Mientras Hezbolá sigue arrastrando a todo el Líbano a su «batalla final» con Israel, dividiendo a la política y a la sociedad, las aldeas cristianas del sur se aferran a su tierra. Más del 20 % de la población total del país se encuentra ya desplazada. Mientras se registran enfrentamientos directos entre los milicianos del partido proiraní y el ejército israelí en Khyam, continúan los contactos «exploratorios» para alcanzar una solución diplomática entre el País de los Cedros y el Estado judío.
La cena interreligiosa, promovida en los últimos días del Ramadán —que este año coincide con la Cuaresma— por la Comisión para el Diálogo de la archidiócesis. Asistieron representantes de las distintas comunidades y políticos locales. «Este no es el momento de luchar ni de hacernos daño unos a otros: todos condenamos la violencia y rezamos unos por otros».
Gran parte de los presos políticos que salieron de prisión y fueron expulsados del país a finales de 2025 aún no han recuperado su pasaporte de manos de las autoridades de Minsk. Se encuentran en un limbo jurídico, ya que siguen siendo ciudadanos bielorrusos pero no pueden obtener nuevos documentos. Su denuncia: «Lukashenko ha hecho un gesto meramente superficial».
La Fabc, el Celam y el Secam —las federaciones continentales de las conferencias episcopales— han suscrito un documento que también es un compromiso común, en el que exhortan a los gobiernos de todo el mundo a adoptar un “tratado de no proliferación”. Caritas Internacional subraya que el papel de la mujer es crucial para hacer frente al cambio climático.
Nuevos ataques aéreos pakistaníes en la capital afgana han alcanzado un centro de rehabilitación para toxicómanos, causando centenares de víctimas según Kabul, mientras que Islamabad niega haber atacado a civiles. Esta escalada forma parte de la “guerra abierta” lanzada por Pakistán contra los talibanes, a quienes acusa de apoyar a grupos terroristas. La India condenó el ataque, mientras que China sigue llamando a la moderación.
Mientras los ojos del mundo están concentrados en el tránsito de los barcos por el estrecho de Ormuz, hay otro "recurso económico" fundamental que la guerra está poniendo gravemente en riesgo: el trabajo de casi 40 millones de trabajadores extranjeros que en muchas metrópolis locales constituyen la mayoría de la población. Una crisis prolongada, con una oleada masiva de regresos, tendría consecuencias graves tanto para otros países árabes como para los países de origen en el sur y sudeste de Asia.