóvenes y de la clase media urbana. De todos modos, con la victoria del sí en el referéndum, se enmendará la Constitución impuesta por los militares.

 

Bangkok (AsiaNews) – El resultado de las elecciones de ayer en Tailandia ha sido una victoria totalmente inesperada y sin embargo muy clara del Bhumjaithai Party, encabezado por su líder y primer ministro saliente Anutin Charnvirakul. Según los datos aún no oficiales de la Comisión Electoral, habría obtenido 193 de los 500 escaños de la Cámara de Representantes, y su aliado más probable, el Klatham Party, otros 58, allanando así el camino para un gobierno de coalición.

El People’s Party, favorito en las encuestas preelectorales y referente del electorado progresista desde hace años, quedó reducido a 118 escaños, pero imposibilitado para gobernar por creativos cambios de alianzas o por iniciativas de la Comisión Electoral o del Poder Judicial. El último de los partidos mayores, el Pheu Thai, estrechamente vinculado a las fluctuantes vicisitudes de la familia del ex primer ministro Thaksin Shinawatra, habría obtenido 74 escaños. Los partidos derrotados han aceptado el resultado, pero se ha pedido a la Comisión Electoral un nuevo recuento de votos.

En el referéndum que se celebró simultáneamente con las elecciones para la Asamblea Nacional y referido a modificaciones sustanciales de la Constitución vigente —impuesta por los militares en 2017— triunfó el “sí” y, por tanto, la renovada Cámara de Representantes comenzará el proceso de revisión.

Los análisis convergen en tres aspectos que en cierto modo se corresponden con los diferentes resultados de los principales partidos. El primero es el “factor Anutin”, es decir, el carisma personal de un empresario de la construcción, varias veces ministro, y primer ministro saliente, que ha sido capaz de convencer a los electores de su decisión de afrontar y resolver los numerosos problemas que Tailandia está enfrentando sin ponerse en contra de las élites y de la tradición de patronato que tanto influye en la sociedad tailandesa. Defensor de una política a la vez populista y conservadora, él se define a sí mismo como nacionalista, y esta impronta será central en sus políticas, pero deberá abordar de inmediato la resolución de la compleja disputa fronteriza con Camboya, alimentada por las respectivas reivindicaciones históricas e identitarias.

El segundo punto es la incapacidad que ha demostrado el People’s Party para superar el rol de portavoz de las demandas de estudiantes, jóvenes y clase media urbana, menos influenciados por la tradición política y social y que consideran el cambio - incluyendo una revisión de la relación de la monarquía con el país - como una necesidad para sacar a Tailandia del estancamiento económico y cultural en el que se encuentra. Ese es el origen del continuo asedio de las élites tradicionales, de las fuerzas armadas y de los grupos empresariales, que ha adoptado diversas modalidades, incluso represivas, y ha obligado al propio partido a múltiple “reencarnaciones”, poniendo en duda, en última instancia, sus posibilidades reales de gobierno.

El tercero es la crisis del Pheu Thai, erosionado por un liderazgo ineficaz y por las sucesivas reencarnaciones bajo diferentes nombres desde que fue fundado en 2007 como Thai Rak Thai por el empresario Thaksin Shinawatra, quien ganó todas las elecciones desde entonces hasta el golpe de Estado de 2014. Posteriormente quedó en segundo lugar en las elecciones de 2019, que ganó el partido pro-militar, y en las de 2023 recuperó, bajo la guía de la hija de Thaksin, Paetongtarn Shinawatra, el control del gobierno, desplazando precisamente al People’s Party (entonces bajo el nombre de Move Forward) en coalición con el Bhumjaithai Party. Obligado a salir de escena en septiembre del año pasado, y a dejar exclusivamente en manos del Bhumjaithai la transición hacia las elecciones, el partido pagó ayer la crisis de credibilidad por la constante asociación con la dinastía Shinawatra, que a su vez ha sufrido el enfrentamiento ideológico y de intereses con la monarquía y con los militares. Pero también ha perdido apoyo en las clases menos favorecidas del norte y del este del país, que tradicionalmente eran la base electoral del Pheu Thai y en parte han votado por el Bhumjaithai.

Hacen falta al menos dos semanas para que se determinen los 100 escaños de la cuota proporcional que podrían dar mayor estabilidad a la coalición surgida de las urnas. La Comisión Electoral deberá certificar luego el resultado de la votación y publicar los resultados oficiales en un plazo de 60 días y, dentro de los 15 días siguientes (es decir, antes del 24 de abril), deberá ser convocado el nuevo Parlamento para elegir al presidente y vicepresidente. Posteriormente, el nuevo jefe de gobierno —con toda probabilidad nuevamente Anutin— deberá obtener la aprobación de la mitad más uno de los parlamentarios.

 

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